Casado deja la sede de Génova y descoloca a los barones

Salvo Ayuso, todos conocieron a la vez que la Prensa la decisión, que arruina la defensa del viejo PP. El poder territorial calla ahora: «Hay que medir los tiempos»

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Pablo Casado ejecutó ayer el anuncio de una idea que la nueva dirección del PP llevaba meses dando vueltas, la confirmación de la salida de la histórica sede nacional del partido. En este proyecto pesaban, de origen, las graves dificultades financieras que atraviesa la organización popular debido a la caída de ingresos por los malos resultados electorales y por la pérdida de poder territorial.

Pero este anuncio de la venta/alquiler de la sede de Génova se leyó ayer en el PP como «una maniobra oportunista» por parte de la cúpula para pasar página del desastre electoral en Cataluña y no asumir responsabilidades personales en ese batacazo. Tal y como reclamaban desde el poder territorial.

Si el objetivo era apagar el fuego interno, la decisión y su puesta en escena provocó una nueva marejada de malestar en las estructuras orgánicas por las formas y por el momento elegido para confirmar una iniciativa que, en todo caso, es traumática, porque el edificio está vinculado a toda la historia del partido y a muchos de sus grandes recuerdos. Casado justificó esta decisión en que está siendo investigada la financiación de la reforma de la sede y la presentó como un gesto definitivo de ruptura con el pasado. «No debemos seguir en un edificio cuya reforma se está investigando esta misma semana en los tribunales».

La decisión tiene sentido en un plan global de refundación del partido, pero no ha sido bien entendida como una medida aislada y en un contexto en el que lo que se esperaba de la dirección nacional era un ejercicio de autocrítica: el «me equivoqué en la estrategia» o el «me equivoqué también en el momento elegido para rectificar la gestión del 1-0».

La Ejecutiva estaba convocada para analizar los resultados de las elecciones del domingo, y acabó, desde el punto de vista deliberativo, en un trámite, en el que no hubo debate porque el debate se hizo y se hace fuera de este órgano. Los barones guardaron silencio ante un anuncio del que no habían sido consultados ni tampoco informados: Alberto Núñez Feijóo y Alfonso Fernández Mañueco participaron de manera telemática, y otros, como el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, no se desplazaron a Madrid por la agenda de su gobierno regional. La excepción fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que comparte edificio con la nacional, y que fue la única que pidió turno para defender que el nuevo PP no tiene por qué hacerse cargo de la herencia anterior. En línea con el posicionamiento de Casado. Pero el resto del poder territorial calló, y Casado no tiene en su silencio un gesto de complicidad, sino una manera de «saber manejar los tiempos», según puntualizan.

Además de descolocar al partido, que en absoluto se esperaba que un día como el de ayer fuera el elegido para activar esta decisión de desprenderse del patrimonio nacional, el anuncio provocó un terremoto en las defensas de la cúpula del viejo PP: los ex presidentes, sobre todo Mariano Rajoy, la ex secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, y demás ex secretarios y ex altos cargos, que están citados, al menos como testigos, en la investigación sobre la caja b y la reforma de la sede nacional.

Para estas defensas, el acto de ayer de Casado, en el momento elegido para hacerlo, supone tanto como decirle al juez que «dan por buenos los delitos que se investigan y han manchado las siglas».

En el Comité Ejecutivo tomó la palabra Ayuso fuera de los turnos oficiales, con una gestualidad que dio a entender a los que participaban de la reunión que había sintonía en la puesta en escena con Génova. La otra excepción fue el líder de Extremadura, José Manuel Monago. Antes del discurso de Casado, hizo balance de las elecciones el secretario general, también sin autocrítica alguna. Según explicó, la campaña iba bien hasta que irrumpió en escena la figura del ex tesorero Luis Bárcenas, por el juicio que se sigue contra él en la Audiencia Nacional por la caja b del partido. García Egea manejó muchos datos y comparativas, pero, en resumen, todo tenía como objetivo dejar claro que la responsabilidad del desastre está fuera de Génova. En la abstención, Bárcenas, Rajoy...

El «número dos» aprovechó, asimismo, para certificar el calendario de los congresos provinciales. Un proceso que la cúpula popular quiere acelerar, pese al desacuerdo de los dirigentes regionales. La interpretación que en el partido hacen de estas prisas es que Madrid quieren intervenir en las estructuras provinciales para manejar luego con más control los cónclaves regionales.

Casado también ha convocado una Convención Nacional del partido para el próximo otoño, con la que dar un impulso al proyecto del partido.

Según explicó, el PP insistirá en un proyecto de centro-derecha, moderado y transversal. El líder popular también subrayó ante el PP que no habrá cambio de rumbo pese al resultado catalán porque «las velas están bien orientadas».

«Habrá veces que soplará menos viento, o que haya peor oleaje, pero tenemos el mejor barco de toda la política española y la mejor tripulación que sois vosotros».