La década indepe

Hace diez años, Cataluña no era el primer problema del Estado, pero estaba a punto de producirse la primera gran manifestación por la independencia en Barcelona.

Los aficionados del Barcelona forman la bandera catalana.
Los aficionados del Barcelona forman la bandera catalana.

Está terminando una mala década. Años en los que todo parece haber ido del revés. La crisis económica nos ha dejado marca y la política decepcionó por última vez cuando el presidente Zapatero tuvo que dar un giro de 180 grados a su política económica para poder pagar las pensiones y los sueldos de los funcionarios.Se descorcharon los populismos, primero Podemos, después Ciudadanos, ahora Vox y, con ellos, la inestabilidad política.

Desde el 2015 no hay un gobierno, como tal, en España, probablemente porque tampoco nadie merece tenerlo.Ha habido varias investiduras fallidas, varias repeticiones electorales e incluso una moción de censura, pero todo eso no era para gobernar, sino para ocupar el ejecutivo, que es una cosa bien distinta.Lo peor de todo es que, mal que bien, las cosas han seguido funcionando por inercia de las instituciones y alguna medida legislativa de urgencia, pero nos hemos acostumbrado a la política de tres en raya, en el que la jugada perfecta es el empate y volver a jugar porque de esa manera nadie pierde, es decir no abandonan el tablero.

Los que reclamaban transparencia en el 2010, acabar con el establishment y con la política en los despachos y salones, se han convertido en cómplices de negociaciones secretas en el 2020. Pablo Iglesias ha dejado el megáfono con el que agitaba las calles contra el PSOE y está recogiendo la cartera de la vicepresidencia del Gobierno.Otros han caído por el camino, como Albert Rivera, al que casi nadie recuerda tan solo un mes y medio después de haber abandonado la política.La sensación de derrumbe de la Unión Europea por el Brexit y por cuarenta años de obras sin quitar el andamiaje es abrumadora.

La emergencia de la extrema derecha a lo largo y ancho del viejo y envejecido continente ha venido de la mano de liderazgos de medio pelo y cada vez el problema es mayor.Los españoles somos los más europeístas, pero paradójicamente sufrimos la batalla interna y el fuego cruzado de los nacionalismos separatistas y centralistas.

Hace diez años, Cataluña no era el primer problema del Estado, pero estaba a punto de producirse la primera gran manifestación por la independencia en Barcelona. Artur Mas buscó un culpable para la crisis y los recortes en Cataluña, y terminó encontrando el mapa secesionista. Lo demás es una enorme lista de errores. Los separatistas han ido creciendo, se han atrincherado y han maniatado la estabilidad política porque se les ha dado la llave para decidir sobre el futuro de España.

La decisión de darles ese poder traerá consecuencias porque nada es gratis en política.Hasta el momento, por definición, todos los españoles deciden sobre todos los territorios de España, esa es la base de la negación de la autodeterminación.

Sin embargo, alguien les ha llamado y les ha pedido que sean ellos los que decidan sobre el resto de España. No sabemos cuándo será la investidura ni tampoco su precio.Solo queda un año para que empiece la década de los veinte, con más incertidumbres que certezas y pocas esperanzas.