El corredor Varsovia-Madrid que han iniciado los abogados para recoger a refugiados ucranianos

Un grupo de letrados viaja a Polonia para firmar convenios, dejar guías y organizar la llegada de unas 200 personas que huyen de la guerra

Una refugiada ucraniana abrazando a su familiar
Una refugiada ucraniana abrazando a su familiar FOTO: AMEL PAIN EFE

Un corredor para refugiados ucranianos rápido y controlado para evitar cualquier peligro sobre la trata de seres humanos. Esto es lo que están intentando organizar un grupo de abogados madrileños y una letrada ucraniana que viajaron la pasada semana a Polonia para poner todo en marcha. Allí han firmado un convenio con sus pares y han dejado guías para que conozcan los requisitos que deben tener si su destino es España. Objetivo Varsovia-Madrid.

“Primero fuimos al colegio de abogados, luego hemos estado en un centro de refugiados, les hicimos una compra y después estuvimos en la frontera con Ucrania”, explica Emilio Ramírez, abogado y jefe del departamento de Extranjería del Colegio de Abogados de Madrid. Con él ha ido también el letrado Eugenio Ribón y la abogada ucraniana Daria Kvasnevska, colegiada en Madrid, que ha servido de enlace. Los contactos previos para el viaje los habían realizado con el jefe del departamento legislativo del Parlamento Polaco, Radek Radoslawski y, con él, se han movido por todo el territorio.

Entre abogados se entienden todos esos trámites complejos. Y esa es precisamente la intención, entenderse. Facilitar los procesos burocráticos y compartir las minucias legales de un país y de otro para que unos 200 ucranianos puedan llegar a España en los próximos días. “Estamos incidiendo en que haya cierto control a la hora del transporte para que nadie se pueda aprovechar con trata de blanca, o de los menores”, relata Ramírez. Así, han pedido a asociaciones como Cáritas que están sobre el terreno que les remitan los datos de los que van a viajar para hacer seguimiento.

En Madrid, una vez el Colegio de Abogados anunció su intención de iniciar estos trabajos, hubo una avalancha de voluntarios dispuestos a colaborar con diferentes vertientes: poniendo su despacho a disposición de los recién llegados, ayudando a gestionar trámites o, incluso, con sus propias casas para los huéspedes. Ahora mismo, según los datos que han facilitado a LA RAZÓN, hay unos 300 abogados con más de cinco años de conocimiento en Extranjería -e indispensable conocimiento de inglés- que han conformado la bolsa de voluntarios de la que tirar.

Muchos cogen el teléfono y atienden dudas y, de esos, 200 familias de colegiados están ya preparadas para acoger. Una vez se inicien los viajes se irán repartiendo en los diferentes puntos de la capital.

En España hay trabajando 4 centros de refugiados que dependen del Ministerio del Interior. En total, unos 16.000 han llegado ya, de los que 3.500 recayeron en la capital. El Colegio de Abogados de Madrid trabajará concretamente con uno de los centros que se ubica en Pozuelo. Los letrados destacan que la labor de Interior está siendo remarcable y que, incluso, otros países se están fijando en cómo lo está haciendo España en este sentido. “Cuando llega el refugiado al centro de acogida en 40 minutos sale ya documentado y al día de todo”, resalta Ramírez.

El trabajo de la Unión Europea ha supuesto el impulso necesario para que los ucranianos lo tengan fácil a la hora de reubicarse en Europa con un permiso de un año prorrogable a dos para poder trabajar.

Y, en este sentido, los abogados son conscientes de que lo más difícil viene ahora. Por eso, el proyecto no acaba aquí, sino que se están organizando para que, una vez asentados, puedan asistir a cursos o a clases de español. “Que no solamente tengan sus papeles, sino empezar a dar cursos, contarles cualquier consulta legal”, expresan.

Tras la primera ola, además, los refugiados que llegan ahora son los que más ayuda van a necesitar, dicen. “Lo que nos cuentan ahora en los campos de refugiados es que estaban recibiendo 6.000 personas al día y ahora están recibiendo 600. Por la escasez de la gasolina y porque las ciudades están asediadas por los rusos no pueden salir”, aclara Ramírez. Pero no solo: “los que venían antes eran los refugiados con mejor situación económica. En la primera ola la mayoría se ha colocado muy fácilmente. Se podían permitir un hotel, tenían contactos, se han alquilado casas... El problema es ahora, la segunda ola de gente que viene y que no tiene nada”, expresa. Las autoridades allí creen que las personas que empiecen a huir ahora serán las que necesiten ayuda y asistencia de forma más acuciante.

Sobre el terreno lo que más ha llamado la atención a Ramírez son los niños. Sus miradas descorazonadas, dice. “No es lo mismo que te cuenten cómo funcionan los campos de refugiados a que vengas y lo veas. Venimos un poco como institución para transmitir esto”, explica. Allí han dejado dos guías detalladas y han intercambiado muchos teléfonos para que este corredor pueda funcionar.