Herederos con más fútbol

Ancelotti celebra con alegría un gol de su equipo, que ha igualado las rachas victoriosas del Madrid de Mourinho (arriba) y de Miguel Muñoz (abajo a la izquierda)
Ancelotti celebra con alegría un gol de su equipo, que ha igualado las rachas victoriosas del Madrid de Mourinho (arriba) y de Miguel Muñoz (abajo a la izquierda)

Jugadores del Madrid de 1960, el primero que sumó 15 victorias consecutivas, elogian al equipo actual

«Un día coincidí con Gento en un reportaje en el Bernabéu, no hace mucho. Estábamos esperando para hacernos una foto en el estadio, con ese césped tan cuidado y Paco me dijo: ‘‘Manolín, ¿te imaginas si hubiésemos cogido nosotros esta banda?’’», cuenta Manolín Bueno, futbolista del Real Madrid en la temporada 1960-61, en la que sumó quince victorias consecutivas. Como hace tres años hizo el conjunto que entrenaba Mourinho, y como logró el miércoles el Madrid de Ancelotti. Mañana, en Málaga, puede dejar atrás la marca y ser un equipo histórico del que se hable cuando pasen los años, como ocurre ahora con aquel que entrenaba Miguel Muñoz: «Nunca especulábamos con el resultado, teníamos los mejores jugadores de ataque que había en ese momento y siempre queríamos meter algún gol más», recuerda Manolín.

Es de las crisis de donde nacen los equipos más fuertes. Como si necesitasen un punto de inflexión. El Real Madrid perdió contra la Real Sociedad y contra el Atlético y desde entonces ha ido como un tiro, sin concesiones con los rivales, jugando siempre a ganar, hasta en los partidos que daban igual, como el del miércoles en Basilea. Es como si las derrotas hubiesen dolido tanto que no se pueden volver a permitir. El Real Madrid de Mourinho, que igualó el récord en primer lugar, había sido derrotado en el campo del Levante y había empatado la jornada posterior en casa del Racing de Santander. En el siguiente choque, derrotó 6-2 al Rayo y desde entonces no hizo más que ganar allí por donde pasaba. Para el conjunto de Miguel Muñoz, el trauma nació en una tempranera eliminación en la Copa de Europa contra el Barcelona. Empató en casa y perdió allí. En la siguiente jornada de Liga, en noviembre, el equipo blanco derrotó 7-0 al Oviedo y, sin distracciones europeas, fue un torpedo durante otros catorce partidos. Pasó por el campo del Barcelona y se vengó: «Un cohete llamado Gento», tituló su crónica «La Vanguardia», tras el 3-5 en el marcador final.

«Cada vez que jugábamos, nos decíamos: “Tenemos que seguir aumentando esta racha”», comenta Manolín. Se jugaban menos partidos que en el fútbol moderno y se hacía, además, de un modo bastante distinto: «En esa época –recuerda Pachín–, salíamos al ataque con velocidad y tirábamos cuanto antes a puerta, íbamos directos a buscar el gol». Todo ha cambiado, pero el récord ha permanecido y sigue, por lo menos hasta mañana: «Era un fútbol muy distinto. Ahora los futbolistas se mueven más por todo el campo. Antes si eras extremo izquierdo, eras extremo izquierdo, y si te metías en otra zona, llegaba Puskas y te decía: “Chaval, a tu sitio”», continúa Manolín.

Ese equipo tenía a Alfredo di Stéfano, mientras que tanto el de Mourinho como el de Ancelotti han contado con Cristiano Ronaldo. La voracidad de ambos es idéntica, pese a la distancia en el tiempo y a la diferencia de caracteres. «Con Di Stéfano no podíamos perder», dice Manolín. «Era un futbolista muy rápido y muy técnico. Los demás éramos técnicamente peor a los de ahora. Alfredo, no», cuenta Pachín. En la actualidad, Ronaldo ha marcado en todos los partidos de la racha, menos en el de vuelta en el Bernabéu ante el Liverpool. «Gran parte del mérito es de los jugadores, que están haciendo un comienzo de temporada fantástico», decía Ancelotti. Son futbolistas, además, que quieren ganar jugando bien. Es menos directo que el equipo de «Mou» y que el de hace 50 años. «Ahora –dicen Pachín– tocan mucho la pelota. Nosotros nos divertíamos jugando con el balón, porque no lo teníamos como lo tienen ahora, que está en sus pies todo el día. Nosotros teníamos que ir a robar el balón».

Y tanto Pachín como Manolín o Santamaría ven el fútbol de este Real Madrid que ha igualado su récord y recuerdan cómo jugaban ellos: esos viajes en coche cama, donde las figuras iban en el centro y los «carne y pescado», dice Pachín, se sentaban en los lados, donde no hacían más que botar con cada bache del camino. Y se preguntan que con estas comodidades, con estos campos donde se cuida la hierba, y apenas hay barro o con tantos preparadores físicos, cuando en el pasado sólo estaba Benedicto, tan mayor que se cansaba de dar masajes; en estos tiempos, se preguntan, dónde hubiesen puesto el récord.