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Memorias de un mediocentro

Isco ya jugaba en el centro del campo de alevín, cuando estaba en el Atlético Benamiel de su tierra.

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En marzo, cuando Isco volvió con el Real Madrid a La Rosaleda, era un jugador distinto al que se había ido. Regresó jugando en el centro del campo, junto a Modric y Xabi Alonso. En Málaga le habían visto como media punta o como atacante, tirado a una banda. Allí era un futbolista que tenía al equipo a su espalda, trabajando para él. Cuando fue sustituido, el público coreó su nombre. Hoy Isco, de nuevo, vuelve al campo del Málaga. Y por segunda vez, es un futbolista distinto al que jugó en el equipo andaluz y también al que apareció con el Madrid la pasada temporada: «Está contento de regresar a Málaga y la afición de allí le verá como un jugador más maduro y con más experiencia. Va a mostrar su calidad», decía ayer Ancelotti. Y va a mostrar su talento jugando aún más retrasado, al lado de Kroos, llevando al equipo, manteniendo la posición y robando balones. Fue quien más quitó al rival ante el Eibar y ante el Basilea.

Es un nuevo Isco el que llega a Málaga. O quizá, no tanto: «Conmigo, en el Atlético Benamiel, era mediocentro», asegura su entrenador de alevines Miguel Ángel Avilés. Era fútbol siete, pero tenía maneras de futbolista grande. «En realidad lo compartíamos con el equipo de los infantiles, que eran mayores, pero era tan bueno, que jugaba con ellos. Cuando acababan la temporada y los alevines seguíamos jugando, se venía con nosotros», sigue contando. En el fútbol alevín se sientan las bases, se aprende. Isco, según crecía, fue adelantando su posición en el campo, pero allí empezó a jugar como lo hace ahora en el Madrid. «Y como teníamos un mediocentro que también tenía maneras, a Isco le retrasábamos para que jugase de defensa central. Así podíamos sacar el balón jugado».

A los aficionados del Madrid les está sorprendiendo la capacidad de sacrificio de un futbolista al que adoran por su talento, pero del que no conocían su capacidad para equilibrar a un equipo. «Pero a mí –continúa su entrenador en los principios– no me sorprende nada lo que le estoy viendo hacer. Tiene inteligencia en defensa, intuye y corta balones. Isco parece que es lento, pero no lo es y los desplazamientos parece que son cortos en el campo, pero tampoco lo son».

«Será un partido emotivo. Málaga es mi casa, me he criado allí y será mi equipo de toda la vida. Ahora me debo al Real Madrid, defiendo una camiseta muy importante y queremos ganar para seguir líderes en la Liga. No queremos ni podemos fallar», decía el futbolista del Madrid tras el encuentro en Basilea. Allí reconoció que le había dicho a Ancelotti que quiere «jugar donde sea». Tras la vuelta de Bale al equipo, parecía que iba a ser el gran sacrificado, pero la lesión de Modric y la capacidad para adaptarse a un puesto que desde que era alevín no era el suyo, le hacen titular indiscutible en un conjunto, en el que además, falta, otra vez, Khedira.

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«Es verdad que cuando eres alevín, no existe el juego aéreo –explica Miguel Ángel–, pero Isco engaña: al ser corpulento parece más bajito de lo que es en realidad. Con nosotros se incorporaba al ataque y era como si contásemos con un futbolista más en defensa y en ataque». A los jugadores que van a ser estrellas se les ve venir. A Isco también, y aunque en aquella época, no estaba claro en qué zona del campo, ya tenía las cualidades que enseña en la élite: «Regateaba, pero tenía mucha visión del fútbol. Sacar la pelota jugada de alevín es bastante complejo: con él jugando atrás, lo hacíamos. En esas circunstancias se manejaba a las mil maravillas. Era el líder, pero no era el típico que mandaba, sino que era el líder que hacía al resto jugar. Otros niños, a esa edad, ya ordenan. Él hacía su fútbol y el resto se acoplaba sin necesidad de decir nada».

En el equipo infantil, cuando el partido se complicaba, adelantaban su posición y le ponían de mediapunta para ganar. Cuando se marchó a las categorías inferiores del Valencia, se olvidaron de ponerlo tan atrás. Era demasiado decisivo cerca de la portería rival como para desaprovecharlo. Lo que ya apuntaba, se confirmó: era un jugador con talento y, a diferencia de los muchos niños que tan buena pinta tienen cuando empiezan, Isco iba a llegar. Fue en el Málaga donde se convirtió en un futbolista principal. Un jugador de ataque sin responsabilidad defensiva. Y con esa definición llegó al Madrid. Se marchó Özil y se pensó que ésa era su posición. Isco, además, casi había borrado de la memoria las nociones defensivas de la niñez. «En el Real Madrid –comenta su entrenador de la infancia–, tácticamente, ha madurado bastante, es un futbolista más disciplinado que hace unos años. Él viene del Málaga, de un equipo donde era la estrella: llegas de un rol y ahora cambias de rol. Tiene que jugar para los demás, para el equipo, pero eso es lo que le beneficia. Y como en los últimos meses está siendo titular juega sin la presión esa de demostrar lo bueno que es en cada jugada. Ya no tiene que enseñar nada a nadie y eso ayuda».

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Miguel Ángel se quita mérito sobre si él enseño a Isco a defender: «A ver –dice–, la exigencia en alevín no es mucha».

–Pero, ¿qué consejos le daba?

– «Le decíamos: ‘‘Toca, toca, toca’’».