Díaz y Sánchez ahondan en la bicefalia socialista

La líder andaluza reta al secretario general por el concepto de plurinacionalidad: «Lo único que te pido como presidenta y como secretaria general es que nunca me hagas elegir entre las dos lealtades»

La presidenta andaluza y secretaria general del PSOE-A, Susana Díaz, y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la clausura del 13 Congreso del PSOE de Andalucía hoy en Sevilla
La presidenta andaluza y secretaria general del PSOE-A, Susana Díaz, y el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante la clausura del 13 Congreso del PSOE de Andalucía hoy en Sevilla

La líder andaluza reta al secretario general por el concepto de plurinacionalidad: «Lo único que te pido como presidenta y como secretaria general es que nunca me hagas elegir entre las dos lealtades».

La situación de fractura interna que se vive en el PSOE ha quedado patente en el Congreso de los socialistas andaluces. Las heridas provocadas en la riña tumultuaria del Comité Federal del 1 de octubre en el que Pedro Sánchez fue desalojado de la Secretaría General y en la pelea de las primarias de mayo están lejos de cauterizar. Hay dos bloques que pugnan por imponer un modelo de partido.

Susana Díaz fue quien insistió más ayer en marcar las diferencias, retando incluso al máximo dirigente de su formación a que no la haga elegir entre la lealtad como presidenta de la Junta y como secretaria general de los socialistas andaluces. Pero las diferencias no se quedan en el atril. Díaz y Pedro Sánchez trataron de guardar las formas en la medida de lo posible. Entraron juntos al plenario donde se desarrolló el cónclave regional y hasta ahí duró la compostura. Al finalizar el acto no hubo ni saludo conjunto en el escenario ni un último gesto de unidad de cara a la militancia. Dentro de la sala central sonaba el himno de Andalucía; y apostados en la puerta un grupo de «sanchistas» a los que se les vetó la entrada por falta de aforo, cantaban puño en alto y pancarta en ristre –«Sevilla con Pedro»– la internacional para esperar a su líder coreando su nombre. El mismo «¡Pedro, Pedro!» con el que ensordecieron a Susana Díaz en el paseíllo de entrada. Los comentarios de algunos de estos militantes dejaban a las claras que la división ha empapado de manera irreconciliable – al menos por ahora– las bases de la organización.

Existe una suerte de «guerra fría» porque ni a Susana Díaz ni a Pedro Sánchez le conviene una nueva lucha cuerpo a cuerpo. A medio plazo esperan las elecciones generales y las andaluzas que por calendario, éstas últimas, tocan en 2019. En esa coyuntura será donde cada uno libre individualmente su batalla. Hasta entonces se dibujan dos caminos con pocas posibilidades de confluir. El discurso de Susana Díaz fue una continuación de su intervención en la primera jornada para marcarle el terreno al secretario general. Esta vez sin el respaldo presente de Alfonso Guerra y de Chaves y Griñán. La jefa del Ejecutivo se envolvió en la bandera de la igualdad remitiéndose a la lucha de Andalucía en el referéndum del 28 de Febrero y las manifestaciones del 4 de Diciembre, dos momentos históricos a los que hizo una machacona referencia. No mencionó el concepto de Estado «plurinacional» aprobado en el 39 Congreso Federal y que el PSOE-A ha vetado en la ponencia marco de su cónclave, pero las alusiones indirectas fueron constantes hasta adquirir Díaz un tono retador: «Vas a tener la lealtad de los socialistas andaluces y la mía la primera. Lo único que te pido como secretaria general y como presidenta de la Junta –continuó la líder andaluza interpelando directamente a Sánchez– es que nunca me hagas elegir entre las dos lealtades porque soy la presidenta de todos los andaluces».

El fondo de esta afirmación es muy claro: Pedro Sánchez va a tener enfrente a Susana Díaz si la plurinacionalidad genera asimetrías en los territorios porque como jefa del Gobierno andaluz tiene que velar por los intereses de su comunidad, especialmente ahora que se juega toda su carrera en las próximas elecciones. «No me va a faltar valor para defender a Andalucía, no me van a templar las piernas», apostilló Díaz.

El ataque de Susana Díaz a Podemos, al que acusó de «secuestrar» durante 80 días el Gobierno andaluz por no facilitar su investidura y sus alusiones a las victorias electorales fueron mensajes todos ellos de fácil decodificación contra Pedro Sánchez, aunque al mismo tiempo prometiera lealtad y dijera al líder nacional de su partido que estaba en Andalucía, en «su casa».

El secretario general no obvió el debate territorial que tanto disenso está generando en el PSOE, pero evitó entrar en la confrontación. Aseguró en este sentido que Cataluña no se puede situar fuera de la legalidad y de la Constitución porque fuera de la ley «no hay nada». No obstante, matizó que sólo con la ley no basta. El único recado a Susana Díaz fue para citar un informe de la Fundación Alfonso Perales en el que se reconoce a España como nación de naciones, pero el tono general de su discurso fue el de la contención. «Cuando escucho a Susana hablar de su historia vital me reconozco en ella al igual que cualquier afiliado. Susana tú y yo hablamos el mismo idioma, el de la igualdad, la fraternidad y la libertad». Pedro Sánchez reclamó «unidad» para ganar las elecciones en Andalucía en 2019 y en España en 2020. Ésa será la segunda gran cita para Díaz y Sánchez, que vuelven a citarse como los duelistas de Ridley Scott.