Feijóo «aguantará» a Vox en Castilla y León hasta las municipales de 2023

El PP valorará romper la coalición después del nuevo reparto de ayuntamientos

El presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo ayer en La Coruña
El presidente del Partido Popular (PP), Alberto Núñez Feijóo ayer en La Coruña FOTO: César Arxina Europa Press

El Gobierno de coalición de Castilla y León está anticipando las incompatibilidades, «insalvables», que se encontrarían PP y Vox para gestionar juntos el Palacio de la Moncloa. El único espacio que le queda a Vox para distinguirse del PP de Feijóo es el que le lleva a exagerar aún más la ideología, justo en un momento en el que la situación económica amenaza con complicarse tanto que convierta en una estridencia la mayoría de los planteamientos que se alejen de la estricta respuesta a la pérdida de poder adquisitivo de las familias, y de competitividad de las empresas, por la escalada de la inflación y la amenaza de una recesión económica.

La incomodidad del PP con su socio de gobierno es manifiesta, pero el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, ha tenido que morderse los labios para no saltar en respuesta a las salidas de tono de su vicepresidente, Juan García-Gallardo, mientras estaba en juego la campaña de las elecciones andaluzas. Pasaron los comicios, con éxito para el candidato popular, Juan Manuel Moreno, y la tensión se mantiene porque Vox cree que le beneficia para marcar un perfil propio. De hecho, el PP da por descontado que no mejorará en los próximos meses porque ya está prácticamente en marcha el ciclo electoral que lleva a las autonómicas y municipales de la próxima primavera. Al contrario, para lo que se preparan es para que el pulso vaya a más.

Ahora bien, cuando se aclare ese proceso electoral, y se definan los equilibrios de poder entre los dos partidos en las alcaldías, y los posibles acuerdos que puedan llegar a ser necesarios para no dejar gobiernos con mayoría del centro derecha en manos de la izquierda, entonces sí puede llegar el golpe en la mesa del Gobierno de Castilla y León por parte del PP, y que se rompa el acuerdo de coalición. Esta decisión no se ejecutará en ningún caso antes de que pasen las municipales porque el PP sabe que necesita «aguantar» y «mantener las formas» para que luego Vox no se vengue con ellos en las Alcaldías. Pero, además de una posición táctica para posibles alianzas en los ayuntamientos, las «estridencias» del socio de gobierno también creen que les puede venir bien para cuando llegue el siguiente examen electoral. A fin de cuentas, Castilla y León puede ser el espejo en el que Vox se retrate por primera vez como gestor, y que esto sirva para que «los votantes tomen nota de lo que ofrece realmente este partido cuando tiene que convertir sus promesas y su ideología en decisiones en la administración», según el análisis que airean en el principal partido de la oposición.

Mañueco tuvo que asumir sobre sus espaldas el coste de la última campaña electoral que pilotó el PP de Casado, y ahora tiene que cargar con el peso de servir de espejo de lo que hay detrás de la marca Vox «en cuanto a gestores y en cuanto a capacidad de gestión». En Castilla y León la coalición es, sin duda, como un «vía crucis» para los populares, pero en Génova creen que el «sufrimiento» del presidente de la Junta puede serles útil para «desnudar» a Vox ante los votantes.

El equipo de Feijóo no dará tregua a su competidor por la derecha a nivel nacional. La estrategia de esta dirección se sostiene en centrarse en reforzar su alternativa, y les importa casi más el trabajo que están haciendo fuera de los focos que la tensión mediática. Entre bambalinas el Partido Popular ha puesto en marcha una amplia campaña de reuniones y contactos privados del equipo de Feijóo con agentes económicos de todos los sectores. También de la sociedad civil, y, además, ya han empezado a cortejar al PNV, con cuya cúpula Feijóo mantiene una buena relación, especialmente con el lendakari, Íñigo Urkullu. Estos lazos vienen de su etapa como presidente de la Xunta.

La tarea de «ocupar» la sociedad civil es la prioridad de la dirección popular, dicen que porque quieren conocer «la realidad que hay fuera del Parlamento», pero, también, porque es el camino para mejorar las conexiones del jefe de la oposición. La experiencia de gestión de Feijóo, con sus cuatro mayorías absolutas en Galicia, le están ayudando a abrirse puertas en las que se encontró una mayor resistencia el anterior líder popular.

De toda esta estrategia diseñada en Génova cuelga el interrogante sobre cuál puede ser el comportamiento del electorado del centro-derecha en los siguientes exámenes electorales. Castilla y León no era Andalucía. Y Andalucía tampoco es Madrid, por ejemplo. La próximas grandes batallas autonómicas entre el PSOE y el PP se librarán en Valencia y en Castilla-La Mancha: en las dos comunidades las encuestas animan las expectativas de los populares y alertan a los socialistas.

Precisamente, esta incomodidad electoral, que castiga a las siglas socialistas, es lo que apuntala la tesis de que el PSOE no va a introducir modificaciones a medio plazo en el calendario electoral establecido. Las especulaciones sobre un adelanto en la Comunidad Valenciana han quedado silenciadas después del batacazo del PSOE en Andalucía. Y el presidente Pedro Sánchez tampoco puede arriesgarse a jugar con los tiempos de las elecciones generales en esta situación. Al contrario, lo que busca es ganar tiempo para ver si afloja la inflación y las medidas para paliar los efectos de la inflación acaban de ser mejor valoradas por la ciudadanía.