Ciclismo

El inexplicable final de Supermán López

Champoussin gana una etapa indescifrable. Los favoritos se miraban mientras el francés pedaleaba para el triunfo. El colombiano se bajó de la bicicleta al ver perdido el podio.

Clement Champoussin celebra su triunfo en el castro de Herville
Clement Champoussin celebra su triunfo en el castro de Herville FOTO: Manuel Bruque EFE

Si los guionistas de «El día menos pensado», el documental que narra las vivencias del equipo Movistar durante la temporada, hubieran escrito un guion como el de la etapa que acababa en Mos hubiera sido descartado por poco verosímil. Nadie se creería que Supermán López, el hombre que voló sobre la cima del Gamoniteiru, se bajaría de la bicicleta después de ver que el podio lo tenía perdido. Rendido, derrotado.

Se le bloqueó la cabeza y se le pararon las piernas. Ni Patxi Vila, su director, ni Imanol Erviti, la referencia del equipo en la carretera, consiguieron convencerlo de que siguiera dando pedales. Se bajó y se metió en uno de los coches de equipo mientras hablaba por teléfono.

La cabeza tiene un funcionamiento complejo. No tenía lesiones ni había sufrido ninguna caída. El dolor, la frustración de perder lo que querías ganado, pueden llevar a la ansiedad, a una parálisis mental que conduce al bloqueo, a cualquier lugar inesperado e inexplicable para cualquiera que esté fuera de la cabeza que lo sufre. Puede ser una también una rabieta, un signo de inmadurez, pero difícilmente se puede explicar una reacción así por un simple capricho. Puede ser cualquier cosa la que lleve a esa reacción inexplicable, a la huida prematura, a un abandono como el de Supermán López.

Una reacción tan difícil de explicar que ni siquiera Enric Mas, que viajaba por delante, parecía saberlo. «¿Se ha caído?», preguntó inmediatamente después de explicar por qué no había dado continuidad a su último ataque. «No podía tirar para no meter tiempo a Miguel Ángel detrás». Pero Miguel Ángel no estaba.

Se había quedado en el puerto de primera, el de Mougás, a falta de más de sesenta kilómetros para la llegada. No pudo resistir los ataques del Ineos. Primero probó Bernal, sin éxito. Después, Yates. Y con él se fueron Roglic, Mas, Jack Haig y sun compañero Gino Mader.

Mader marcó el ritmo para que Haig pudiera distanciar a Miguel Ángel López. Entre ellos estaba el podio y el trabajo del suizo hizo que Supermán cada vez quedara más lejos. Hasta que dimitió. Primero se dejó ir, con el grupo en el que viajaba paralizado mientras la desventaja seguía aumentando. Después se animó con la llegada de su compañero José Joaquín Rojas, pero el esfuerzo del murciano duró poco. Y cuando se apagó, la cabeza de Miguel Ángel López también se quedó a oscuras. Y se fue aunque a su lado había corredores de la importancia de Egan Bernal, tan dolido como él por no tener un lugar en el podio, Supermán se fue.

Es un corredor volcánico el colombiano. Capaz de abofetear a un espectador que le había tirado de la bicicleta en el Giro de 2019. O de llamar a sus ahora compañeros en Movistar «los mismos estúpidos de siempre» después de que se aprovecharan de una caída de favoritos para ponerse a tirar. «Vaya campeón del mundo que tenemos», añadía en referencia a Alejandro Valverde. Ahora se marcha de la Vuelta sin explicación.

Inexplicable era lo que sucedía por detrás e inexplicable lo que sucedía por delante. El grupo del líder fue devorando poco a poco a los fugados hasta que sólo quedaba Gibbons. Les costó atraparlo. Nadie asumió la responsabilidad y cuando lo tenían a la vista lo volvían a dejar marchar. Todos esperaban que se ocupara Roglic, que para eso es el «jefe» de la carrera, pero el esloveno ya se había asegurado el maillot rojo y tres victorias de etapa. Alcanzaron a Gibbons, pero el ritmo era tan cansino y la desconfianza tan elevada que permitieron que algunos de los fugados se volvieran a enganchar a la lucha por la etapa. Entre ellos el francés Clement Champoussin, que encontró su oportunidad entre la pasividad de los favoritos.

Enric Mas lo probó, pero giró la cabeza hacia atrás casi antes de dar la primera pedalada para el ataque. El gesto de Champoussin estaba entre el éxtasis y la incredulidad cuando se acercaba a la meta. La etapa más dura de la Vuelta se había resuelto con un final tan inexplicable como todo su desarrollo, que quizá sólo pueda explicar un documental.