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¿Pueden las empresas luchar contra la depresión?

Los expertos coinciden en la necesidad de la prevención para paliar la que será la segunda causa de incapacidad del mundo

  • La depresión no es un problema personal sino un asunto organizacional
    La depresión no es un problema personal sino un asunto organizacional

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29 de abril de 2019. 11:44h

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Elena Magariños.  30/4/2019

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en 2020 la depresión será la segunda causa de incapacidad del mundo. Una patología que puede darse tanto por factores genéticos como a causa de un acontecimiento concreto, pero que resulta lo suficientemente común como para que los empresarios la tengan en cuenta y sean parte activa en la lucha contra el tabú que supone esta enfermedad. Francisco Mesonero, director general de la Fundación Adecco, señala que «la depresión en el ámbito laboral puede originarse por factores muy diversos asociados al trabajo, desde proyectos muy estresantes, conflictos o problemas con compañeros, falta de reconocimiento, exceso de responsabilidades, etc.». Todo ello deriva en sentimientos continuados de desánimo, ausencia de motivación y tristeza que tienen consecuencias negativas en el desempeño de la actividad laboral, pero también en el funcionamiento de la empresa.

«La depresión forma parte de lo que se conoce como trastornos del estado de ánimo», señala Clara Sabaté, psicóloga clínica. «Actualmente lo que entendemos por depresión es un trastorno por el que la persona tiene un estado de ánimo triste, dificultad para tener la voluntad de realizar determinadas actividades, apatía e, incluso, incapacidad para disfrutar de las cosas que antes le gustaban», explica. Pero éstos son solo algunos de los síntomas, ya que muchas veces la persona deprimida también presenta irritabilidad y se le suma la dificultad que supone tener trastornos del sueño. «Es muy común que en un cuadro depresivo cueste conciliar el sueño o mantenerlo, teniendo despertar precoz, de la misma manera que puede haber trastornos alimenticios», apostilla Sabaté.

«También se presenta una dificultad para mantener la atención, fatiga constante», añade la psicóloga, lo cual influye, como los otros síntomas, en el desempeño de la actividad laboral de forma directa. Además, a todo esto se le suma que puede dificultar las relaciones interpersonales. «No solo se trata del hecho de ser productivo o no, sino de que se tiene menos interés en las relaciones con los compañeros», subraya.

Para las empresas no solo supone un problema de índole económica. «Al coste monetario hay que añadir la pérdida de calidad, imagen y seguridad, por ejemplo», añade Mesonero. Por este motivo, la depresión, sobre todo cuando está motivada por el estrés en el trabajo, no es un problema personal, sino un asunto organizacional que ha de atajarse desde las propias compañías. «Por ejemplo, facilitando una descripción clara del trabajo a realizar para que no haya desajuste de expectativas, controlando la carga de trabajo, proporcionando el tiempo necesario para realizar las tareas o potenciando las medidas de flexibilidad y conciliación», apunta. En la misma línea, Mónica Seara, CEO de Humanas Salud Organizacional, asevera que si las empresas tuvieran mecanismos que facilitasen el desempeño de la actividad laboral conciliándola con la vida privada, la situación sería distinta.

Depresión postparto

Ejemplo de ello es la depresión postparto. «No es ninguna tontería la cantidad de mujeres que tienen que reincorporarse al mundo laboral cuando aun no han superado un postparto difícil, pero está claro que si no lo has pasado no puedes entender el proceso hormonal por el que está pasando el cuerpo de esa mujer después de dar a luz», puntualiza Seara. Pero, además de los motivos personales, el estrés es la segunda causa más común de bajas laborales en España. «Casi tres de cada diez bajas se corresponden a la ansiedad y al estrés en el trabajo, según un estudio de Nascia», indica Mesonero. Además, aclara que las bajas por estrés tienden a ser más prolongadas que las derivadas de otras causas; incluso, contribuyen a incrementar las ratios de jubilación anticipada. Ante esta situación, los expertos están de acuerdo en que lo más necesario ahora mismo es la prevención, conocer qué le está pasando a la gente. «En una empresa si se detecta una epidemia de gripe en un mes concreto, se puede prever para el año siguiente y hacer una campaña de vacunación, y lo mismo debería ocurrir con las bajas por depresión cuando se detectan», ejemplifica Seara. Pero, si no se sabe qué ha sucedido, no se puede hacer gran cosa. «En el caso de las reincorporaciones después de la maternidad se puede actuar para prevenir estos casos que las mujeres vuelvan de manera progresiva, se ofrezca formación, acompañamiento, guarderías o salas de lactancia», dice. Pero, para ello, hay que saber qué hay detrás de esas depresiones e intentar que dejen de ser un tema tabú.

Mesonero señala que es fundamental que, desde Recursos Humanos, se fomente la comunicación bidireccional y se establezca un protocolo de actuación para que los empleados tengan herramientas para actuar ante las situaciones de depresión. «La clave es anticiparnos a las mismas y evitar que la ansiedad o el estrés pasajero se convierta en un problema más grave o crónico de salud mental», aclara. Mientras, Sabaté añade que sería recomendable que los trabajadores tuvieran buenas dinámicas de grupo, que se sintieran en un espacio de iguales, para lo que es importante no generar competitividad entre los compañeros, sino que el trabajador compita consigo mismo, que se supere. «Es necesario que se sienta con la libertad de hablar de lo que le ocurre y que las empresas lo tengan en cuenta, porque ninguno estamos libres de pasar por esta enfermedad».

El importante papel del líder de la empresa

El estar “quemado” en el trabajo viene ligado, en muchas ocasiones, a la pérdida de confianza en la empresa, sus propósitos y valores, pero también en el sentir que se exige más de lo que el trabajador puede dar o no se le motive lo suficiente. Por este motivo, Mesonero señala que el tipo de liderazgo tiene un impacto decisivo en el clima organizacional. “El bienestar de los trabajadores no se concibe sin la figura de un líder inclusivo, empático, que consiga aflorar el máximo potencial de cada persona, extrayendo lo mejor de los profesionales y aprovechando sus competencias”, pero que también sea capaz de detectar y gestionar periodos de dificultad en las vidas de sus trabajadores.

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