El riesgo del nacionalismo: un discurso edulcorado que atrae

Inquietante subida en las urnas. Los soberanistas venden una imagen menos radical y ampliar horizontes

Un grupo de simpatizantes del BNG ondea la bandera independentista gallega.TwitterLa Razón

Entre las principales conclusiones que nos deja el resultado de las elecciones autonómicas y vascas es que tanto en las victorias de Galicia como en la del País vasco la izquierda nacionalista le ha arrebatado todos los votos a Podemos, con el riesgo que el auge de estas formaciones tiene para la estabilidad de España.

En Galicia, el BNG logró el mejor resultado de su historia a costa de las Mareas que ya no tendrán representación en el Pazo del Hórreo. La clave del éxito de los nacionalista reside en un cambio de discurso de cara a la galería. Hay que tener en cuenta que el Bloque es una alianza de partidos liderada por Unión do Povo Galego (UPG), el sector más radical del nacionalismo gallego al que pertenecen tanto la líder autonómica, Ana Pontón, como el diputado del BNG en Madrid, Néstor Rego. Entre sus postulados están los mismos que los de ERC o Bildu: derecho a decidir, inmersión lingüística, soberanía regional. Sin embargo, estas ideas no han estado muy presentes en la campaña actual. Pontón presentó al renovado BNG como una formación social –muy precupada por los trabajadores de Alcoa–, feminista y ecologista. Con estas ideas, alejadas del discurso rupturista que abandera su partido, el «nuevo BNG» consiguió atraer a nuevos votantes, muchos de los cuales votaron, por primera vez, a los nacionalistas en estas elecciones.

La fuga de votos de partidos de izquierda hacia partidos nacionalistas en las comunidades con identidad propia se repite elección tras elección. Entre los motivos, la incapacidad para gestionar que han demostrado los morados en muchas comunidades donde las rencillas de partido están por encima de los intereses nacionales. De hecho, una de las evidencias que deja las elecciones en el País Vasco es la fuerte subida del nacionalismo en detrimento de un Podemos a la baja. EH Bildu ya era segunda fuerza, pero ahora crece en consistencia: pasa del 21,23% al 27,84%, y de 18 a 22 escaños. Y ello además con la vitola de ser el único partido con representación que gana votos en un escenario de caída de la participación. El partido de Arnaldo Otegi se refuerza así de modo notable como líder de la oposición con un discurso que pretende edulcorar tiempos pasados.

Por el contrario, Elkarrekin Podemos se deja casi la mitad de los votos –de los 157.000 a apenas 71.000 sufragios–, en un territorio que vivió un convulso proceso de renovación de candidatura y de su cúpula que ha culminado en un estrepitoso fracaso. De este modo, Unidas Podemos ha confirmado la caída de apoyos que ya comenzó a sufrir en las elecciones generales de 2019 en toda España, y también en Galicia y País Vasco, dos territorios en los que había sorprendido con sus buenos resultados en sus primeros comicios generales de 2015.

La caída de Podemos muestra una crisis no solo en este territorio. El descenso morado se remonta a las elecciones catalanas de diciembre de 2017, donde la candidatura Catalunya en Comú-Podem cedió tres escaños con respecto a los 11 cosechados por Cataluña Sí se Puede en 2015 y hasta 40.000 votos, pasando de cuarta a quinta fuerza. Podemos afronta los comicios de otoño con una coordinadora afín a Pablo Iglesias, Conchi Abellán, en escasa sintonía con Noelia Bail, ex líder de la formación catalana y candidata de Podem a un Parlament en deriva soberanista.

Las inquietantes subidas del nacionalismo en el País Vasco y Galicia hacen presagiar un escenario similar en Cataluña, donde los de Iglesias podrían cosechar también un mal resultado y sus votos dirigirse hacia las fuerzas de izquierda independentistas. Este panorama colocaría a la estabilidad de España en el discurso nacional en un momento clave para la recuperación económica y los consensos.

El BNG cuenta con el electorado más fiel

El trasvase de votantes es significativo en Galicia, territorio que este domingo electoral ha quedado señalado como feudo por excelencia del Partido Popular con Alberto Núñez Feijóo reeditando la cuarta mayoría absoluta de Manuel Fraga. Nada menos que el 80,9 por ciento de los votantes del PP repiten papeleta, un porcentaje que explica la holgada bolsa de votos del líder del partido de Pablo Casado en Galicia, aunque en el conjunto de actores en el tablero político de esa comunidad se trata de una fidelidad que se ve ligeramente superada por el Bloque Nacionalista Gallego (BNG), que alcanza el 81,5 por ciento de reincidentes.
Le siguen los electores del PSOE, que vuelven a elegir sus siglas en un 59,4 por ciento, mientras que es llamativo el destino de las preferencias por parte de los adeptos de Galicia En Común-Anova, la marca de Podemos en franca decadencia. Estos renuevan la confianza en su partido en un 10,9 por ciento, pero se marchan esta vez al PSOE –un 20,4%– y, sobre todo, al BNG –59,4%–, una opción llamativa por las características de esta formación, adalid del independentismo gallego de izquierda. Por su parte, los votantes de Ciudadanos optan en un 49,0% por el Partido Popular.
Mientras, en el País Vasco, los electores más fieles son esta vez los de EH-Bildu, que repiten en un 76,9 por ciento el destino de su papeleta en 2016, reflejando así el ascenso registrado en los últimos años, seguidos de los votantes del PNV, que vuelven a elegir sus siglas en un 74,9%, como fiel reflejo de lo que ha constituido el tercer mandato del partido liderado por Andoni Ortuzar en una comunidad donde en 36 años ningún partido ha logrado la mayoría absoluta, cifrada en 38 de los 75 asientos que forman la cámara de representantes. En tercer lugar está el elector del PSOE, que insiste en un 57,1 por ciento, mientras que el del PP+Ciudadanos apuesta por esta combinación en un 40,3 por ciento y, por último, el de Unidas Podemos, que alcanza un 29,9 por ciento.