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Una mujer trans, favorita en halterofilia femenina: la gran polémica de los Juegos Olímpicos

Laurel Hubbard está en el centro del debate porque en su adolescencia levantaba pesos como hombre. Los atletas debaten si tiene ventaja física o no

La neozelandesa Laurel Hubbard compite el lunes en los Juegos Olímpicos
La neozelandesa Laurel Hubbard compite el lunes en los Juegos Olímpicos FOTO: Paul Childs REUTERS

Hay deportistas que son algo más que deportistas y, aunque no quieran, no se les mide por sus marcas, sino por lo que simbolizan. Le pasa a la neozelandesa Laurel Hubbard que participa el lunes en los Juegos entre una expectación que no se había visto, ni se verá, nunca en una prueba de Halterofilia porque Hubbard representa a todo el mundo trans. Y más en España, donde la Ley que propulsó Irene Montero desde igualdad ha creado mucho debate. «Este momento es increíblemente significativo para la comunidad trans, para nuestra representación en el deporte y para que todas las personas trans y los chicos no binarios se vean a sí mismos y sepan que el deporte es un lugar para ellos», aseguró el marchador Chris Mosier, que en 2020 se convirtió en el primer hombre abiertamente transgénero en competir en unas pruebas olímpicas en Estados Unidos. De lo que haga hoy Hubbard en halterofilia (peso máximo, más de 87 kilos) depende el futuro de los deportistas trans en los Juegos y en el deporte. «Va a ser un día horrible: ganemos, perdamos o empatemos, vamos a recibir mucho odio haga lo que haga», asegura Kirsti Miller, defensora australiana de las personas trans.

Hubbard tiene 43 años, diez más que cualquiera de las participantes de su grupo en Tokio y levantó 285 kilos en clasificación, lo que la convierte en una de las favoritas.

Durante su juventud competía, pero no internacionalmente, como hombre. Levantar pesas, dijo, era un modo de sentirse más hombre: no le sirvió de nada, así que lo dejó cuando sólo tenía 23 años, cuando era imposible seguir mientras intentaba definir su identidad. Con 35 años, y tras seguir un tratamiento hormonal, volvió al deporte, pero esta vez como mujer y con mucho más éxito que el que tenía cuando era un adolescente que no encontraba ni su sitio ni su cuerpo. Ha sido medalla en los campeonatos del mundo femeninos, hoy es una de las favoritas y también, sin duda, en la que se va a fijar todo el mundo. Lo que haga Hubbard va a dar argumentos a una de las dos posturas. A la dos, incluso.

El COI está intentado protegerla y ella no ha hecho declaraciones, sólo ha agradecido al Comité Olimpico «su compromiso de hacer que el deporte sea inclusivo y accesible». No quiere sentirse un símbolo. «No es mi papel ni mi objetivo cambiar la opinión de la gente», dijo hace tiempo. «Esperaría que me apoyaran, pero no me corresponde a mí hacer que lo hagan», aseguró.

«Para decirlo en pocas palabras, el COI tuvo un consenso científico en 2015. No hay normas ni reglamentos del COI sobre la participación de los transexuales. Eso depende de cada federación internacional», asegura el Dr. Richard Budgett, director médico y científico del COI. Según ese consenso, se admite la participación de mujeres transgénero, aunque no hayan sufrido cirugía testicular, siempre y cuando puedan demostrar que sus niveles de testosterona no alcanzan un determinado nivel (10 nanomoles por litro) durante al menos doce meses. El COI se basa en un trabajo de investigación de Joanna Harper, una mujer transexual y corredora aficionada, pero como ella misma reconoce, el estudio es aún limitado.

La duda que se plantea es si tiene ventaja física respecto a sus rivales. Según algunos, la pubertad masculina conserva ventajas significativas en cuanto a potencia y fuerza y se mantiene pese a la medicación. Pero nada es seguro. «Hay un gran desacuerdo en todo el mundo del deporte y fuera de él sobre esta cuestión de la elegibilidad», dice Budgett. «Todo el mundo está de acuerdo en que las mujeres transexuales son mujeres. Pero es una cuestión de elegibilidad para el deporte, y para determinados eventos, y realmente tiene que ser muy específica para el deporte».

«Cuando competía no podía decir lo que pensaba», ha asegurado Tracey Lambrechs, ex levantadora de pesas neozelandesa. «Aquí no hay transfobia», sigue. «Pero también estoy a favor de que las mujeres (nacidas como mujeres) tengan los mismos derechos en el deporte». Asegura que, como en los Juegos sólo puede competir una mujer de cada país por cada categoría de peso, la presencia de Hubbard impide que otras mujeres de su país hayan ido a Tokio.

«Mi mayor temor es que Laurel lo haga muy bien », afirma al «New York Times» Janae Marie Kroc, campeona mundial de culturismo que dejó de competir tras su transición para evitar críticas, «y que entonces se utilice su victoria contra los atletas trans».