Gibraltar y el tesón de Castiella

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Mi primer puesto en la Carrera Diplomática lo desempeñé en la entonces famosa OID (Oficina de Información Diplomática), dirigida a la sazón por un gran profesional y un gran señor, Adolfo Martín-Gamero. Entonces, en los comienzos de los años sesenta, la reivindicación de la soberanía española sobre Gibraltar se había convertido en tema principal de la política exterior ,por el empeño y tesón del ministro Castiella, al que algunos criticaban llamándole «ministro del Asunto Exterior», pues efectivamente a Gibraltar estaba dedicado en cuerpo y alma, y no sólo él, sino gran parte de nuestro Ministerio y de nuestras embajadas. La OID recogía todo lo que en la Prensa mundial se decía sobre Gibraltar y difundía, hora a hora, todas las gestiones e iniciativas del ministro Castiella sobre Gibraltar, que no eran pocas.

Castiella había formado en su derredor un formidable equipo diplomático especializado en Gibraltar, con el que se reunía todas las mañanas y todas las noches, hasta horas bien tardías. De aquel grupo de expertos formaban parte Ramón Sedó, Fernando Olivié, Alfonso de la Serna, Gabriel Cañadas, Gil Armangué, Marcelino Oreja, y , en la OID,además de Martín-Gamero, Emilio Martín, Javier Chapa, Nicolás Revenga y un activo número de funcionarios responsables de la difusión de las iniciativas del ministro y de la publicación de los dos famosos Libros Rojos sobre Gibraltar, entre los que no se puede olvidar a personas tan entusiastas como Manolo Barandica, los señores Mariné y Mata y el muy famoso Pepito, eficacísimo impresor, imprescindible en aquella vorágine diaria de recogida y difusión de noticias sobre Gibraltar.

Destinado un año más tarde a mi primer puesto en el exterior, tanto en Filipinas como en Indonesia nuestra embajada estaba prioritariamente dedicada a obtener los votos de esos países en las Naciones Unidas hasta conseguir la famosa votación de 1967 por la que la ONU instaba a Reino Unido a descolonizar Gibraltar. No se consiguió, pues Inglaterra hizo caso omiso de aquella resolución, pero el grito de «Gibraltar español» no sólo unió y galvanizó a los españoles, sino que el mundo conoció que en Europa, en pleno siglo XX, seguía habiendo una colonia.

Bueno es que ahora el ministro García-Margallo recuerde que esa colonia sigue existiendo y declare abiertamente que se acabó el «recreo Moratinos», otro grave error de un Gobierno socialista, sin dignidad ni patriotismo, imbuido de un nefasto «buenismo», con desconocimiento de nuestra historia, y origen sin duda del aumento de abusos y transgresiones del señor Picardo y de los «oídos sordos» del «premier» Cameron.

Estoy seguro de que el nuevo grito de «Gibraltar español» del ministro García-Margallo servirá no sólo para deshacer el grave entuerto Zapatero-Moratinos, sino para poner una raya roja a las malas artes del Gobierno gibraltareño. No es concebible que la Unión Europa, en su espacio común, permanezca muda e indiferente ante una colonia dedicada al contrabando, fraude fiscal, delitos medioambientales, etcétera, y todo ello sin que le hagan subir los colores a Reino Unido.

Hará bien el ministro García-Margallo en rodearse de un equipo diplomático experto en Gibraltar y defender también –con continuidad y tesón– nuestros derechos y dignidad nacional, tanto en la ONU como en Bruselas, aunque afortunadamente Gibraltar no sea hoy nuestro principal «asunto exterior». Los españoles de bien, y nuestra historia, se lo agradecerán. Gracias, ministro.