Exotismos irresposables

«Los matrimonios de conveniencia son los que, por definición, no convienen a ninguna de las partes».

El presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y secretario general del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz (i), saluda al líder de Podemos, Pablo Iglesias (d), a su llegada a la 39 Conferencia Internacional de Apoyo y Solidaridad al Pueblo Saharaui.
El presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y secretario general del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz (i), saluda al líder de Podemos, Pablo Iglesias (d), a su llegada a la 39 Conferencia Internacional de Apoyo y Solidaridad al Pueblo Saharaui.Luca PiergiovanniEFE

La frase de Oscar Wilde define bien las políticas del gobierno de coalición que hoy rige los destinos de España. Mucho más cuando los parientes que hicieron posible el feliz enlace no paran de entrometerse en la vida de la pareja. Son muchos los inconvenientes que esta esperpéntica unión ha traído a España, pero el más notorio es la pérdida de rumbo de nuestra política exterior.

Siempre he creído («Todos los cielos conducen a España» Planeta, 2015) que España, una potencia media en población y riqueza, solamente puede boxear por encima de su peso si cuenta con buenos padrinos. Y nosotros solo podemos contar con dos: la Unión Europea y los Estados Unidos. Estas dos alianzas están siendo cuestionadas hoy por una coalición inusual en la cultura occidental. En la UE causa perplejidad la presencia de comunistas y populistas en el gabinete de ministros porque los precedentes no son buenos. En tiempos recientes esta coalición ha ocurrido solo dos veces, las dos en Francia: François Mitterrand (1981) y Alain Juppé (1997); los dos terminaron como el rosario de la aurora. El gobierno de Syriza (2015-2019), partido hermano de Unidas Podemos, también dejó muy mal recuerdo. No hace falta recordar que en Washington, gobiernen republicanos o demócratas, ni el castrismo ni el socialismo del siglo XXI gozan de excesivas simpatías.

Las suspicacias iniciales que despertó el actual gobierno en nuestros aliados se han visto confirmadas por algunas actuaciones recientes. Los encuentros al amanecer entre el ministro Ábalos y la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez en Barajas desafiando la política europea (20 enero 2020); las andanzas de Pablo Iglesias por Bolivia ninguneando al Rey y a la ministra de Asuntos Exteriores (8 noviembre 2020); o sus declaraciones sobre el Sáhara Occidental contraviniendo la más elemental prudencia diplomática (15 noviembre 2020), no ayudan a ganarnos la confianza de nuestros aliados o el respeto de nuestros adversarios. Los exotismos en política interior se olvidan, pero los que se dicen fuera permanecen y tienen un alto coste en términos políticos. Sin ir más lejos, las crecientes oleadas de pateras en nuestras costas se explican, entre otras cosas, porque los países que hasta la fecha habían ayudado a frenar la inmigración ilegal, ahora han decidido mirar hacia otro lado. Buscar, entender y solucionar problemas es la razón de ser de la política exterior. También ayudaría mucho una sosegada reflexión sobre las consecuencias de lo que se dice y de lo que se calla.

J. M. García-Margallo es ex ministro de Asuntos Exteriores