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La conversación inédita entre Suárez y Tejero el 23-F

Prepublicación del libro «Secretos de la Transición»

  • La conversación inédita entre Suárez y Tejero el 23-F

Tiempo de lectura 8 min.

09 de febrero de 2014. 00:38h

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9/2/2014

«La Transición» es un término tan lleno de contenido que tiende a escribirse con mayúsculas, porque mayúsculo fue el esfuerzo de pasar de forma pacífica y ejemplar, de un sistema dictatorial a una democracia. Esta publicación, es la crónica, en buena parte inédita, de este importante periodo de España que abarca desde 1976 hasta la llegada de los socialistas al poder en 1982, escrita por el periodista y escritor Abel Hernández, –colaborador de LA RAZÓN–, testigo privilegiado de un acontecimiento político que, con sus luces y sus sombras, mereció la atención de todo el mundo. Por primera vez se descubren secretos o silencios y se dan algunas claves de acontecimientos decisivos en un trabajo memorialístico de alguien que vivió «in situ» unos acontecimientos tan trascendentes para la historia de España. «Momentos y peripecias que parecían inolvidables y que se han ido borrando de la memoria colectiva», dice el autor en el prólogo, intentando interesar a las nuevas generaciones: «¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sido de aquel entusiasmo colectivo? ¿Qué ha pasado con la clase política, tan respetada entonces, tan denigrada ahora? ¿En qué ha quedado el respeto reverencial al Parlamento, templo de la soberanía popular, ahora rodeado por la multitud airada?», se pregunta. Por el libro desfilan personajes que fueron protagonistas y se narra el complejo entramado de pactos y acuerdos que propiciaron el cambio: el Rey Juan Carlos y Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo, el general Manuel Gutiérrez Mellado, el cardenal Vicente Enrique y Tarancón y Jordi Puyol como los más importantes. El capítulo que se reproduce a continuación revela una conversación inédita entre Adolfo Suárez y el coronel Tejero (y que escuchó un ujier que estaba presente) en un despacho del Congreso durante los sucesos del 23-F. Impresiona la forma en que el presidente, con una pistola apuntándole en la sien, manda cuadrarse a Tejero y este, desconcertado o impresionado, se va. Esto demuestra la dignidad y la valentía de la persona que, junto al rey Don Juan Carlos, condujo el proceso democratizador de España. Afortunadamente, estos acontecimientos acabaron con la tradición golpista y metieron a España en el mayor periodo de estabilidad de su historia.

«Tú ya no eres el presidente de nada»

Cuando Adolfo Suárez es trasladado, a petición del teniente coronel Tejero, a un despacho del Congreso donde queda aislado del resto, teme seriamente por su vida. Pero más que miedo, en la soledad del recinto le atraviesa por dentro un relámpago de tristeza y de rabia. Toda su obra política se derrumbaba en un instante, convertida en ceniza, en un fracaso histórico. Y él quedaría como el gran culpable, la cabeza de turco. Todo su trabajo a favor de la concordia y la democracia había sido inútil. ¡Pobre España!, pensó.

No había improvisado el gesto de quedarse sentado en su asiento durante los disparos. Para él, aquel gesto no tenía ningún mérito. Era lo menos que podía hacer. Tenía muy interiorizado que debía mantener la dignidad del presidente del Gobierno, el primer presidente constitucional, pasara lo que pasara. Ésa era, de antemano, su firme determinación. Y el suceso no le había pillado del todo de improviso. Hacía tiempo –desde lo de la «Galaxia» o antes– que venía pensando en un escenario parecido. La víspera le había dicho a Alberto Recarte: «No descarto que haya un golpe militar, y, si lo hay, el inductor habrá sido Armada». En la Moncloa repitió en los últimos meses docenas de veces a sus colaboradores –y también se lo dijo a Santiago Carrillo– que a él no lo sacarían de allí por la fuerza, sino con los pies por delante. «En caso de golpe de Estado me defenderé» –les decía–, y les mostraba la pistola que guardaba en el cajón de la mesa de su despacho.

En otra sala del Congreso, Tejero había ordenado recluir a Gutiérrez Mellado, Felipe González, a Rodríguez Sahagún, a Alfonso Guerra y Santiago Carrillo. Al principio les vigilaban seis hombres, que permanecían de pie apuntando con las metralletas. Uno de los guardias civiles, según el testimonio de Gutiérrez Mellado, «daba muestras de gran nerviosismo y miraba insistentemente a Carrillo acariciando la metralleta».

Adolfo Suárez, aislado de todos, se acuerda de Amparo y de los niños. ¿Qué seré de ellos? Al día siguiente de la investidura de su sucesor, tenían previsto volar a Panamá a descansar, a reponerse de tantas emociones, de tantos disgustos. Y ahora esto. Le da vueltas a lo que ha ocurrido buscando las claves, los antecedentes, preguntándose quién está detrás. No para de fumar hasta que se queda sin tabaco. Entonces le pide al ujier Antonio Chaves un cigarro, por favor, y se alegra cuando éste se lo proporciona.

Este ujier presencia la tensa discusión que mantienen el presidente y el golpista Tejero, y toma luego nota literal de lo que había escuchado. Muchos años después le da una copia con la transcripción a Alfonso Guerra, que revela su contenido el 27 de enero de 2012 en el curso de un homenaje de la Universidad Europea de Madrid a Adolfo Suárez.

Éste es el impresionante diálogo:

Suárez: ¡Explique qué locura es ésta!

Tejero: iPor España, todo por España!

Suárez: ¡Qué vergüenza para España! ¿Quién hay detrás de esto? ¿Con quién tengo que hablar?

Tejero: No hay nada que hablar. Sólo obedecer.

Suárez: Pero, ¿quién es el responsable?

Tejero: Todos, estamos todos.

Suárez: Como presidente del Gobierno de España, le ordeno que deponga su actitud.

Tejero: Tú ya no eres presidente de nada.

Suárez: Le ordeno...

Tejero: Yo sólo recibo órdenes de mi general.

Suárez: ¿Qué general?

Tejero: Milans. No tango nada más que hablar.

Suárez: Le insisto, soy el presidente.

Tejero: ¡No me provoque!

Suárez: Pare esto antes de que ocurra alguna desgracia, ¡se lo ordeno!

Tejero: Usted se calla. ¡Todo por España!

Suárez: Le ordeno...

Tejero: ¡Cállese! ¡Siéntese! Y usted (al ujier), ¡fuera!

Aquí acaba la transcripción del diálogo que presenció el ujier del Congreso. Cuando sale fuera y se quedan los dos solos sin testigos, Tejero se acerca muy alterado a Suárez y le pone la pistola cerca de la sien. Iba a morir. Piensa que le quedan unos segundos de vida. El presidente ordena entonces con voz firme al militar: «¡Cuádrese!». A Tejero esto lo desconcierta y lo impresiona, se da media vuelta y se va. No era la primera vez que Tejero acariciaba ese día la pistola con malas tentaciones. También había amenazado de muerte a1 general Aramburu Topete. «Te mato y después me pego un tiro». –llegó a decirle, según el comandante Ostos, ayudante del gobernador militar de Madrid–. Y, cuando repicaban los subfusiles en el Congreso, dijo: «Basta ya, no vayamos a darle a alguno de los nuestros».

Cuenta Javier Cercas en «Anatomía de un instante», que el ujier Antonio Chaves le confesó: «Yo en esos años de izquierdas, casi revolucionario, pero me impresionó la dignidad con que Adolfo Suárez se mantuvo en su sitio. A partir de ese día me hice incondicional suyo».

Pasaron los años. Un día paseaba por la plaza de Oriente. Un coche oficial se detuvo junto a él. Bajó la ventanilla y era Suárez: «Antonio –le dijo– te debo tabaco».

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