Sánchez pone en jaque la legislatura por salvar la reforma laboral

El giro hacia Ciudadanos, dando la espalda a los socios de investidura, complicaría la viabilidad de otras leyes en el futuro

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados FOTO: Eduardo Parra Europa Press

Una semana. Este es el margen que le queda al Gobierno para conseguir concitar los apoyos suficientes para convalidar la reforma laboral. Una semana «en la que pueden pasar muchas cosas», según anticipan desde Moncloa, donde todavía no tienen despejado el horizonte de alianzas en el Congreso de los Diputados para hacerlo posible. Existen varias fórmulas. Unas más solventes que otras. Unas más complicadas que otras. Desde el Ejecutivo se había delegado en Yolanda Díaz la labor de cuadrar las cuentas parlamentarias, pero las resistencias de los socios habituales –ERC, PNV y EH Bildu– han hecho que el discurso evolucione desde dar «prioridad» a las fuerzas con «afinidad ideológica», esto es, la mayoría de la investidura que sostiene a la coalición, hasta hacer un llamamiento a todos los partidos, también PP y Ciudadanos, porque es una «reforma de Estado, una reforma de país» que requiere de todos los partidos.

En este escenario, no se oculta que la vía de Ciudadanos y los partidos minoritarios y regionalistas (PDeCAT, Compromís, Más País, Teruel Existe, UPN o PRC, entre otros) es la más madura, porque en la mayoría de los casos ya han avanzado un apoyo gratuito, que permite mantener el objetivo prioritario de Moncloa: no tocar una coma de la redacción actual. También en esto hay evolución. Hasta ahora desde el PSOE no se había llamado a los de Inés Arrimadas como gesto hacia Podemos, que rechaza de plano explorar esta vía, pero llegados a este punto, ya existen contactos en el ámbito parlamentario que permiten abonar esta entente. Una entente que, sin embargo, entraña un doble riesgo. Por un lado, el numérico: la mayoría no es lo suficientemente solvente y apenas deja un par de votos de margen para equivocaciones o ausencias. Por otro, porque pone en jaque los pilares sobre los que se asienta el Gobierno de coalición.

De este modo, se da la circunstancia de que Sánchez, por salvar la reforma laboral con Ciudadanos, en los términos actuales, podría condicionarse el desarrollo de lo que queda de legislatura y la viabilidad de otros proyectos y leyes futuras que deben salir adelante y que no lo harán con los naranjas como aliados. Se pone el foco, por ejemplo, en la Ley de Vivienda, la ley Audiovisual u otras normas más ideologizadas, en las que el Gobierno apoya el grueso de su agenda legislativa y sus opciones de revalidar la Moncloa. De este modo, los socios del Ejecutivo ya advierten de que no se puede romper el vínculo que se ha cultivado hasta ahora y que, de hacerlo, podría tener consecuencias.

En todo caso, la vicepresidenta Díaz sigue trabajando en lograr el apoyo de estos aliados habituales, pero con poco margen de maniobra. En Moncloa «no contemplan otro escenario» que lograr una «convalidación en los términos actuales», «en la integridad del acuerdo», sin modificar la redacción del pacto logrado en el diálogo social. Según fuentes socialistas, ni siquiera se valora tramitarlo como proyecto de ley para poder introducir cambios en su andadura parlamentaria y se recuerda que la reforma laboral ya está vigente, porque entró en vigor tras su publicación en el BOE el 30 de diciembre. En este contexto, desde la Vicepresidencia segunda se buscan fórmulas externas, en otras normativas del marco laboral, en las que dar entrada a las exigencias de sus socios, como la del PNV de lograr la prevalencia de los convenios autonómicos sobre los estatales. Sin embargo, en Moncloa se apunta que, cualquier modificación, también en estos marcos externos a la reforma laboral, como pudiera ser el Estatuto de los Trabajadores, tendrán que contar con el acuerdo del diálogo social y tanto empresarios como sindicatos rechazan la prevalencia que piden los nacionalistas vascos.

Ante la complicada negociación, existe el temor en Podemos a que si la reforma laboral no sale adelante con los socios, el bloque se resquebraje y afecte a la agenda legislativa que queda por delante. Y es que, el bloque de la moción de censura nunca se caracterizó por ser una alianza consolidada, sino que sus protagonistas la concibieron como un «muro de contención» frente al posible ascenso de la derecha. Es esta la máxima que hace a sus principales actores seguir conectados. Un análisis que tienen muy presente los morados, que ven como este bloque puede sufrir una grave herida en el ecuador de la legislatura, si Ciudadanos entra en la ecuación.

El temor a la ruptura del bloque de la moción fue ayer explicitado en público por el secretario de Estado de Agenda 2030, Enrique Santiago, que alertó de que un acuerdo sin los socios implicaría que «quedaría hipotecada» esta mayoría para el resto de investidura. De la misma manera desde el grupo parlamentario se advirtió de estos mismos riesgos, definiendo a la mayoría progresista como un «jarrón chino» que una vez roto «pueden recomponerse las piezas» pero es «difícil» recuperar la confianza. Para evitar este escenario, Yolanda Díaz viajará esta semana a Cataluña para reunirse con los sindicatos, para así seducir a los republicanos. Desde su entorno aseguran que hay avances con ERC, aunque reconocen que el apoyo de Bildu será más difícil.