Europa

Moscú

El mito y la niña

Vladimir Putin felicita a Pluschenko (L) y a Yulia Lipnitskaya
Vladimir Putin felicita a Pluschenko (L) y a Yulia Lipnitskayalarazon

Primero como Unión Soviética y después como Rusia, el país había dominado con mano de hierro la historia del patinaje artístico. Sin embargo, de unos años a esta parte sufría una lenta decadencia. Sirva el dato de sólo un oro de 16 posibles en los cuatro últimos mundiales. Esa decadencia terminó oficialmente ayer, y lo hizo por todo lo alto, con el pabellón a reventar y entregado, incluido el presidente Putin. No faltaban motivos. La selección anfitriona ganó el oro olímpico en la prueba por equipos. El patinaje ruso ha vuelto para quedarse.

Dos nombres propios deja este triunfo. El primero, la leyenda Eugeni Pluschenko, quizá el más grande de la historia de este deporte, al que muchos daban por acabado a sus 31 años y tras un rosario de lesiones, pero que resucitó para contribuir a la victoria colectiva con un segundo puesto el jueves en el programa corto y un primer puesto ayer en el largo. Su participación en Sochi se convirtió en asunto de Estado en los meses previos, pues ni siquiera consiguió la clasificación en los nacionales y necesitó de una designación directa del Comité Olímpico nacional, en detrimento del patinador que se había ganado su puesto sobre el hielo (Maxim Kovtun).

La apuesta, arriesgada, cobra sentido ahora. Pluschenko es el deportista ruso masculino más célebre del país, más que ningún futbolista, y su sola presencia (más aún a este nivel) supone una inyección de moral para toda la delegación rusa en Sochi. Contribuyeron también al triunfo ruso el dúo Volosozhar y Trankov, vigentes campeones del mundo, que cumplieron los pronósticos firmando la mejor nota en la prueba por parejas.

El otro nombre propio del día, junto a Pluschenko, es el de Yulia Lipnitskaya. Apúntenlo y no lo olviden. Ayer se convirtió en la campeona olímpica más precoz de la historia, con sólo 15 años y 249 días. Natal de Ekaterimburgo, en los montes Urales, y recientemente proclamada campeona de Europa, Lipnitskaya fue ya primera el sábado en el programa corto. Pero lo mejor estaba por llegar. Con música de la banda sonora de «La lista de Schindler», firmó ayer un ejercicio soberbio, un regalo para los sentidos, quizá el momento más memorable de los cuatro primeros días de Juegos Olímpicos. Así lo vieron también los jueces, que lo valoraron con una estratosférica nota de 141 puntos, más de 12 por delante de la segunda clasificada. Hacía muchos años que el patinaje mundial no asistía a una eclosión de este calibre.