Sale en libertad un etarra que asesinó a un capitán de la Guardia Civil en Pamplona

El cuerpo del agente permaneció atrapado durante hora y media tras la explosión de una bomba en su coche

Recibimiento al etarra Altable tras salir de la cárcel de Pamplona a donde el Gobierno le había trasladado para que estuviera cerca de su casa (Etxerat)
Recibimiento al etarra Altable tras salir de la cárcel de Pamplona a donde el Gobierno le había trasladado para que estuviera cerca de su casa (Etxerat) FOTO: jmz al

El etarra Jesús María Altable Echarte ha salido hoy de la prisión de Pamplona, tras cumplir 27 de los 30 maños a los que fue condenado por el asesinato del capitán de la Guardia Civil del Servicio de Información Luis Ollo Ochoa. . El agente había recibido amenazas y su cambio de destino al frente de la Compañía de Aoiz no fue suficiente para que la banda terrorista abandonara la idea de matarlo.

El 27 de mayo de 1984, el capitán se encontraba junto a su esposa, Blanca Esther Pérez Aramendía, en el barrio pamplonés de la Chantrea. Se despidieron y el capitán subió a su vehículo para dirigirse a su puesto de trabajo. Al arrancar el coche, una bomba de cuatro kilos de Goma 2 estalló, matándolo en el acto y dejando su cuerpo atrapado en un amasijo de hierros durante hora y media, hasta que pudieron rescatarlo. Su esposa sufrió heridas en la cara y el costado, y lesiones en los oídos. El matrimonio tenía una hija de 24 años, que estudiaba medicina, y un hijo de 22 que se preparaba en la Escuela de Suboficiales de Talarn (Lérida) para ser militar. El xcapitán era navarro, de Ochagavía.

Tras la explosión, ón, la esposa del militar intentó• incorporarse mientras exclamaba «me han matado a mi marido, me han matado a mi marido». Una vecina, que había bajado pensando que sus hijos pequeños podían estar allí —unos segundos antes habían estado jugando en las inmediaciones del vehículo— la atendió y le pidió que se tranquilizase, aunque ella seguía repitiendo las expresiones señaladas. Esta misma vecina, vuelta hacia el capitán Ollo, le dijo: «tranquilo, majico, tranquilo». Según su testimonio, la cabeza del capitán Ollo, que tenía los ojos abiertos, hizo «un fuerte movimiento afirmativo», poco antes de expirar, según narró la prensa ese día que publicó la fotografía del guardia civil atrapado en el coche poco antes de morir. LA RAZÓN no publica esas fotografías por respeto a la víctima y a sus familiares.