El Gobierno tiene bazas para defenderse

La Razón
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No resulta excesivamente desorbitado decir que si el Reino Unido continúa detentando la soberanía sobre Gibraltar es porque determinados gobiernos españoles, por acción u omisión, lo han venido consintiendo. Como demostraron las contramedidas de Castiella la economía gibraltareña o vive merced al asentimiento y cooperación española o la ha de subvencionar y sostener la metrópoli. Y como decía un periódico londinense, no están los tiempo como para pagarles unas vacaciones en España a treinta mil británicos residentes en Gibraltar mientras cientos de miles han de pagar dicho privilegio de su bolsillo o sufrir en el Reino Unido recortes tras recortes como todo hijo de vecino europeo.

Por otra parte sucesivos gobiernos españoles han ido descafeinando, en inexplicable consenso con el británico, las resoluciones anuales de las Naciones Unidas que llegaron en su día a exigirle que reintegrara Gibraltar a España antes de 1969. Los bloques de hormigón espigado de hierro que, con el níhil obstat del gobernador colonial de Gibraltar, han sido lanzados al mar constituyen una agresión británica a España y a los legítimos intereses de sus pescadores. Constituye un paso más en la secularmente incesante ocupación de espacios españoles no cedidos en Utrecht. Dejemos a un lado el tema de si el Peñón de Gibraltar se cedió con o sin aguas territoriales. Es que las aguas ahora minadas no bañan Gibraltar sino el istmo español ocupado por la fuerza y, desde luego, mantenido por la misma.

La táctica británica consiste en alentar el enfrentamiento entre un llamado, con cierta petulancia, Gobierno de Gibraltar –apéndice del verdadero, presidido por el Gobernador– y el de España. Conseguido este objetivo, volverá una vez más la imperial potencia a impartir la Pax Britannica entre estos díscolos elementos mediterráneos perpetuando así indefinidamente su presencia en el Peñón de Gibraltar. Un ministro de Asuntos Exteriores británico, comentando con un diplomático español la entrega de Hong Kong al régimen comunista, espetó la «boutade» de «es que España no es China, de haberlo sido, Gibraltar sería ahora español». Afortunadamente el Gobierno de Mariano Rajoy es consciente de que no es China, pero tampoco Bahamas, y de que dispone de un buen elenco de bazas con las de defenderse.