Ciclismo

El show de Pogacar

Tercera victoria de etapa del esloveno en la cima de Luz Ardiden, donde no concedió ni un metro a un valiente Enric Mas que lo intentó hasta el final

El ciclista esloveno Tadej Pogacar, líder de la clasificación general, celebra su victoria en la decimoctava etapa del Tour de Francia, entre Pau y Luz Ardiden
El ciclista esloveno Tadej Pogacar, líder de la clasificación general, celebra su victoria en la decimoctava etapa del Tour de Francia, entre Pau y Luz ArdidenGUILLAUME HORCAJUELOEFE

Cuando Tadej Pogacar baja un piñón en los últimos 500 metros que le quedan a la montaña de este Tour, en Luz Ardiden, Enric Mas ya sabe que está perdido. El mallorquín, tan roto el miércoles en el Portet, se ha recompuesto y ha atacado sacando la rabia para dejar un sello que le cambie este sabor tan amargo en la boca con el que va a acabar el domingo en París un Tour de Francia al que venía con aspiraciones de podio pero que de, momento, y pinta que definitivo, tendrá que conformarse con un sexto puesto.

Al menos para resarcirse él mismo y levantarse de ese hundimiento del Portet, Mas ataca a 800 metros, quiere la cima de Luz Ardiden, la cumbre de los españoles –ocho veces meta aquí y cinco victorias para el ciclismo nacional. Pero ahora las montañas son de Tadej Pogacar. Bueno, las montañas, la contrarreloj y todo, mejor dicho. El planeta ciclista en general. El niño maravilla, el maillot amarillo más despiadado y hambriento de los últimos años se levanta sobre su bici y sus muslos aún sin esculpir, baja un piñón y no hay opción para el resto. «Se ha visto que podía venir a por mí y pasarme», decía el del Movistar.

Y sucede eso, lo inevitable. Pogacar, de momento lo quiere todo para él. Es el dueño y señor, el auténtico patrón de este Tour de Francia, y no hace concesiones. Él no es Miguel Indurain y su caballerosidad cuando el dominio que ejercía el navarro era tan tremendo como el del esloveno ahora. No, al menos de momento. Y eso lo paga Enric Mas, que se queda sin victoria de etapa por esa voracidad de Pogacar. «Es normal, el equipo ha hecho un trabajo por él todos los días y es lógico que quiera darles esa recompensa», entiende el mallorquín del Movistar Team. «Al margen del amarillo, cuantas más etapas pueda ganar, mejor para él y para el equipo», reconocía con tono de resignación.

El hundimiento de Urán, al que le cae encima un mundo ya desde el Tourmalet, da acceso a Mas a la sexta posición en la general, pero eso no le contenta. «Veníamos buscando el podio, así que satisfecho no estoy», zanja. Ahí, en las rampas del mítico ascenso al Tourmalet se fraguó la fuga que soñó con la etapa. Alaphilippe, Omar Fraile, Ion Izagirre, Pierre Latour, Kenny Elissonde... Nombres escaladores para las últimas montañas del Tour.

El Ineos de Carapaz no les dejó tomar el vuelo y puso el ecuatoriano a sus mejores naves a trabajar. Y entre ellos, el irreemplazable Castroviejo, un día más controlando la carrera hasta que Pogacar actuó como el dueño de la carrera que es. Demarró, se llevó a Vingegaard a la espalda como cada día y también a Carapaz. Por ahí aguantaba, ayer sí, Enric Mas. Dejó su impronta como pudo y como todos cayó en las garras de Pogacar, que todo lo quiere para él. Tres etapas, amarillo desde la primera semana y ahora incluso líder de la montaña. «Adoro escalar y esta victoria es muy bonita para mí».

Al esloveno sólo le queda la crono de mañana para coronarse por segunda vez consecutiva rey del Tour de Francia. «Me siento un 50% ganador del Tour, quedan tres días pero pinta bien».