Ciclismo

Un campesino en el Tour

«Me ha sorprendido que no atacaran los otros»
«Me ha sorprendido que no atacaran los otros»

«Casi muero al poco de nacer» ¿Se lo imaginan? Lo que hubiera perdido el ciclismo. «Por la enfermedad de los difuntos», cuenta Nairo Quintana, «cuando fallece alguien hay que tener lejos a los bebés. Si no, se contagian esta enfermedad. Eso me pasó a mí. Murió un vecino y uno de sus familiares vino a la tienda de mis padres a comprar víveres. Tocó a mi madre, que estaba a punto de dar a luz. Nací y enfermé». Es de piel morena Nairo Quintana, y duro, por eso sobrevivió. Por eso y porque tenía que ayudar a sus padres con la venta de verduras. Entre semana, en la tienda de Cómbita y los sábados y domingos, por los pueblos de alrededor. Todo por sacar la familia adelante, por alimentar a las siete bocas de casa, sus dos hermanos, otras dos hermanas y los padres. Hasta condujo un taxi de noche para ganar algo más de plata.

La bici... quién iba a pensar en ella. Le tocó a Nairo por fuerza. Sus padres habían bajado hasta Arcabuco en varias ocasiones para suplicar a la escuela que les rebajara las tarifas. No les daba para la educación de sus hijos y mucho menos para el transporte. Puestos a recortar gastos, había una bicicleta vieja tirada por casa propiedad del padre, un viejo hierro «que pesaba un demonio». Se la dieron a Nairo, pues las chicas «por ser chicas tenían que ir en bus, y mis hermanos eran más pequeños». Con ello ganó Nairo, ahorró la familia, y venció el ciclismo, al que ahora tiene seducido con sus ataques en los Pirineos. «Mi padre se quedó inválido» ,–el campo, qué duro es para la espalda y el cuerpo–, «eso me enseñó. En casa siempre hemos vivido con poco, pero si hubiera tenido de todo ahora no estaría aquí». Seguro, pues con aquella bicicleta cada mañana tenía que bajar hasta la escuela. 16 kilómetros que por la tarde había que escalar, allá donde los coches suben en tercera y en varios tramos pisan embrague para bajar a segunda. Y eso con un hierro que quería ser Mountain Bike y la mochila a cuestas. Una tarde se cruzó con varios profesionales que se entrenaban por allí y se unió a ellos para subir hasta casa. Apenas dos, de la decena que comenzó la escalada, consiguieron seguirle el ritmo.

Así empezó a hacerse ciclista. Hasta que, al llegar a Bachillerato, sus padres no pudieron seguir costeando sus estudios. Su única salida era el Ejército, un sueldo asegurado. La bicicleta le enamoró tanto que se armó de valor para pedir a su padre que le comprara una mejor para probar a ser ciclista. Lo hizo, con una de semicarreras, con el cambio de acero y en el cuadro. Pesaba la mitad que su antigua MTB, así que le fue sencillo soltar a todos en montaña. Y ahora sigue siendo igual. A su padre ya ha conseguido jubilarlo mientras vuela por las montañas para seducir a su primer Tour. Al ciclismo ya lo tiene enamorado.

«Me ha sorprendido que no atacaran los otros»

Atacó cuatro veces Nairo Quintana en la última ascensión, la Hourquette d'Ancizan. Nadie le dio continuidad. «He estado pensando un poco si los otros equipos querían hacer difícil la carrera a Froome o están convencidos con lo que tienen. Me ha sorprendido», confesaba en meta. Pocos hay en el pelotón con tanto empuje como él. El ciclismo de ataque. «Pero soy aún joven, no sé si las fuerzas me van a alcanzar las tres semanas. Por ahora lo probaré un poco». «Hemos visto que al Sky lo podemos desbaratar, ésa es la idea que teníamos, pero Froome se defiende bien solo. Queríamos lanzar después el esprint con Alejandro, pero no ha sido posible. El sábado castigué las piernas y los ataques no eran igual de fuertes».