Grecia, otra vez la pesadilla de Europa

La posible suspensión o retraso de los pagos por parte griega sacude a los mercados en Europa .

Más vale prevenir que curar. Ésa parece ser la máxima adoptada por las economías de la eurozona ante un posible «default» de Grecia, previo a un impago, que aceleraría el camino hacia una salida del euro. Las especulaciones en la Prensa sobre la quiebra griega han provocado un terremoto en los mercados y han derivado en maniobras políticas para amortiguar los efectos, que harían tambalear a la moneda única.

La caja de Pandora se abrió con dos artículos del «Financial Times» -diario británico aventajado en el acceso a filtraciones- sobre una posible suspensión o retraso de los pagos de deuda por parte del Gobierno griego, según las fuentes gubernamentales citadas. La reacción de los mercados fue demoledora: fuga de inversores y aumento de las primas de riesgo europeas.

Esa preocupación se ha extendido también al nivel político. Según la agencia Reuters, el Banco Central Europeo (BCE) examina la posibilidad de que Grecia emita pagarés a los empleados públicos, creando así una segunda moneda paralela. Los trabajos de los gobiernos europeos para prepararse ante un posible «default» de Grecia, o incluso una salida del euro, se han convertido esta semana en un secreto a voces.

La revista «Euro Insight» publicó que los estados miembros y las instituciones europeas están intensificando las labores para copar las consecuencias de esos desenlaces catastróficos. Por su parte, el diario alemán «Die Zeit» informó de que Berlín está diseñando un plan de contención ante la posibilidad de un «default» griego, citando a fuentes del gabinete germano que advierten sobre la creciente probabilidad de que Atenas no sea capaz de implementar ni siquiera algunos de los compromisos con los acreedores en las próximas semanas.

Los que también se preparan para el peor escenario posible han sido los países vecinos de Grecia, quienes han blindado el sistema bancario para minimizar las consecuencias de un «Graccident» (salida accidental del euro). El diario griego «Kathimerini» informó ayer de que los bancos centrales de dichos países han obligado a las subsidiarias de los bancos griegos que operan en su territorio a reducir a cero su exposición, es decir, dejar de comprar deuda helena.

Ese accidente se produciría si Grecia no puede hacer frente al próximo vencimiento del Fondo Monetario Internacional (FMI) por valor de 775 millones de euros. Entonces se activaría un proceso del organismo por el que el Gobierno griego tendría un mes de margen para cumplir sus obligaciones. Si Grecia decide dejar de pagar su deuda en bloque, para empezar el BCE podría cortar el mecanismo de asistencia a la liquidez (ELA), única vía de financiación de los bancos griegos, pero también Europa sufriría graves consecuencias.

Un «default» de Grecia supondría con mucha probabilidad dejar de pagar su deuda pública y, por lo tanto, no devolver los 250.000 millones de euros –un 80% de la deuda total del país– prestados por el BCE y el FMI. La cuantía aportada por España al rescate griego, en forma de préstamos y avales, ronda los 29.000 millones de euros. Desde 2012 el riesgo de impago se ha trasladado de las entidades financieras a los estados, que serían los primeros afectados.

También las empresas padecerían. Un estudio del FMI señala que los impagos conducen a un descenso del 40% en el crédito externo a compañías privadas del país incumplidor. En ese sentido, las repercusiones para España serían escasas. La inversión de las dos docenas de empresas españolas censadas en Grecia apenas supera los 1.500 millones de euros. Asimismo, el volumen de exportaciones de España hacia Grecia se ha reducido más de un 42% entre los años 2008 y 2013.

No obstante, el «shock» de los mercados ante un impago de Grecia provocaría un seísmo financiero en Europa. Otro estudio del FMI indica que los episodios de impago suponen, a corto plazo, una caída en picado de la calificación de la deuda del país y una subida de la prima de riesgo en 400 puntos. El desplome griego arrastraría al resto de países europeos y, especialmente, a los periféricos, incluido España, como se ha notado esta semana; aunque la mayoría de los expertos coinciden en que estos efectos serían más controlables que en 2012, ya que las economías de dichos estados parecen haberse saneado.

Existen, sin embargo, escenarios más peligrosos. Los temores a un «default» de Grecia, aireados en parte por el vaivén de declaraciones desde Atenas, han disparado por enésima vez las alarmas sobre un «Grexit» (salida de Grecia del euro). Según explica el director de Open Europe, Raoul Ruparel, el impago podría desatar rápidamente un espiral que desembocaría en un «Grexit». «Eso dependería de las decisiones políticas de los acreedores», detalla el economista del think tank en declaraciones a LA RAZÓN.

Ante ese escenario, pese a que las instituciones se empeñan en paliar los rumores sobre el riesgo de contagio, un «Grexit» pondría en entredicho la fortaleza del euro y con ello peligraría su estabilidad. La mayor parte de analistas coinciden en que ese riesgo se ha visto reducido respecto a 2012 gracias al Mecanismo de Estabilidad Europea creado por la Unión Europea (UE) y que, con unos fondos de más de 600.000 millones de euros, puede desembolsar ayuda financiera en caso de emergencia. Además, los cerca de 195.000 millones que Grecia debe a sus socios suponen tan sólo el 5% del gasto de los países de la UE, mientras que la economía helena no deja de representar un minúsculo 2% del PIB europeo, por lo que las pérdidas directas que sufrirían las economías de la eurozona serían mínimas. Varios de los economistas consultados afirman que el «Grexit» sería visto como un «fracaso» del proyecto de moneda única y generaría una «desconfianza» en los mercados cuyas consecuencias parecen incalculables. Más allá de lo imaginable, el deseo de todas las partes negociadoras sigue siendo llegar un acuerdo que sirva para disipar el pánico de los últimos días. Nadie aconseja otra opción. El propio Nobel de Economía Paul Krugman advirtió a Grecia, en una charla en Atenas, de que una salida del euro sería una pesadilla para el país y los socios. De la voluntad por ambas partes depende hallar remedio, o tener que curar las heridas.