Yulen Pereira: «Mi esgrima no sigue los cánones»

Cuando se pone en lo que llama «modo King Kong», todo es posible. Hijo de campeón del mundo, pelea, con 20 años, por llegar a Río.

Una espada amarilla de gomaespuma fue la primera. «Me la dio mi padre. Creo que estaba ahí desde antes de que yo naciera. Estaba en el radiador y la mordía, la destrozaba...», recuerda Yulen Pereira. «Ahora utilizo otras espadas», añade. Espadas, las de esgrima, con las que busca la clasificación para los Juegos de Río. Su afición le vino de cuna. El regalo de su padre no era casualidad: es Manuel Pereira, campeón del mundo en 1989, y por eso Yulen tuvo más fácil decidir en qué deporte quería profundizar. «Para el baloncesto y la esgrima tenía cualidades y los compaginaba, pero tuve que elegir cuando se necesitaban más horas de entrenamiento», cuenta. Ahora, su padre es su entrenador, aunque saben diferenciar. «En la sala nunca es papá, es Manuel», dice el mejor español de la actualidad en esta especialidad tan completa. «Necesitas de todo: fuerza, velocidad, cambio de ritmo, atención... La cabeza es importantísima, yo voy a un psicólogo semanalmente. La parte física, también. No puedes llegar aquí todo gordo y ponerte a hacer esgrima, porque eres una albóndiga y te van a pinchar», analiza Yulen, que ahora sólo puede entrenar por las tardes. «Hasta el año pasado lo hacíamos mañana y tarde, pero esta temporada por tema de recortes, por horarios, no hemos podido conseguir un grupo por la mañana. La gente está en la Universidad o trabajando y por eso no podían, y metemos más horas por la tarde», explica un chico de 20 años que ahora dispone de más ayudas. «Al ser el mejor senior me están pagando las Copas del Mundo, las comidas, los viajes... Pero esto es ahora. Estos años, competir y subir en el ranking ha sido a costa de mi bolsillo, menos el Mundial... Ya cuando has conseguido algo, salen patrocinadores privados», relata. «Yo he tenido la suerte de las Becas Podium (en esgrima, además de él, están Manuel Bargues, Ángel Fabregat, Álvaro Ibáñez y Guillermo Sánchez). Son la clave para deportistas jóvenes, porque te están ayudando todos los meses con dinero. A mí me han cambiado la vida: he podido ir a todo el circuito, comprarme material, viajar, ir a concentraciones...», asegura Yulen.

Por sus venas corre sangre latina, porque su madre es cubana: «La mayoría de mi familia es latinoamericana y no voy a negar esa parte de mí, pero yo nací aquí y voy a defender a España, donde me he criado», afirma. Y en sus manos y sus piernas hay un punto de locura: «Siempre estoy buscando un nuevo movimiento. Me la juego, porque si no arriesgas, no ganas. Hago una esgrima que no sigue los cánones, siempre me invento algo: me agacho, me muevo a un lado y a otro... siempre tengo alguna locura». Por ejemplo, cuando se pone en lo que llama «modo King Kong»: «Es cuando aprietas, gritas todos los tocados, gritas y luchas como un animal. Me pongo como un gorila, entonces dije: «modo King Kong». Empiezas a remontar, te animas, la gente se anima. Me ha servido para remontar muchos combates», desvela. Para llegar a Río debería ganar el preolímpico, porque por ranking no le da. Preparará cada combate escuchando música electrónica, o negra, o hip hop, siempre algo movido. «Pero ya no es para motivarte, para entrenar o para el deporte, es para vivir. Yo vivo con la música», concluye.