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El campeón no necesita ganar

Ardy Rodríguez retiene el campeonato de España del peso supergallo tras un combate nulo contra Sebastián Látigo Pérez.

  • Ardy Rodríguez, en una foto de archivo en el gimansio donde entrena
    Ardy Rodríguez, en una foto de archivo en el gimansio donde entrena
Torrelodones.

Tiempo de lectura 2 min.

17 de marzo de 2018. 01:35h

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Torrelodones. 17/3/2018

“Que no te coma la distancia”, se escuchaba desde la esquina de Jero García. Se trataba de que Ardy Rodríguez, el campeón, aprovechara la diferencia de envergadura, sus brazos más largos, para mantener el control sobre la pelea. Sebastián “Látigo” Pérez, el aspirante, más musculado pero más pequeño, necesitaba acercarse para que llegaran sus golpes y romper la guardia. Y ahí debían llegar los puños de Ardy, más comedido y más prudente que en sus anteriores disputas del campeonato de España. Incluso en el primer asalto parecía dispuesto a protegerse la cara con los guantes.

En seguida entendió el juego. El combate tenía una dirección, justo la que dejaba la derecha, la mano fuerte de su adversario, fuera de combate. Y hacia ahí orientó toda su estrategia, que redondeó con una cintura que dejaba los golpes de su contrincante persiguiendo moscas.

Sebastián Pérez, que ha vivido el boxeo desde pequeño -su padre es su entrenador- buscaba esta oportunidad desde hace tiempo. Llegaba invicto y salió como un toro dispuesto a alzarse con el cinturón de campeón de España. Pero Ardy en seguida impuso sus reglas. Más ágil, más rápido, con buen fondo físico, supo sacar provecho de esa abstracción que es la confianza y la prudencia, un valor que en ocasiones parece estar reñido con su propia personalidad.

“Dos manos”, le gritaban desde la esquina. Pero Ardy no escucha, su boxeo es fruto de la inspiración y de la anarquía. Aunque parece que poco a poco le va añadiendo alguna regla que le ayuda a contener su ímpetu. Los consejos de Jero desde el rincón le ayudaban a sostener a su rival a los metros convenientes para que los guantes jamás le alcanzaran las mejillas. No quería que se precipitara, que el juego corriera del otro lado. Quería que arriesgara el aspirante, el que estaba obligado a hacerlo. Las puntuaciones de los jueces en la mitad de la pelea reflejaban un ligero desequilibrio a favor de Ardy, pero se fueron acercando con el paso de los asaltos. Tanto, que el combate acabó siendo nulo, aunque la mayoría del público no pensaba así. Algo que dejó ver con claridad con ligeros abucheos. Más de uno sostenía que la pelea se había decantado por Ardy de manera clara. Pero era el boxeador de casa. Y sigue reteniendo el título, pero con una diferencia respecto a ocasiones anteriores. Ardy ha madurado, empieza a conocer lo que es el control.

En el combate anterior, Carlos López consiguió el cinturón de campeón de Madrid de los semipesados por KO técnico, ante Gonzalo Romero. Por la misma vía se impuso Miriam Gutiérrez a la serbia Ksenija Medic en un combate que no llegó a consumir el primer asalto. La superioridad de la española era evidente. “He ido suave”, comentaba Miriam tras la pelea. La serbia y el árbitro no pensaban lo mismo.

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