Opinión

La izquierda hispanoamericana y la pobreza

La promoción de transferencias públicas hacia las personas más pobres de una sociedad no tiene que ver con la llamada “justicia social” sino con la “estrategia política”

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador FOTO: José Méndez EFE

Dos presidentes hispanoamericanos nos han dado toda una lección de los muy perversos incentivos electorales de la izquierda. Por un lado, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, reconoció recientemente lo siguiente durante una de sus alocuciones mañaneras ante los ciudadanos: “Ayudando a los pobres va uno a la segura, porque ya sabes que, cuando se necesite, se cuenta con su apoyo. No así los sectores de clase media, ni con los de arriba, ni con los medios, ni con la intelectualidad. No es un asunto personal: es un asunto de estrategia política”. Es decir, que la promoción de transferencias públicas hacia las personas más pobres de una sociedad no tiene que ver con la llamada “justicia social” sino con la “estrategia política”.

Por otro lado, Gustavo Petro, hace ya algunos meses, antes incluso de alcanzar la presidencia de Colombia, manifestó en una entrevista en televisión que “cuando los pobres dejan de ser pobres y tienen [propiedades], entonces se vuelven de derechas”. Si eso es así –o, al menos, si las izquierdas hispanoamericanas perciben que eso es así–, entonces su estrategia política será clara: maximizar el número de pobres dependientes de las transferencias estatales. Si los pobres se mantienen pobres pero asistidos mediante las dádivas clientelares de la izquierda, entonces los pobres serán rehenes electorales de la izquierda; si, en cambio, escapan de la pobreza y se vuelven autosuficientes (o parcialmente autosuficientes) gracias a su ahorro y acumulación patrimonial, entonces esos pobres se volverán “de derechas” y dejarán de votar a la izquierda; si la clase media, que vota a la derecha, se descapitaliza y necesita de las transferencias estatales para sobrevivir, entonces esa antigua clase media pasará a votar a la izquierda.

Ése es, en suma, el análisis sociológico y electoral que en estos momentos está haciendo la izquierda hispanoamericana gobernante. Y claro, desde esa óptica, ninguna buena política económica puede emerger: en lugar de incentivar el ahorro, el emprendimiento y el crecimiento económico, el interés político será justo el opuesto, a saber, promover el despilfarro, clientelismo y estancamiento económico (no en vano, por cierto, Gustavo Petro es uno de los principales defensores en política del decrecimiento económico global). Si la izquierda cree que sólo los pobres son de izquierdas, entonces la izquierda se convertirá, por mero interés político, en una máquina para crear masivamente pobres.