El Ejército de Tierra español desarrolla el vehículo Pitón para poner cerco a las amenazas NBQ

El Ministerio de Defensa ha destinado un millón de euros al diseño del prototipo

Ejercicio con medios NBQ del Ejército
Ejercicio con medios NBQ del Ejército FOTO: Ejército de Tierra

Vamos por la séptima ola Covid y, aunque la pandemia ya no ocupa los grandes titulares de hace un año, sigue marcando la actualidad hasta el punto de que ha obligado a las Fuerzas Armadas a reforzar ciertas capacidades, de esas que se suelen menospreciar cuando no hacen falta, como la sanidad militar o la defensa contra las amenazas NBQ (Nuclear, Biológica y Química). El Ejército de Tierra es un buen ejemplo de cómo han enfrentado las FFAA esta situación. Tenían pocas armas para enfrentarse a este enemigo y no había demasiadas opciones en el mercado, así que, en plena crisis sanitaria, pusieron a trabajar a los suyos en un pequeño robot autónomo, el Atila, con una lámpara germicida que desinfecta una estancia en pocos minutos. Ahora, desarrollan un nuevo vehículo NBQ al que han bautizado como Pitón.

El objetivo es claro: estar mejor preparados para hacer frente a la B mayúscula, a los agentes biológicos que están por venir; virus, bacterias o lo que sea. No hay que olvidar que, en los momentos más duros, en marzo, abril o mayo de 2020, con el Palacio de Hielo lleno de ataúdes y las calles vacías, las Fuerzas Armadas estaban en primera línea, luchando contra un enemigo invisible en las residencias o gestionando las ingentes cantidades de material sanitario adquiridas en tiempo récord para protegerse de la Covid. Como siempre, los militares respondieron primero en la operación Balmis y después en la misión Baluarte.

Pero la B no es lo único que preocupa y, ya que estamos, el Ejército se ha puesto a mejorar sus medios contra los otros dos enemigos –la N (radiación nuclear) y la Q (agentes químicos)-, igual de invisibles y silenciosos, igual de letales... No es como con la pandemia, que más que verle las orejas al lobo sentimos su aliento. Hemos aprendido y ahora con verle asomar el hocico ya nos ponemos en alerta. Y el hocico ha asomado en Ucrania. En los primeros días de la invasión, las tropas rusas tomaron la antigua central nuclear de Chernóbil, una zona con altos niveles de radiación todavía hoy. Poco después, el ataque a la planta de Zaporiyia, la más grandes de Ucrania con seis reactores activos, ocupó todas las portadas e hizo temer una escalada nuclear del conflicto. Si hablamos de la guerra química, la Rusia de Vladimir Putin también es una experta en el uso sin miramientos de agentes neurotóxicos para envenenar opositores y díscolos, una táctica más propia de otras épocas. Los agentes de este tipo son, además, un enemigo presente en la naturaleza, en forma de gases, en fenómenos como la reciente erupción del volcán Cumbre Vieja en La Palma. Una emergencia, por cierto, a la que también acudió el Ejército.

Vehículo de Reconocimiento de Áreas Contaminadas (VRAC). Foto: Ejército de Tierra
Vehículo de Reconocimiento de Áreas Contaminadas (VRAC). Foto: Ejército de Tierra FOTO: Ejército de Tierra

Salta a la vista, las amenazas NBQ están más presentes que nunca. La última apuesta para combatirlas es como decíamos el futuro vehículo de reconocimiento Pitón del Ejército de Tierra. Y la Dirección General de Armamento y Material (DGAM), el órgano del Ministerio de Defensa responsable de las compras, acaba de poner en marcha el programa.

El proyecto tiene un presupuesto inicial de un millón de euros (1.074.380) para el desarrollo de un prototipo. La idea es diseñar un demostrador con una serie de equipos que, si superan los test, serán después integrados en la versión final, que previsiblemente será producida después en serie. En este tipo de vehículos la pieza clave son los sensores. El Ejército apuesta por la instalación de sensores con la última tecnología capaces de detectar los agentes tradicionales pero también los más nuevos. Estos dispositivos, además de identificar la amenaza, impiden que la contaminación externa pueda acceder al interior del vehículo. El contrato está actualmente en fase de evaluación, por lo que pronto se conocerá la empresa que liderará el proyecto.

Tierra trabaja desde hace algún tiempo en los requisitos de este vehículo de defensa NBQ para su futura brigada, en el marco del proceso de definición de la Fuerza 2035. La plataforma deberá dotar a todas las unidades de reconocimiento del Ejército especializadas en defensa Nuclear, Biológica y Química (NBQ).

El referente actualmente en este tipo de amenazas es el Regimiento de Defensa NBQ Valencia nº1. Además, las ocho brigadas disponen de una compañía especializada -con una sección de reconocimiento ligera- y las comandancias generales de Ceuta y de Melilla tienen un centro de control NBQ. Con este programa, el Ejército también apuesta por unificar en una sola versión la actual y muy variada flota de vehículos de las compañías NBQ: Vamtac, Santana Aníbal, Transporte Oruga Acorazado (TOA)...

Vehículo Vamtac con equipos NBQ
Vehículo Vamtac con equipos NBQ FOTO: Ejército de Tierra

Más Vamtac, filtros, detectores y hasta un laboratorio

Este no es el único programa en marcha. El Ejército, de hecho, tiene un plan más amplio para reforzar las capacidades NBQ. A través de varios contratos, la Fuerza Terrestre, y también la Unidad Militar de Emergencias, han ido adquiriendo de forma progresiva desde el inicio de la pandemia material para combatir este tipo de amenazas. Entre este año y el que viene, las secciones de reconocimiento ligero de las brigadas recibirán Vamtac con equipos NBQ. También están entre las prioridades la compra de sensores vehiculares y la modernización de los blindados medios sobre ruedas (BMR) VRAC, siglas de Vehículo de Reconocimiento de Áreas Contaminadas.

El Ejército ha comprado -o está en proceso- detectores de agentes de guerra química, filtros NBQ para sus vehículos BMR, Centauro, Leopardo y Pizarro y trajes de protección para los militares. A esto hay que sumar la reciente llegada al Regimiento de Defensa NBQ de un nuevo laboratorio químico desplegable, diseñado por Indra, para reforzar la seguridad de los soldados españoles en misiones. Por su parte, la UME tramita la compra de estaciones de descontaminación NBQ de personal y material pesado, junto con tiendas para realizar todo el proceso.