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El Sevilla, eliminado de Europa (4-3)

  • El centrocampista español del Sevilla Roque Mesa durante el partido contra el Slavia Praga / Efe
    El centrocampista español del Sevilla Roque Mesa durante el partido contra el Slavia Praga / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

14 de marzo de 2019. 23:43h

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Lucas Haurie 14/3/2019

Vergüenza. El Sevilla abdicó de su trono de la Liga Europa con una lamentable derrota en Praga, donde el Slavia, con todo merecimiento, le dio la vuelta a la eliminatoria en una prórroga en la que se adelantó pero, horrible en el manejo, encajó dos tantos que lo mandan a la cuneta. No hay ningún motivo para que Pablo Machín siga. Tras él, las dimisiones deberán caer en cascada.

El inicio del Sevilla, en realidad toda la primera parte hasta el obsequio checo en la jugada del 1-1, fue una catástrofe. En realidad, nada nuevo, sino mera continuidad de lo ofrecido en Vigo, Villarreal o Huesca,por no remontarnos más atrás. El mismo recital de voleones sin rumbo, los mismos centrales acochinados en tablas cuando, por desgracia, volvía a estar disponoble Kjaer y Machín lo alineaba de nuevo... Siete futbolistas sobre diez de campo por debajo del 1,75 de estatura frente a un rival plagado de bigardos. Todos los balones divididos eran praguenses y en el primer córner, Skoda se irguió en el segundo palo para recentrar hacia Ngadeu, que marcó a placer. La actitud de los defensores visitantes, una broma pesada.

Sólo Banega, con poco acierto pero mucha dignidad, intentó replicar para un Sevilla que entreveía una puerta abierta por el costado de Promes, que se imponía recurrentemente a su par. Un disparo del argentino era todo el bagaje ofensivo del Sevilla cuando el descanso se aproximaba pero el holandés persiguió un balón suelto en el 44 y se antipicó al portero, que lo arrolló en claro penalti transformado por Ben Yedder. Lo mejor al descanso, con mucha diferencia, era el resultado.

Navas, despistado como un pulpo en una gasolinera, devolvió la gentileza a los quince segundos del segundo tiempo, cuando permitió que le tomasen la espalda e hizo un penalti tonto que Soucek metió por la escuadra. La respuesta de Munir para igualar la eliminatoria fue fulminante, una volea excelsa desde treinta metros que entró como un misil y que dibujaba un nuevo escenario, ya que obligaba al Slavia, por primera vez en toda la noche, a exponer algo. En esa media hora final, el Sevilla apenas tuvo, no obstante, una ocasión. A la salida de una falta lateral, Sergi Gómez tocó en el segundo palo para que Ben Yedder, muy tapado, cabecease sin fuerza, lo que facilitó la parada de Kolar.

Muy inseguro atrás, a medida que los noventa minutos se extinguían los sevillistas iban acumulando miedo a encajar el gol que los eliminase, así que ambos conjuntos, pareció, firmaron las tablas para irse al tiempo extra, que pudo empezar de manera trágica porque Banega desvió un córner hacia la meta de Vaclik, que detuvo sobre la línea. Sin embargo, el Slavia parecía noqueado por el esfuerzo y ya no apretaba tanto en las marcas, lo que permitió que Promes recibiese un balón muy suelto en el lateral del área y centrase al punto de penalti, donde irrumpió Franco Vázquez para marcar el tercero con un excelente giro de cuello. Empeñado en complicarse, la defensa sevillista concedió en empate enseguida, permitió que Van Buren controlase en el área y cruzase su disparo a la red. La pasividad de Kjaer en la jugada fue insultante.

Con veinte minutos por delante, a un gol de la eliminación y esa terrible debilidad defensiva que padece, el panorama era feo. Sobre todo, porque los centrocampistas del Sevilla eran incapaces de retener el balón ni diez segundos. Con su fútbol rudimentario, el Slavia lograba llegar a las inmediaciones de Vaclik y en cualquier momento podía desatarse el drama, que fue justo lo que ocurrió en el último minuto, cuando Traoré resolvió una melé que acabó con Kjaer dentro de la portería enredado con el balón. Un desastre total.

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