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Autocrítica y transparencia: el nuevo paradigma de las empresas

Responsabilidad Social Corporativa. El término «accountability» aúna la rendición de cuentas con asumir la propia responsabilidad y consecuencias de las decisiones de la compañía

  • Ser transparente es parte esencial de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de las empresas
    Ser transparente es parte esencial de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de las empresas /

    Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

18 de agosto de 2019. 21:50h

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Elena Magariños 19/8/2019

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Los avances tecnológicos de los últimos años y, especialmente, la disponibilidad de información a través de internet, han dado como resultado una mayor visibilidad de la actividad empresarial y una mayor concienciación de la sociedad en general. Como consecuencia, las empresas están cada vez más implicadas con la necesidad de hacer, de manera periódica, un ejercicio de autocrítica y mostrarlo de forma transparente a todos los agentes que intervienen en ella, desde socios e inversores hasta los clientes finales. «Esta práctica se conoce en inglés como “accountability” y requiere que, además de rendir cuentas, se asuma la responsabilidad y las consecuencias de las acciones emprendidas», explica John Scade, profesor de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) del Máster Internacional en Desarrollo Sostenible y Responsabilidad Corporativa de EOI. Y es que no se puede olvidar que, en un mundo globalizado, existe una mayor visibilidad y demanda de información.

«Esta práctica se ha vuelto tan importante por el principio de la materialidad», añade Orencio Vázquez, director del Observatorio RSC. «Esto quiere decir que la información es material de forma que, si se omite o manipula, puede llevar a la toma de una decisión equivocada por parte de los inversores», subraya. Esto ha llevado a un momento en el que los intangibles de las empresas y la gestión de riesgos haya comenzado a tener un valor esencial. Por eso, contar cómo se están gestionando estos riesgos, cómo está actuando la empresa en relación al cambio climático, como gestiona el trabajo en su cadena de suministro y en materia de corrupción, por ejemplo, hace que esta información sea material y relevante para el inversor. «Sin embargo, el punto de vista del consumidor es menos claro, ya que ha habido boicots a empresas, que han tenido grandes consecuencias para éstas, y, sin embargo en otras se han producido grandes fraudes y al año siguiente han tenido un aumento de sus beneficios y esta información no ha tenido prácticamente efecto en el consumidor», afirma.

Relevancia

Por su parte, Francisco Hevia, director sénior del Área de Comunicación Corporativa de Llorente y Cuenca, asevera que el hecho de que las empresas hagan un ejercicio de autocrítica y transparencia siempre ha sido relevante. «Inicialmente esto solo se hacía a los accionistas en la junta general, pero después pasamos a los reguladores sociales a través de los medios de comunicación», explica. Además, subraya el momento en el que se comenzó a sumar el contenido ambiental y social a las memorias de RSC. «La novedad ahora es que se integra el “reporting” al conjunto de los interesados, y se informa al conjunto de los capitales de la misma», dice. Algo que el directivo considera como una evolución natural, que aún no ha acabado y que, poco a poco, va poniendo en el centro, como algo fundamental, la relación constante, transparente y bidireccional de la empresa con sus «stakeholders».

La Ley de información no fiscal, aprobada en 2018, nació con el objetivo de ayudar a las empresas en este ejercicio de transparencia a hacer una mejor autocrítica de su situación, pudiendo ponerse de manifiesto ante sus clientes e inversores de una forma fiable. Para Hevia, ha cumplido su cometido, aunque considera que hacer las cosas por obligación es siempre peor que hacerlas por convencimiento. Y, realmente, esta normativa llegó después de que buena parte del entramado empresarial de nuestro país estuviera convencido de la necesidad de llevar a cabo estas prácticas. «La verdad es que se hace más y mejor ahora que el año pasado», apunta Hevia. «No hemos llegado al final del camino de la rendición de cuentas de una forma transparente con todos los agentes que interfieren en la empresa, pero ha sido un avance que ha permitido que el tema pase de los despachos de los ejecutivos a la mesa de los órganos de gobierno de las organizaciones». Asimismo, Scade cree que la ley ha ayudado, pero solo de manera parcial. «La obligatoriedad, frecuentemente, conlleva de forma implícita limitarse a aportar lo mínimo requerido», apunta. «Sin embargo, ser transparente significa un compromiso mayor y, de hecho, permitir el acceso a la información más allá de lo requerido legalmente», recalca.

«La luz limpia genera confianza, y la oscuridad desconfianza, incluso miedo», señala Hevia, quien recalca que tener una actitud crítica y transparente puede ser muy beneficiosa para las propias compañías. «Con la transparencia las organizaciones desarrollan el intangible más valioso, la confianza, sobre la que se construyen relaciones sólidas».

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