«Hay que tener muchas ganas para boxear en España»

El boxeo español intenta sobrevivir a la falta de apoyos y al exceso de prejuicios mientras la afición crece en los gimnasios.

«Los que boxeamos lo hacemos de corazón, no por la retribución ni por el reconocimiento ni por la fama», explica Eric Pambani. «Éste es una máquina», dice de él Alfonso Caro, uno de los compañeros de entrenamiento de Eric en la Escuela de Boxeo. Eric tiene años y un futuro luminoso en el ring, pero como le sucede a la mayoría de boxeadores españoles necesita hacer algo más que boxear para ganarse la vida. «Ser boxeador profesional en España es sólo un nombre. Todos tienen que trabajar. Yo cuando boxeaba tenía que trabajar en los gimnasios; Eric está con su música; Crespo tiene que estar poniendo columpios en los parques. Intentamos amoldar el trabajo y eso nos ha hecho amoldar el trabajo y la preparación física para no quemarlos. No es lo mismo poder preparar a un tío que puede descansar diez horas, que entrena y se va a dormir, que entrenar a un tío que viene de trabajar ocho horas en un parque», cuenta Jero, Jerónimo García, el director y entrenador de la Escuela.

«El que boxea en España lo hace por pasión y porque le encanta este deporte. Si fuese por dinero, no tendríamos boxeadores», cuenta Pambani. «Hay que tener muchas ganas para boxear en España», añade. Las bolsas que se cobran en España están muy lejos de las que han recibido Mayweather y Pacquiao. Un buen boxeador en una buena velada puede llegar a cobrar 2.000 euros, pero no es lo normal. El «sueldo» depende del número de asaltos también. «A cuatro asaltos son 400 y algo, a seis son 800 y va subiendo así un poquito. Pero no es por la pelea, es por la preparación. Lo mismo tú estás preparando un combate dos meses y 800 euros por dos meses de trabajo no es dinero, no está bien pagado», se lamenta Pambani.

Él, de momento, mezcla los guantes con el rap. «Yo tengo dos grandes pasiones en mi vida, que son la música y el boxeo. Intento compaginarlos porque te atrapan y te exigen mucho. Tienes que dedicarles muchas horas. Yo soy rapero, me gusta hacer música “underground”, pero no me encasillo, lo que me gusta es hacer música, no me cierro», explica Eric.

Alfonso Caro es mayor que Pambani. Tiene 28 años y su dedicación al boxeo es plenamente vocacional. No ha dado el paso a profesionales y a estas alturas ve bastante improbable que se produzca. «Sí hago combates, pero porque me divierto, por prepararme, por ver hasta dónde soy capaz de llegar y por diversión», dice. Alfonso trabaja en una empresa de catering y el gimnasio es sólo una afición que cada vez le ocupa más tiempo. «Empecé con 18 años, por sudar, un par de días a la semana; me fui enganchando y ahora vengo todos los días de la semana, si puedo, y todo el tiempo que puedo», cuenta. «El problema es que no hay pasta, no dan las veladas por televisión y no hay dinero. La gente se mata a entrenar, pasa hambre para dar el peso, entrenando todos los días sin perdonar uno para ganar cuatro perras que se gastan en invitar a cañas a los que han ido a verle esa noche, a los colegas y a la familia. No creo que nadie empiece a boxear pensando que se va a ganar la vida con esto. Sería muy iluso. Te tiene que gustar mucho, es sacrificado pero también muy agradecido», explica.

El boxeo en España carga con la fama de marginal que algún día se le colgó, pero es mucho más. «Siempre queda el típico cliché de que el boxeo surge y nace del hambre, pero yo creo que eso es algo que ha pasado a mejor vida», cuenta Jero. «La cultura del boxeo ha cambiado. Ahora no se mira como un deporte en el que hay dos tíos sin camiseta pegándose y ensangrentados. Hay una horquilla que va desde el boxeador profesional hasta el niño que sale mal en las notas y que le tengo yo aquí becado. Ahora mismo hay muy pocos prejuicios de la gente joven. Hay gente de todo tipo, de todo color y de toda clase social. Y te puedes encontrar en el gimnasio desde un actor importante a un mandamás del mercado financiero o el florista del barrio. Y entrenan todos igual», añade. «Lo que te da este deporte yo no lo he encontrado con ningún otro. Descargo toda la tensión, voy más suelto, me da tranquilidad, me consigue relajar, entras de mala hostia y sales nuevo de aquí», reconoce Alfonso Caro.

«El boxeo es un deporte, un deporte más, y tiene muchos valores», cuenta Chema Rodríguez, preparador en el Metropolitano. «No nos vamos a flipar diciendo que es un arte, pero el boxeo es sacrificio, superación, resiliencia, son valores del deporte que van a ayudar al chaval en los estudios o a socializar con los amigos», afirma. «Es un deporte atractivo. Hay mucha hipocresía porque parece que es recomendable jugar al ajedrez o al tenis, pero el boxeo es uno de los deportes menos lesivos. El boxeo bien administrado, desde la base, con protecciones y con profesionales a la cabeza es muy bueno. Hay que entrenar con ciencia desde la base, haciendo atletas por dentro y por fuera, no se trata de que un niño de 16 años saque manos como si fuera un profesional», dice. Y el ejemplo lo tiene en el gimnasio. «Tres años he tenido a un padre mirando desde la puerta y he visto cómo le ha ido cambiando la cara. Ahora viene incluso a las veladas».

El boxeo vive la dualidad de la mala fama que arrastra desde hace años y la afición que se palpa en los gimnasios. Esa base que se va formando y la nueva generación de entrenadores hace que el boxeo español, a pesar de la ruina económica, vaya mejorando su nivel. «Antes ibas a una velada y veías un combate bueno. Ahora ves uno malo. El nivel ha subido mucho», asegura Chema. «El nivel que tenemos en España es comparable a cualquier país del mundo. Hay una cosa muy importante: el boxeador y sobre todo el boxeador español es guerrero. En Estados Unidos dicen que el boxeador español tiene corazón. Ese orgullo patrio se nota. Y cuando salimos fuera se nota. Y nosotros tenemos un nivel en Europa que si tuviéramos promoción de verdad y los chavales pudieran boxear cada mes o cada mes y medio tendríamos dentro de cinco años no un campeón del mundo, tendríamos varios y varios campeones de Europa», dice Jero. Pero quedan argumentos para mantener la fe. «Yo soy optimista, nunca he visto el boxeo como ahora», dice.