Fútbol

El surrealista y polémico final del Celta-Sevilla. Penalti pitado y anulado en el último minuto

Celta y Sevilla se reparten los puntos (1-1) en un partido que terminó con lío por el posible penalti de Navas a Douvikas, que el colegiado pitó y que sería no revisable según el protocolo, pero que sí revisó en el VAR

La jugada de la polémica entre Navas y Douvikas
La jugada de la polémica entre Navas y DouvikasDAZN

El Celta no ha ganado todavía en casa y el Sevilla aún no venció fuera. ¿Cómo iban a quedar celestes contra blanquirrojos en el Abanca Balaídos? Pues eso, empataron. Lo que pasa es que el final del encuentro fue muy accidentado a causa de una jugada que alimentará la manía persecutoria de la noble parroquia olívica. Y a fe que no están teniendo suerte con los arbitrajes. Con el sexto minuto de un alargue de seis ya cumplido, forcejeó Navas con Douvikas por un balón que pasaba diez metros sobre sus cabezas, cayó el griego y señaló penalti Hernández Hernández. Irrevisable según el protocolo de VAR que nos contaron, ya que hubo contacto. Pero llamó Prieto Iglesias a su compañero para que chequease la acción en el monitor y, por aquello de hacer caso a la directriz de no pitar “penaltitos”, se desdijo y señaló el final.

Iago Aspas, autor de la asistencia del gol de su equipo y MVP del choque se quejó por esa última acción. "Lo que ha visto todo el mundo, como la semana pasada en Girona, parece que nos quiere hundir, rearbitrar la intensidad de un agarrón que ya lo has visto y lo has pitado y es clarísimo... Se nos queda una cara que en fin. Son ya muchas veces, van doce jornadas y la balanza siempre cae hacia el otro lado y cuando nos pitan una le llaman para que interprete la intensidad de un agarrón", decía en DAZN el capitán céltico.

En el otro lado, Lucas Ocampos entendía las quejas del rival. "Si el árbitro la marcó viéndola diez veces en el VAR como la vio... Si yo estuviera del otro lado me quejaría como se queja el Celta", reconocía el argentino, que admitía además que en Balaídos no habían sido capaces de poner sobre el césped las nuevas ideas del técnico, Diego Alonso.

Antes de todo el ruido hubo partido y fue así:

La primera parte del Sevilla en Vigo avecindó con los sainetes de la temporada pasada y con ese inicio horripilante de Cádiz. Enseguida, Soumaré se hizo transparente en un corte sencillo y dejó solo ante Nyland a Larsen, que perdió el duelo de noruegos disparando por encima del travesaño. Siguió una falta lateral de Mingueza cuya trayectoria complicó el viento y anduvo presto el guardameta escandinavo para manotear contra el larguero, aunque no pudo evitar, casi acto seguido, que el remate a bocajarro de Starfelt abriese el marcador. Fue un balón parado bien sacado por Iago Aspas que sobró al salto (pesadote) de Badé y aprovechó el central local la pasividad de Gudelj en el marcaje.

Era lógico que ganasen los gallegos, pese al par de paradas a que Ocampos y Gudelj obligaron a Guaita en tramo final del primer periodo, por la sencilla razón de que Rafa Benítez había alineado un elenco lógico mientras que Diego Alonso padeció dos ataques de entrenadoritis aguda al acostar a Óliver Torres junto a la banda izquierda y a su empeño por redimir a Mariano, de profesión exfutbolista (hasta que no se demuestre lo contrario), en detrimento de un goleador tan contrastado como En-Nesyri. Su Sevilla, como siete días antes, había saltado al césped empanado y, viéndose por detrás en el marcador, intentó empatar al barullo.

Con Pedrosa y Lukebakio reformó Alonso la banda izquierda en el descanso, racionalizando la posición de Óliver. Era un Sevilla más lógico el que comparecía en pos de la remontada, pero igualmente inane hasta que Renato Tapia (ya amonestado por un topetazo a Soumaré en el primer tiempo) atento contra el extremo belga en una jugada sin peligro alguno, cerca del área sevillista. En-Nesyri remató al larguero a la salida de un córner. ¡Qué casualidad! Es un insulto que Diego Alonso relegue dos jornadas a su mejor atacante en favor del fantasmagórico Mariano. El magrebí mandó a guardar la segunda pelota que tocó, tras despeje deficiente de Unia Núñez y aún quedaba una larga prolongación para que el Sevilla dejase escapar dos ocasiones clarísimas que tiraron fuera Rakitic, a pase de Pedrosa, y el propio lateral barcelonés. También para el penalti interruptus que llevó la ira al graderío.