La hora de la verdad de Sánchez

Ambiente en el barrio madrileño de Usera en los días en que los contagiados por coronavirus han aumentado de manera significativa en la capital en los últimos días de agosto.
Ambiente en el barrio madrileño de Usera en los días en que los contagiados por coronavirus han aumentado de manera significativa en la capital en los últimos días de agosto.Alberto R. RoldánLa Razon

Estamos hasta el cuello en una nueva oleada de la Covid-19 y los datos oficiales siguen siendo tan inexactos y poco fiables como en primavera.

No se conoce con exactitud el número de fallecimientos de los últimos 15 días, ni cuántas personas han sido hospitalizadas en julio o en agosto. Se ha hecho mal la desescalada, como algunos advirtieron, y la descoordinación entre el Gobierno y las Comunidades Autónomas no se ha corregido.

En 6 meses no han sido capaces de ordenar los datos, de prever cómo controlar los rebrotes ni tan siquiera de tener acopio de medicamentos necesarios para tratar la enfermedad.

En junio se diagnosticaban cerca de 400 casos diarios, en estos momentos se superan los 6.000. Fernando Simón lo atribuye a que se hacen más pruebas diagnósticas y, por tanto, aumenta el numero de positivos conocidos, sin embargo, el argumento es falaz. Se hacen más PCR que en julio, pero porque hay más infectados, de igual manera que se hacían menos en junio que en mayo. Que haya más capacidad para hacer los test no puede ocultar que se hacen más precisamente porque se ha disparado el número de contagios.

Es cierto que el repunte se está produciendo en toda Europa, pero tampoco puede servir este hecho para esconderse detrás de él, porque España es líder del desastre, con número de fallecidos superiores a Portugal, Francia o Italia. Y eso que los decesos se producen 15 o 20 días después de contagiarse, por lo que los datos de las próximas semanas pueden llegar a ser preocupantes.

Simón es un buen epidemiólogo que tuvo que ponerse al frente cuando se sabía muy poco del virus y quizá por eso se ha equivocado en algunas cosas. Pero, en parte, por sus propios errores y, en parte, por querer cubrir los de otros, ha achicharrado su credibilidad pública.

Pedro Sánchez intenta descargarse de críticas situando en los gobiernos regionales la responsabilidad. No se da cuenta de que la confianza en el gobierno está tocada por haber cometido demasiados errores y que si no es capaz de pegar un golpe de timón, la pandemia se va a llevar por delante su carrera política porque esto no es un juego, es la salud física y económica del país.

El daño en salud no solo debe medirse por los efectos de la Covid-19, sino por lo que supone para otras patologías que necesitan atención y cuya asistencia sanitaria ha sido relegada por la urgencia de la pandemia.

Un otoño, como el que se intuye, se llevaría la maltrecha economía española por el desagüe, con el coste que ello supone para las próximas dos generaciones de ciudadanos.

España tiene uno de los mejores sistemas sanitarios para tratar las enfermedades del siglo XX, pero parece ser que uno de los peores de Europa para tratar la pandemia. Si los profesionales son buenos y las infraestructuras y tecnología clínica también, lo que falla es la cabeza del sistema. Ya es hora de decir la verdad.