De Guindos corteja a Feijóo y abre la puerta a entrar en su Gobierno

El PP liga la renovación del Poder Judicial a la del Constitucional y exigirá uno de los dos vocales que, en teoría, corresponden al Ejecutivo

El que fuera ministro de Economía, Luis de Guindos
© Alberto R. Roldan / Diario La Razón
18 10 2017
El que fuera ministro de Economía, Luis de Guindos © Alberto R. Roldan / Diario La Razón 18 10 2017 FOTO: Alberto R Roldán La Razón

Las cartas del equipo de Alberto Núñez Feijóo no han sido todavía puestas todas boca arriba. Estar en la oposición tiene el inconveniente de que el partido no puede pagar los sueldos que se cotizan en la actividad privada y la cantera de ex altos cargos del PP se fue recolocando en buenos puestos al dejar la política tras el amplio proceso de renovación que impulsó Pablo Casado.

El vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos, es una de las «cartas» tapadas de Feijóo. Los dos mantienen buena relación desde hace tiempo y ésta se ha estrechado con los cambios en la dirección del PP y el salto a la arena nacional del político gallego. Hablan, intercambian información, papeles: De Guindos es una de las personas a las que Feijóo escucha con atención. Para marcar diferencias con la etapa anterior, el nuevo equipo del PP ha hecho gala, nada más llegar a Génova, de una política de apertura y de reactivación de relaciones en distintos ámbitos económicos y empresariales, en los que el partido había dejado huecos por ocupar. De Guindos está cortejando a Feijóo y sus más cercanos sostienen que está listo para volver a la política nacional si así se le pide. Por el alto puesto que hoy ocupa sólo podría hacerlo ya como vicepresidente, todopoderoso, de un Gobierno del PP. La espina que le dejó clavada Mariano Rajoy.

Para Feijóo, el nombre de De Guindos suma en su carta de presentación por su experiencia nacional de gobierno y por el crédito y los contactos que tiene fuera de España. Además de su conocimiento del inglés, que cubre también otros vacíos del jefe de la oposición. El vicepresidente del BCE fue nombrado para el cargo en junio de 2018 por un periodo no renovable de ocho años.

Aquellos que tienen relación habitual con De Guindos coinciden en asegurar que, si le llamara Feijóo para entrar en su gobierno, se prestaría a volver a España. Ya ha hecho el recorrido internacional y, tanto por experiencia acumulada como por edad, dicen que le apetecería volver a «casa». Tiene una amplia carrera en el sector público y privado. En el sector público, ascendió hasta número dos de Rodrigo Rato con el Gobierno de Aznar y volvió a ser ministro de Economía a partir de 2012 con Mariano Rajoy. Su relación con la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, no fue buena, y tampoco tiene la mejor de las impresiones del presidente Rajoy. Su última etapa de ministro, durante los años del rescate bancario español, estuvo asociada a los recortes y a las reformas.

El presidente del PP también se nutre de información económica de otros ex altos cargos de la etapa de Rajoy y de Aznar bien posicionados. Y ha abierto, además, una ronda de contactos con el mundo de la empresa y de las finanzas, además de con otros sectores sociales, incluido el de la cultura para romper prejuicios «instalados en las dos partes», precisan en la dirección nacional.

De Guindos no es el único exministro que ronda al nuevo líder del PP. Los populares se han instalado en un estado de confianza y optimismo, que hasta ahora no tenían, respecto a las posibilidades de alcanzar La Moncloa. Y el cambio de proyecto, y las expectativas, están haciendo que llamen a la puerta, de momento para ofrecer sólo su ayuda, altos cargos referentes de anteriores gobiernos populares. Entre los nombres de los que hablan en el partido está, por ejemplo, el del exministro de Educación Íñigo Méndez de Vigo.

En el tiempo de aterrizaje en Génova de Feijóo cogió fuerza el rumor que señalaba a la exministra Fátima Báñez, hoy en la Fundación de la CEOE, como uno de los nombres a tener en cuenta. Las quinielas no se cumplieron y en el partido avisan de que «hay que tomar nota de la cercanía de Báñez a Sáenz de Santamaría», a quien en el entorno de Feijóo responsabilizan de la campaña orquestada en su contra en la etapa final de Rajoy «con filtraciones intencionadas de fotos de hacía más de 20 años».

La alternativa económica presidirá la política de Feijóo a partir de septiembre. Las elecciones andaluzas son un «impasse», y, cuando se conozca su resultado, se medirá la capacidad de las dos partes, Gobierno y PP, de acercar posiciones sobre el desbloqueo del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), que este PP vincula a la renovación, también pendiente, del Constitucional (TC).

Con el acuerdo entre el Gobierno y el PP de Casado, el TC dio en noviembre el primer paso para un cambio de mayorías en el tribunal en favor del sector progresista. El giro total, que anhela el Gobierno de Sánchez, debe producirse en junio, cuanto tocan otros cuatro relevos, de los que dos corresponden al Gobierno (el PP sostiene que uno es suyo porque siempre se ha ofrecido a la oposición) y otros dos al CGPJ. El Ejecutivo pretende llevar a cabo en plazo los nombramientos, pero no hay garantías si para entonces no se ha desbloqueado el Poder Judicial. La Constitución prevé que las renovaciones del TC se harán por tercios cada tres años, es decir, con el relevo en cada caso de cuatro de los doce magistrados que componen el Pleno. Si el Poder Judicial no ha recuperado su capacidad de realizar nombramientos, cegada por iniciativa del Gobierno en respuesta a la falta de acuerdo, podría interpretarse que no se ha cumplido el mandato constitucional de la renovación por tercios y cerrar el paso a las designaciones que corresponden al Gobierno.