La España persistente en el Sáhara: se habla castellano y se controlan mar y cielo

El Gobierno quiere desprenderse del estatus de “potencia administradora” de la antigua colonia por las obligaciones que comporta. Pero su vínculo cultural y administrativo es completamente demostrable

Magreb
Magreb FOTO: Antonio Cruz

No se puede afirmar, con toda rotundidad, que el Sáhara Occidental es una España que dejó de serlo por completo. Aunque desde hace más de 40 años España ha dado pasos más que claros para desligarse de su antigua provincia, permanecen vínculos irrefutables. Uno, sencillo de comprobar: la presencia de la lengua española en el territorio. Y otro, bastante más complejo: su estatus como “potencia administradora” que reconoce el derecho internacional.

Rebobinemos. España colonizó este territorio del norte de África —que limita con el océano Atlántico y con los países de Mauritania (al este y al sur), Marruecos (al norte) y Argelia (noreste)— en la segunda mitad del siglo XIX, aunque ya había realizado incursiones siglos atrás.

La presencia española se mantuvo durante buena parte del siglo XX (formalmente desde 1958 a 1976), aunque en 1961 España ya dio las primeras muestras de alejamiento. Fue en ese momento cuando España aceptó la consideración del Sáhara Occidental como “Territorio No Autónomo” ante las Naciones Unidas. Se desencadenó así el nuevo estatus de España ante el Sáhara como “potencia administradora”, una consideración establecida por las propias Naciones Unidas previa a la descolonización.

En este estatus se centra buena parte del embrollo internacional de España en este asunto, puesto que este rol de “potencia administradora” comporta una serie de obligaciones (políticas y económicas) que los sucesivos gobiernos españoles no han querido para sí.

España se va, sus obligaciones se quedan

Tras la “marcha verde” (la invasión marroquí del Sáhara) de 1975, España optó por abandonar el territorio. De hecho, ya estaba presionada para hacerlo desde hacía algunos años. En concreto, desde 1970, año en que Naciones Unidas solicitó a España la celebración de un referéndum de autodeterminación en su provincia del Sáhara.

Se negó en un principio, pero accedió a ello en 1974 después de la presión del Frente Polisario —fundado en 1973 con el propósito de lograr la independencia saharaui—. La votación debía celebrarse en 1975, pero la oposición de Marruecos, que reclamaba la soberanía sobre el territorio, y la guerrilla del Polisario hicieron descarrilar el proceso.

Solo seis días antes de la muerte de Franco, el 14 de noviembre de 1975, España firmó un acuerdo con Marruecos y Mauritania para crear una administración tripartita y transferir así los poderes.

Pero este llamado “Acuerdo de Madrid” quedó en papel mojado ante la Asamblea General de la ONU, que no tomó en consideración ninguno de estos compromisos entre los tres países. Es decir, que a ojos de Naciones Unidas, España seguía siendo “potencia administradora”.

Insistió España en romper con el Sáhara Occidental y comunicó formalmente a la ONU en febrero de 1976 que daba término “definitivamente” a su presencia en la zona y que, por tanto, se consideraba “desligada de toda responsabilidad”.

Pero esta iniciativa unilateral no resuelve, en realidad, las dudas respecto a su rol de “potencia administradora”, que, entre otros asuntos, la obliga a culminar la descolonización con un referéndum de autodeterminación (a lo que Marruecos se opone frontalmente). De hecho, Naciones Unidas ni reconoce ningún estatus a Marruecos sobre el Sáhara, puesto que a sus ojos lo que ha llevado a cabo es una “ocupación continuada” desde 1975.

Con lo cual, España no ha cumplido las obligaciones políticas establecidas por la ONU en el Sáhara, pero tampoco las de carácter económico. Probablemente el ejemplo más claro de esto último es el acuerdo pesquero de la UE con Marruecos, que afecta a las aguas del Sáhara Oocidental y que, según el catedrático Carlos Ruiz Miguel, puede considerarse como una violación de las obligaciones adquiridas por España, ya que este acuerdo no beneficia a la población local saharaui y fue impulsado activamente por nuestro país.

Las competencias de España en el Sáhara

Este mismo catedrático conscluye, además, que “es discutible afirmar que España ha abandonado completamente la administración del territorio, puesto que mantiene algunas competencias administrativas en dos campos: el espacio aéreo y las áreas de salvamento y rescate marino”.

En el caso del espacio aéreo del Sáhara Occidental, este se halla incluido en el espacio aéreo de España (”Canary Islands Flight Informatcion Region UA”) y, en consecuencia es nuestro país quien otroga los permisos de vuelo sobre este territorio.

La lengua española en el Sáhara

Pero la huella de España va más allá de sus competencias. También está presente en el propio nervio cultural del territorio. El español es hablado en el Sahara Occidental y también por los saharauis de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) que viven en el exilio en Argelia.

En la RASD se estudia también el español como lengua cooficial en las escuelas y, de hecho, el gobierno saharaui lo emplea en la administración (especialmente en el área de salud y emitiendo todos los comunicados en ambas lenguas). Se usa también en los medios de comunicaciones locales desde 1975.