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La división de la derecha hunde al PP y da el Gobierno a Sánchez

Pedro Sánchez logra una holgada victoria que pone la presión en Rivera para evitar a los independentistas. Vox irrumpe con 24 diputados pero no cumple las expectativas y moviliza el voto de izquierda.

  • Pedro Sánchez, acompañado por su mujer, María Begoña Gómez, Carmen Calvo (i) y Adriana Lastra, durante la celebración de los resultados electorales en la sede del PSOE. EFE/Javier López
    Pedro Sánchez, acompañado por su mujer, María Begoña Gómez, Carmen Calvo (i) y Adriana Lastra, durante la celebración de los resultados electorales en la sede del PSOE. EFE/Javier López

Tiempo de lectura 4 min.

29 de abril de 2019. 07:20h

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Carmen Morodo 28/4/2019

El PSOE ganó ayer las elecciones generales con 123 escaños, pero necesitará pactos para gobernar. Otra mayoría «Frankestein» o pactar con Albert Rivera, opción que anoche se dibujó imposible. La suma con Unidas Podemos, Compromis, PNV y otras fuerzas minoritarias podría serle suficiente, con la abstención de ERC en segunda vuelta en la investidura. ERC va en coalición con Bildu y en su competencia con el partido de Puigdemont, después del resultado espectacular que confirma el independentismo en estas generales, tensarán la cuerda todo lo que puedan. Pero Pedro Sánchez no tiene candidatura alternativa a la Presidencia y puede formar gobierno en coalición con Podemos, con apoyo externo. El nuevo Congreso será más soberanista, con un grupo de casi una treintena de diputados catalanes y vascos que hablarán con una sola voz. La izquierda suma 165 escaños. Unidos Podemos pierde más de un millón de votos y se queda en 42 diputados frente a los 71 actuales. Más votos la derecha, pero el castigo de la fragmentación le impone una derrota enorme. El PSOE se impone con dos millones de votos más que en 2016. El PP se queda en 66 escaños, pierde tres millones de votos con respecto a las anteriores generales, y 6 millones en los últimos siete años. Ciudadanos alcanza los 57 escaños y gana un millón de votos. Vox, con 3 millones de votos, sólo consigue escaños en 14 circunscripciones y entra en la Cámara Baja con 24 escaños. La quinta fuerza parlamentaria y muy lejos de las expectativas que amenazaban con ser un tsunami en estas elecciones. La derecha suma 147 escaños. El PP sólo consigue un escaño entre Cataluña y el País Vasco. En Cataluña, ERC obtiene 15; el PSC, 12; En Comú Podem, 7; JxCat, 7 y Cs, 5.

Sánchez gana y las derechas se rompen. De hecho, todo queda abierto en la derecha, incluso la pugna por el liderazgo por ser tan ajustada la diferencia entre PP, Ciudadanos y Vox. El gran perdedor es el PP, Pablo Casado recibe la última patada que su electorado más conservador tenía guardada para Mariano Rajoy. Por su gestión de Cataluña, por la política económica y fiscal de Cristóbal Montoro y por su abandono del discurso más político. El cambio de liderazgo en el partido y de discurso no han sido suficientes para corregir las facturas pendientes. Si bien los resultados son tan malos que es inevitable que se abra la discusión sobre la estrategia del nuevo equipo. Anoche ya se escuchaba en el PP la reflexión sobre las consecuencias de haber abandonado por completo el centro.

El bloque de las derechas no consiguió sumar por la fragmentación del electorado pese a que su movilización sea histórica. El vaticinio de Casado se cumplió., pero ni en sus peores expectativas preveían quedarse por debajo de los 70 escaños. El gran interrogante de estas elecciones era el “efecto Vox”, si se quedaba en ola o era un tsunami. Al final, el partido de Santiago Abascal movilizó muy bien en campaña, pero no pasa de los 24 escaños. Al quedar el quinto pierde eficiencia en la captura de escaños y se sitúa lejos de los 50 sobre los que se llegó a especular en la recta final de la campaña. La conclusión es que ha penalizado la fuerza de la derecha y ha sido un elemento añadido para movilizar a la izquierda por encima de lo que apuntaban algunas de las encuestas. Sánchez ha rentabilizado bien la foto de Colón y también la bandera de que había que frenar a las dos derechas y a la extrema derecha.

En Ciudadanos, Albert Rivera se jugaba mucho en estas elecciones como partido bisagra, desfigurado en un contexto polarizado. Pero la campaña le ha sentado bien a la formación naranja y Rivera ha conseguido avanzar notablemente en su objetivo de disputarle al PP el liderazgo del centro-derecha. Ésa es la guerra en la que se empleará a partir de ahora.

PP, Cs y Vox se quedan en una situación tan equilibrada que la sombra de la refundación marcará su evolución futura. Los liderazgos intentarán aguantar, pero queda en el aire la duda sobre la viabilidad de las tres siglas en el espacio del centro derecha y la derecha si quieren tener opciones reales de gobierno. La convivencia entre los tres será además a cara de perro. Los tres partidos no sólo no se fían, sino que saben que están inmersos en una competición con sus siglas que no busca la cohabitación sino la eliminación del adversario. La participación en el 75,78 por ciento fue un elemento fundamental a favor de la izquierda.

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