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Diez motivos para acudir a la manifestación en Colón

La propuesta del Gobierno de entablar un diálogo bilateral con la Generalitat de Cataluña con un relator de por medio ha llevado a parte de la oposición a convocar hoy en Madrid una manifestación por la unidad de España

  • La madrileña plaza de Colón acoge hoy la manifestación por una España unida / Foto: Jesús G. Feria
    La madrileña plaza de Colón acoge hoy la manifestación por una España unida / Foto: Jesús G. Feria

Tiempo de lectura 5 min.

10 de febrero de 2019. 05:43h

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José María Marco 10/2/2019

España

Ha llegado el momento de volver a situar la idea de España donde le corresponde, como fundamento y eje de la vida pública de nuestro país. No hay que engañarse: detrás de la pulsión nacionalista están al mismo nivel la construcción de una nueva nación catalana o vasca y el proyecto de acabar con España. El primero de los motivos para acudir a la manifestación es expresar el amor a nuestro país, la necesidad de defenderlo frente a la ola de mezquindad y pobreza de espíritu que barre el país desde hace años, impulsada por el proceso de secesión. A las provocaciones y a las ruindades, podremos responder con un ejemplo de dignidad, de generosidad y de ciudadanía: el que nos infunde la nacionalidad española.

Un nuevo modelo político

El famoso bipartidismo se basaba en la alternancia de dos grandes partidos con el apoyo ocasional de los nacionalistas. El modelo permitía obviar la cuestión nacional mientras los nacionalistas, siempre minoritarios, obtenían un máximo rendimiento de la situación de privilegio que se les concedía. Este modelo está quebrado desde 2012, aunque sólo ahora se ha empezado a comprender la nueva situación. Hay que ir a Colón para exigir a los partidos y a los líderes políticos que propongan un nuevo consenso nacional a partir del cual se abordará el nacionalismo desde una base distinta.

La derrota del nacionalismo

Es probable que el nacionalismo no desaparezca mañana mismo del mapa político español. En cambio, no tiene por qué ser determinante en las grandes decisiones que nos atañen a todos. Habrá que seguir teniéndole en cuenta, pero no hay por qué continuar con la superstición, tan cómoda, de que debemos «conllevar», o sobrellevar el nacionalismo como si fuera algo irremediable. Esa subordinación ha implicado dejar los asuntos catalanes o vascos en manos de los nacionalistas. Todos los territorios españoles forman parte de España y merecen ser tratados como tales. Se puede, y se debe, derrotar democráticamente al nacionalismo. Nunca ha sido otra cosa que una ideología retrógrada y excluyente.

La imagen de España

Hay que dejar bien claro al resto del mundo que la ciudadanía española es tan abierta, tan dialogante y pluralista como cualquier otra. O, mejor dicho, casi más que cualquier otra. No vamos a dar lecciones, pero tampoco las vamos a aceptar. Aquí se cumplen las leyes, se persigue la corrupción, se integra a los de fuera y se aceptan todos los estilos de vida que respeten la ley. Eso es España, y no la fantasía oscurantista de los nacionalistas y una parte de las élites españolas, que durante décadas no han sido capaces de pronunciar la palabra España.

La Constitución

El proyecto de Sánchez, apoyado por Podemos y los secesionistas, consiste no sólo en una reforma de la Constitución. Aspira a una Constitución nueva, que instaure un nuevo modelo estatal de soberanía compartida entre al menos dos instancias, el Estado central (sin nación) y la nación catalana (la vasca llegaría en su momento). El reconocimiento del conflicto catalán implica la quiebra de la Constitución de 1978. Por eso hay que defender el texto básico de la convivencia entre todos los españoles, y que permite, dentro de la ley y de los cauces establecidos, cualquier opinión y cualquier propuesta.

Cataluña y los catalanes

Hace mucho tiempo que llegó la hora de que El Estado, en nombre de todos los españoles, vuelva a Cataluña. Cataluña es España, como lo son los catalanes. Más aún, es una parte esencial de nuestro país. Sin ella, España resulta incomprensible. Por eso no puede seguir abandonada a las pulsiones nacionalistas, como ha ocurrido durante casi cuarenta años. Hay que recuperar Cataluña y la vida, las costumbres y la lengua catalana como algo que nos pertenece y nos une a todos, no como algo destinado a dividirnos y a enfrentarnos. Se es español porque se es catalán, como se es europeo porque se es español. Y no existe Cataluña sin España, como no existe Europa sin las naciones que la componen.

Diálogo y tolerancia

Al Gobierno de Sánchez y a los secesionistas les fascina la palabra diálogo. Y sin embargo, ni saben lo que es, ni les gusta. Los secesionistas tienen paralizado al Parlamento catalán y excluyen de la comunidad catalana a quienes no sean nacionalistas. Los segundos quieren cortocircuitar las instituciones y las Cortes en oscuras mesas negociadoras de partidos, con relator incluido. Llevamos décadas de exclusión sistemática y, por si eso fuera poco, con los nacionalistas como ejemplo de virtudes cívicas. El NO al nacionalismo, que resonará en Colón con toda su intensidad, es también un SÍ a la tolerancia y al diálogo, al de verdad.

Patriotismo

Durante décadas, hemos tenido que vivir el amor a nuestro país como si fuera algo culpable y vergonzoso. Ha llegado el momento de decir a los dirigentes políticos que no estamos dispuestos a seguir aguantando esta situación. Los símbolos, como las instituciones, representan a todos los españoles. Y los símbolos nacionales representan lo mejor de cada uno de nosotros: lo que debemos a los demás y por tanto, nuestro compromiso con ellos. Y no por eso somos nacionalistas. Durante cuarenta años se nos ha dicho que la nación española es un fracaso y que los nacionalistas son un ejemplo de modernidad. Ya está bien.

Elecciones

Sánchez llegó al gobierno tras una moción de censura que le comprometía a convocar elecciones al alcanzar el poder. No sólo no ha cumplido su promesa. También se ha empeñado en gobernar en contra de aquellos que no comparten sus ideas ni su proyecto político. Sánchez intenta paliar su reducido apoyo parlamentario (84, de 350 diputados) con el activismo. Los que discrepan no son adversarios con los que entablar un debate abierto. Son enemigos a batir. Quizás su piscología de «resistente» esté en el fondo de esta actitud. El caso es que cualquier cosa vale, en particular la alianza con los secesionistas, con tal de conseguir su objetivo. Así no se gobierna una democracia liberal.

España somos todos

Entre la disolución de la nación en las «nacionalidades» (nacionalistas) y su integración en la Unión Europea, hemos vivido mucho tiempo bajo la ilusión de que se puede construir una democracia liberal sin nación que la sustente. Ni la diversidad regional propia de España ni la pertenencia a la UE tienen por qué seguir alimentando este sueño postnacional que ha acabado en intento de secesión. Vamos a Colón para reivindicar el pluralismo y la diversidad, pero también la unidad que los hace posibles: sin unidad sólo queda exclusión y sectarismo. Nos gusta España porque España somos todos, no sólo nosotros mismos.

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