La cama de Sánchez y Díaz
Si Sánchez cede, y la disputa por liderar la nueva reforma laboral se salda del lado de Díaz, es que electoralmente el PSOE anda peor de lo que creemos
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La sangre no va a llegar al río y la fricción en el seno del Gobierno de coalición no va a llegar a ruptura. No es por falta de ganas, sino porque los números mandan y, si mañana hubiese elecciones, la suma de PSOE, Podemos e independentistas, nacionalistas y regionalistas, sería menor que la de PP y Vox.

Pero no hay duda de que la crisis entre Podemos y el PSOE es un anticipo de lo que queda por delante en la legislatura.

Ambos están mal electoralmente y capitalizar ante el electorado la derogación de la reforma laboral que hizo el Partido Popular es una prioridad. Solo en esa clave se explica la arremetida de Yolanda Díaz contra el propio Pedro Sánchez.

Sánchez juega en un terreno pantanoso. Está obligado a apoyar a Calviño porque una nueva desautorización haría muy incómoda la continuidad en el gabinete de la ministra pero, por otra parte, si Podemos se hunde, el PP llegará a la Moncloa. Es decir, que se debate internamente entre la necesidad de liderar alguna de las reivindicaciones más importantes de la izquierda social y recuperar algún voto o, en cambio, dar ventaja a sus socios para que pesquen en ese caladero.

No es el único elemento que pesa sobre el líder socialista. Hace solo unos días, se comprometió ante el PSOE a volver a los orígenes socialdemócratas. Si la regulación del mercado laboral se cede a los populistas, sería el primer incumplimiento de su palabra que, aunque no sea lo que más le importe, sí podría generar nuevas tensiones internas que romperían el relato de unidad que se ha empeñado en proyectar.

Tampoco hay que obviar que si hay algo que no soporta el líder de PSOE es que Díaz tenga mejor valoración que él o que pueda ser percibida como presidenciable. Por eso, es probable que en su cabeza el conflicto sea visto como el primer asalto de un combate de boxeo entre el campeón y un aspirante y que esté dispuesto a lo que sea para que acabe con una victoria suya.

Muchos están impacientes por ver cómo actúa el nuevo Sánchez. Iván Redondo solo tuvo un mérito: consiguió alinear la ambición desmedida de Sánchez con posiciones atrevidas e, incluso, temerarias en ocasiones. El resto era sencillo, construir para el presidente frases y discursos.

Ahora es diferente. Óscar López trabajó con dirigentes más inteligentes pero menos suicidas, no es seguro que encajen haciendo equipo, la compleja personalidad del líder sumada a sus odios, complejos, miedos y carencias, hacen impredecible su comportamiento.

Si Sánchez cede, y la disputa por liderar la nueva reforma laboral se salda del lado de Díaz, es que electoralmente el PSOE anda peor de lo que creemos y necesita parar la caída morada.

En resumen, formar parte del ejecutivo debe ser algo así como estar durmiendo con su enemigo. Después de hacerse el amor, duermen con un ojo abierto vigilando no ser asesinado por el otro