Opinión

Señales equívocas del mercado laboral

La recuperación es evidente, pero hay que acompañarla con medidas de estímulo

FOTO: Alejandro Martínez Vélez Europa Press

Los datos del mercado de trabajo referidos al mes de agosto, con una notable caída del desempleo en todos los sectores, menos el de la Construcción, suponen una buena noticia y como tal debe ser recibida, entre otras cuestiones, porque el verano ha venido marcado por una recuperación sostenida de la economía española, pese a que el turismo internacional se encuentra muy lejos de los niveles previos a la pandemia. Aún así, las señales son equívocas, como advierten desde las asociaciones empresariales y de autónomos, que destacan la caída en el número de afiliaciones a la Seguridad Social, con 118.000 cotizantes menos, y recuerdan que aún están acogidos a los ERTE más de 270.000 españoles, que no figuran en las listas de desempleo. En cualquier caso, ha bastado que se redujeran las restricciones de la pandemia, al calor de la campaña de vacunación, para que el consumo de los hogares, embalsado durante más de un año, tirara con fuerza de la economía, hasta, con las salvedades ya dichas, alcanzar los niveles de empleo de enero de 2020. No es, por supuesto, una situación que pueda satisfacer a nadie, porque España no sólo no consigue deshacerse de unos niveles de paro demasiado altos –más si los comparamos con los países de nuestro entorno–, sino que una parte del empleo se ha sostenido artificialmente con los paquetes de ayudas públicas. En este sentido, convendría que el Gobierno de la nación, rebajara algo sus muestras de entusiasmo y se planteara si algunas de sus propuestas más «avanzadas a la izquierda» sobre la reforma laboral, la subida del SMI o la política fiscal pueden convertirse en una losa para el incipiente proceso de recuperación al que asistimos. Porque, y es importante retener este concepto, puede que la pandemia desaparezca de nuestras vidas, pero la economía española sigue presentando fuertes desequilibrios internos, aunque ya no sea esa máquina de destrucción de empleo que entraba en funcionamiento con cada crisis coyuntural, entre otros motivos, por la tan denostada desde la izquierda reforma laboral que impulsaron los gobiernos del Partido Popular. Así, es preciso, si se pretende mantener el impulso del crecimiento y reforzarlo con los fondos europeos, operar sobre un tejido productivo con menores cargas fiscales y trabas burocráticas, que es lo que recomiendan pasadas experiencias. Y dejar paso libre a la iniciativa y a la capacidad de trabajo de los españoles.