Política

Gobierno de España

Unidas Podemos y PSOE empiezan funcionar como una unidad política

El líder morado da por sentado que será ministro, mientras Moncloa se limita a asegurar que el gobierno lo decide «estrictamente» el presidente.

Sánchez e Iglesias durante la firma en el Palacio de la Moncloa de los Presupuestos Generales del Estado para 2019. Foto: Javier Fernández-Largo
Sánchez e Iglesias durante la firma en el Palacio de la Moncloa de los Presupuestos Generales del Estado para 2019. Foto: Javier Fernández-Largolarazon

El líder morado da por sentado que será ministro, mientras Moncloa se limita a asegurar que el gobierno lo decide «estrictamente» el presidente.

Unidas Podemos y PSOE empiezan funcionar como una unidad política: a 48 horas del super domingo electoral portavoces de ambos partidos dieron por supuesto que Pablo Iglesias formará parte del Gobierno que empezará a constituirse el lunes posterior al 26-M. A nadie se le escapa la razón de que el PSOE haya decidido cambiar la retórica que ha mantenido desde las elecciones generales desdeñando la posibilidad de que miembros de Podemos entren a formar parte del segundo Ejecutivo de Pedro Sánchez: del buen resultado de la formación de Pablo Iglesias depende la gobernabilidad de preciosos objetivos políticos para la izquierda tanto en las municipales como en las autonómicas. Esta es la motivación del Partido Socialista para echarle un «cable» a Iglesias a dos días de las urnas y señalar sus siglas como un «voto útil» para sacar adelante políticas de extrema izquierda que tendrán cabida en la acción del Gobierno en la siguiente legislatura.

Ambos partidos han sorteado también sin ninguna dificultad el escaño que suponía sus posturas antitéticas en cuanto a la suspensión de los diputados independentistas presos. Ayer mismo PSOE y Podemos votaron de manera dispar en la Mesa sobre la suspensión de Junqueras, Rull, Turull y Sánchez pero fuentes del partido morado se apresuraron a asegurar que esta discrepancia no iba a poner en peligro el Gobierno de coalición que se dibuja cada vez de manera más evidente para la próxima legislatura.

El primero que escenificó el acercamiento entre ambas formaciones fue el propio Pablo Iglesias en una entrevista concedida a Efe en la que daba por sentado que va a ser ministro en el futuro Gobierno. «Hay cosas que son de sentido común y creo que es evidente que no va a haber vetos. El PSOE no va a vetar a nadie y nosotros tampoco vamos a vetar a nadie del PSOE», afirma el secretario general de Unidas Podemos. Poco después abundaba en esta misma línea al decir: «Creo que es de sentido común que el candidato del PSOE esté en el Gobierno y en los gobiernos de coalición los candidatos de los partidos que forman esos gobiernos están... ocurre en todas partes, creo que es una cosa que está fuera de discusión». Iglesias puntualizó no obstante que Sánchez y el quedaron en «hablar después de las elecciones, pero no hay ninguna fecha fija».

Por lo demás Iglesias quiso mostrar ayer su cara más amable durante la entrevista concedida a Efe: cuando fue preguntado sobre las exigencias que plantearía su partido durante las negociaciones quedó claro lo lejos que quedan las acusaciones al socialismo de «tener las manos manchadas de sangre». Su respuesta al respecto fue del tenor que su formación política no va a «plantear nada imposible... nosotros pensamos que nuestro peso es modesto pero es importante, 3,7 millones de votos, y nosotros también tendremos que transigir mucho».

El contrapunto por parte del PSOE corrió a cargo de la portavoz del Gobierno Isabel Celaá que, aunque se cuidó de recordar que está todo aún en el aire y que la decisión final corresponde al presidente del Gobierno, dejó claro un cambio de actitud evidente hacia Unidas Podemos al mencionar el apoyo que el partido morado ha prestado al Gobierno en los últimos meses. Las negativas tajantes a la si quiera considerar la inclusión en el próximo ejecutivo de un miembro de Podemos se transformaron ayer durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministro en frases que por sus circunloquios no dejan lugar a dudas: «No consideramos que sería ningún despropósito ni lo contrario, no lo vamos a enjuiciar con frases de valor». Celaá salpimentó declaraciones de este tenor con otras que parecían indicar todo lo contrario. Por ejemplo en un momento determinado dijo que su partido «sigue aspirando» a tener «fortaleza suficiente» que le permita gobernar en solitario y «poder cursar esta etapa con su programa y acuerdos en diversas líneas». El argumento de fondo que esgrimirán los socialistas será en cualquier caso que si no hubo problemas para pactar con 84 diputados lo los habrá para llegar a un acuerdo con 123.