Juncker a la Comisión y Schulz al Parlamento

Arranca una semana decisiva para conocer el reparto de cargos europeos después del 25-M. Tras el tanteo de la cena informal del pasado 27 de mayo, los líderes de los Veintiocho acudirán a la localidad belga de Ypres para conmemorar el centenario de la Gran Guerra. Pero el covidado de piedra de la cita será el luxemburgués Jean-Claude Juncker, candidato del Partido Popular Europeo (PPE) para suceder a José Manuel Durao Barroso en noviembre.

El acuerdo tacítao entre conservadores y socialistas, los dos principales grupos de la Eurocámara, de respaldar la nominación del ex primer ministro luxemburgués dejará solo al "premier"británico, David Cameron, que ve en Juncker todo lo que critica de la UE. De poco ha servido el chantaje esgrimido por el líder "tory"de que su designación conduciría automáticamente a los británicos a votar a favor de abandonar la Unión Europea en el referéndum que ha prometido celebrar en 2017 si es reelegido el año que viene en las urnas. Ante la soledad en la que se encuentra en el seno del Consejo, Cameron ha solicitado que se vote la elección del nuevo presidente de la Comisión, con la vaga esperanza de que el holandés Mark Rutte, el húngaro Viktor Orban y el sueco Fredrik Reinfeldt se sumen a su bando. Inútil estratagema teniendo en cuenta que, desde que entró en vigor el Tratado de Lisboa el 1 de diciembre de 2009, el Consejo designa al presidente de la Comisión por mayoría cualificado, no por unanimidad como ocurría antes. Ya los británicos vetaron a los ex primeros ministros belgas Jean-Luc Dehaene en 1995 y a Guy Verhofstadt en 2004 por el mismo pecado que le achacan a Juncker, ser "demasiado federalista".

Al final, el PPE y el PSE han trasladado a Bruselas el pacto de Gran Coalición que gobierna Alemania. La falta de mayorías en la nueva Eurocámara y el auge de los euroescépticos, que han pasado a ser la tercera fuerza parlamentaria en Estrasburgo, no dejaban otra salida. El pacto supone que los socialistas votarán a favor de la investidura de Juncker en el Pleno de la Eurocámara en calidad de candidato del partido más votado en las urnas. A cambio, los populares apoyarán al cabeza de lisa del PSE, Martin Schulz, como presidente del Parlamento dos años y medio más. El compromiso deja manos libres a Angela Merkel para que elegir el representante alemán en el futuro Colegio de Comisarios, que volverá a ser Günter Öttinger, que repetirá en Energía.

Con todo, tal y como escenificaron en la cumbre celebrada en París el sábado, los socialistas no están dispuestos a conceder tan fácilmente su apoyo a su rival electoral. La izquierda europea aspira a que el mandato de la próxima Comisión introduzca más flexibilidad en la reducción del déficit para no frenar la incipiente recuperación económica. En este sentido, Matteo Renzi y François Hollande abogan por que la inversión no compute como déficit público de los Estados miembros. Y es que, como no se ha cansado de afirmar Merkel e incluso Cameron, la discusión no se limita a designar al sucesor de Barroso, sino a acordar las políticas que tendrá que llevar a cabo el Ejecutivo comunitario durante los próximos cuatro años.

Como es tradición en la política europea, nada está cerrado hasta que todo está cerrado. Es decir, el nombramiento del presidente de la Comisión depende de un acuerdo global que incluya los puestos de presidente del Consejo y de Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común. Los equilibrios políticos, geográficos y, sobre todo, de género anticipan que uno de los dos cargos serán ocupados por una socialista. La primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, si es el Consejo, o la joven jefa de la diplomacia italiana, Federica Mogherini, si es el Alto Representante. Hagan sus apuestas...

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