Aniversario

Diez años del fin de ETA: sin balas y sin memoria

«Queríamos ser los vencedores, no los vencidos, que es lo que somos», lamentan las víctimas

Miembros de ETA
Miembros de ETAGaraAgencia AP

Han pasado diez años, 3.647 días, casi uno por los más de 3.000 atentados que perpetró la banda terrorista ETA. Fue a las siete de la tarde del 20 octubre de 2011, cuando tres encapuchados difundieron lo que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero tildó de «histórico»: el «cese definitivo de la actividad armada». Entonces reclamaron un «diálogo directo» con el Gobierno para resolver las «consecuencias del conflicto», que pasaban por atender la situación de los presos de la banda y de los etarras que viven en la clandestinidad, así como superar lo que llaman «la confrontación armada». Uno de los encargados de dar voz a ese comunicado fue el etarra David Pla, quien esta semana ha advertido de que «aún hay conflictos por resolver». El ex jefe de la organización terrorista reclama incluso la libertad de los presos etarras porque, si no, dice que «difícilmente habrá paz».

Ese es el relato que la izquierda abertzale trata hoy de imponer a las nuevas generaciones, justificar que existe un «Estado opresor» y una Policía «de represión» contra el País Vasco con el objetivo de silenciar los años de terror. Pero las víctimas no permitirán que el dolor que han causado los más de 857 asesinatos, 2.000 heridos y 84 secuestros –así como los más de 300 crímenes de ETA sin resolver– caigan en el olvido.

Si bien hoy nueve de cada diez españoles ve «positivo o muy positivo» el fin del terrorismo, la opinión de quienes han perdido a sus familiares o han sobrevivido a los atentados dista mucho de esta realidad que muestra la última encuesta del CIS y que coincide con el discurso triunfalista del Gobierno. La sensación entre las víctimas es que, finalmente, son ellos los vencidos y la de que «ETA continúa viva políticamente».

«Lo mejor que pasó es que ETA no nos mate», asegura la hermana de Gregorio Ordóñez y presidenta de Covite, Consuelo Ordóñez. Y es que «cuando leí la noticia no me lo creí, vivíamos de tregua en tregua». Ordóñez es muy contundente con lo que denomina la «orgía de ETA» y asegura que no se acabó con la banda terrorista porque el Estado de Derecho consiguió doblegarles, sino que fue todo fruto de una negociación en la que un Gobierno pactó y otro ejecutó esa hoja de ruta.

Fue en Aiete donde se preparó el camino para que ETA anunciase ese cese definitivo de la violencia y, recuerda la hermana de Gregorio Ordóñez -asesinado por la banda terrorista en enero de 1995-: “Nos presentamos en la orgía de Aiete, estaban todos allí, aunque a nosotras no nos habían invitado”.

ATENTADO CONTRA GREGORIO ORDOÑEZ
ATENTADO CONTRA GREGORIO ORDOÑEZDiaz de RadaTiempo

Ordóñez se queja enérgicamente de que, «cuando ETA estaba más debilitada que nunca, negoció con ella el Gobierno socialista y el del PP siguió ese plan»: no detener a etarras, trampas al Estado de Derecho, la excarcelación de presos secundando el fallo de la «doctrina Parot», que solo afectaba a la etarra Inés del Río, Bolinaga... La presidenta de Covite advierte de que hubo otro punto «indignante» en la negociación, el objetivo que siempre persiguió la banda: «Un final sin vencedores ni vencidos», algo que, junto a la legalizar el partido de la izquierda abertzale, Sortu, se fue cumpliendo.

Sin embargo, para las víctimas si hay vencidos y vencedores. Así lo lamenta Miguel Folguera, víctima del atentado de ETA contra la Dirección General de la Guardia Civil en la calle Guzmán el Bueno de Madrid el 17 de mayo de 1987. Valora que ETA lleve diez años sin matar, pero admite que no querían un final como éste. «Queríamos ser los vencedores, no los vencidos, que es lo que somos», asegura en conversación con LA RAZÓN. Para el también consejero de la AVT, la banda terrorista «está policialmente derrotada, pero no políticamente», puesto que Bildu es uno de los partidos que sostiene al Gobierno y destaca que no se ha puesto fin a ETA. «Está más viva que nunca porque está en las instituciones, tiene voz en los medios y ahora sí que tiene el listado de todos los ciudadanos. Nos tienen perfectamente controlados si deciden volver a las armas», advierte.

Pasear por las calles de País Vasco y Navarra es haber “normalizado” la falta de libertad. Las miradas de odio se repiten en los bastiones abertzales de los territorios hegemónicos, las pintadas que reclaman el fin de la dispersión o los retratos de los presos del pueblo, el cuenta kilómetros con los días de lo que consideran una “cadena perpetua encubierta” o las flechas amarillas que instan a que la Guardia Civil sea expulsada de sus pueblos.

Pero ¿Cómo es vivir hoy siendo víctima de ETA en el País Vasco? «La libertad sigue secuestrada en el País Vasco», destaca Consuelo Ordóñez e insta a preguntar por ello en el Paseo de la Concha de San Sebastián. “A ver cuántos se atreven a contestarte. Solo lo harán los de siempre, los que dicen que ahora disfrutamos de la paz, que nos han perdonado la vida”. La hermana de Gregorio Ordóñez asegura que ahora pasea “más tranquila” que hace diez años porque antes “era como un mono de feria y ahora parece como si se hubieran olvidado de mí”. “¿Sabes lo que es eso de salir de casa sabiendo que nadie te va a matar?” Aunque, subraya que “igual no se vive muy cómodo viviendo en un pueblo en el que te encuentras los caretos de los familiares” de los asesinos, recordando a esas víctimas que aún permanecen en pueblos abertzales.

Folguera recuerda que cuando los colectivos celebran homenajes a las víctimas, en muchos de ellos «solo falta que les apaleen». «Se destila el odio y sobre todo entre los más jóvenes», dice. Y es que las víctimas no se sentirán nunca seguras ni libres mientras que los homenajes a etarras sigan sucediéndose. Así lo lamenta Cristina Cuesta. Su padre, Enrique Cuesta, delegado provincial de la Compañía Telefónica Nacional de España, fue asesinado a tiros por dos terroristas en marzo de 1982. «El sustrato ideológico político y social que ha amparado a ETA sigue activo y tiene que ver con una carencia y anomalía democrática que va en perjuicio de las víctimas». Para ella, lo más paradójico es que el Estado y el Gobierno vasco «no articulen las medidas necesarias para que estos homenajes puedan ser neutralizados». El foco debe estar «en aquellos partidos que han sido legalizados sin haber hecho el recorrido democrático».

Homenaje a Enrique Cuesta y Antonio Gómez en Donostia.
Homenaje a Enrique Cuesta y Antonio Gómez en Donostia.EFE

¿Cómo se explica el aumento de poder que ha tenido Bildu en estos últimos años? Cuentan con 21 diputados en el País Vasco, siete en Navarra y cinco en el Congreso. «Porque no ha habido una depuración de responsabilidades desde el punto de vista social y político», lamenta Cuesta para expresar que no entiende cómo los partidos constitucionalistas que más han sufrido el terror de ETA «están a la baja» y «los partidos que han legitimado el terrorismo están triunfando». A su juicio este «es el mayor logro del terrorismo», el hecho de «haber convertido a la sociedad vasca en una sociedad sin autocrítica que premia a los partidos que más cerca han estado del terrorismo».

Las víctimas tienen claro que, aunque el escenario es mejor que hace diez años, el saldo es negativo debido a la «impunidad judicial» que hace que el relato abertzale impere. «Estamos mejor en el sentido de que ETA no mata con pistolas, pero sí mata conciencias». Ante los homenajes, a Cuesta lo que la «revictimiza» es que «los poderes del Estado no actúen».

Ordoñez asegura que ella va a repetir siempre, para que se haga justicia que “se han arrodillado ante ETA. Uno gobierno negoció y el otro ejecutó su plan”. Subraya que lo que, lo que nadie le va a quitar son “los principios que heredé de mi hermano”. “Quiero que se sepa la verdad, esa que dice parece que no convence a nadie. Nunca lo van a reconocer porque quieren hacer ver que no hubo un precio político”, sentencia.