La imposible «vía Puigdemont»

El veto de PSOE y Ciudadanos al PP deja sólo dos salidas: elecciones o un acuerdo «in extremis» como el de Cataluña.

El veto de PSOE y Ciudadanos al PP deja sólo dos salidas: elecciones o un acuerdo «in extremis» como el de Cataluña.

Ninguno de los partidos que son actores principales de la negociación postelectoral sabe qué va a pasar realmente de aquí al 2 de mayo, la fecha marcada oficialmente en el calendario para convocar de nuevo elecciones generales. Tres meses después de las elecciones de diciembre la agenda la han marcado los movimientos tácticos pensando en los intereses de partido y en sostener los actuales liderazgos. A un mes de que se disuelvan de nuevo las Cortes Generales el veto del PSOE y de Ciudadanos a la negociación con Mariano Rajoy y, por tanto, a la gran coalición presidida por el PP, deja sólo dos salidas: o nuevas elecciones o un acuerdo «in extremis», a última hora, para investir a Pedro Sánchez con apoyo activo o pasivo de Podemos, como ocurrió con Cataluña con la jugada de sacarse a última hora de la manga la investidura de Carles Puigdemont para evitar el test de las urnas.

Hasta ahora no ha sido posible el acuerdo porque han primado los intereses de parte, de partido. Todos han entendido que el pacto les podía perjudicar electoralmente si no eran ellos los que lideraban esa negociación porque ninguno ha dejado de pensar en que esto podía terminar de nuevo en las urnas. Desde el patio de butacas en el que la ciudadanía asiste al espectáculo de la negociación postelectoral la imagen que se ofrece tres meses después es la de un caos general.

La estrategia conjunta de PSOE y Ciudadanos para aislar al PP, pese a su condición de lista más votada, ha llevado a que Mariano Rajoy se lo juegue todo a la posibilidad de unas nuevas elecciones. Si hay Gobierno será del PSOE, previsiblemente con abstenciones en su izquierda, pero Pedro Sánchez lo sigue teniendo muy difícil. La coalición del PSOE con Podemos sigue siendo hoy vista como una quimera entre la mayoría de los partidos y, lo que es mas importante, también dentro del propio PSOE. Si bien en la puesta en escena ninguno quiere parecer como el responsable de que no haya entendimiento.

A los de Pablo Iglesias también ha acabado por entendérseles muy poco. Y el interrogante es hasta qué punto su división interna y su estrategia de empujar al PSOE puede afectarles en las urnas y, en consecuencia, un posible desgaste puede afectar a la apuesta que hasta ahora han mantenido firme en favor de forzar unos nuevos comicios.

Por su parte, el PP no se va a mover de su compromiso con la gran coalición ni de su voto en contra de un Gobierno de Sánchez, sea con apoyo de Rivera o de Iglesias. Los populares se enfrentan a la amenaza de una intensa crisis si al final se confirma que se quedan fuera del poder. Su único margen de cambio antes de unas nuevas elecciones estaría en la candidatura de Rajoy, pero es una opción que a día de hoy no barajan en su partido. Hay voces internas que plantean que ese cambio descolocaría a Ciudadanos y obligaría a Albert Rivera a rectificar su decisión de no apoyar a la la lista más votada, como se había comprometido en la campaña electoral. Pero sustancialmente no cambiaría nada porque con Rajoy o sin Rajoy el PSOE no se movería de su «no» al partido que ganó el 20-D.

Ciudadanos ha conseguido hasta ahora mantenerse, pese a sus profundas rectificaciones con respecto a su campaña o con respecto incluso a posiciones «a posteriori» que ha ido fijando en el tablero postelectoral. Rivera aguanta de momento en su proceso de consolidación y su espacio está en el centro derecha, aunque habrá que ver si es capaz de mantenerse ahí. Su pacto con los socialistas conlleva importantes riesgos, pero en la formación naranja creen que «si Rajoy persevera en el error pueden arrinconar al PP en la pura derecha». El PP ha logrado explicar con claridad su discrepancia con respecto a las Diputaciones en lo que afecta al acuerdo entre socialistas y Ciudadanos. Pero no en el resto del pacto. Y Rivera está concentrando toda su estrategia en presentarse como un líder constructivo y en dibujar a un Rajoy encerrado en sí mismo. Entienden que la amenaza de Podemos les legitima para ayudar al PSOE y en las encuestas sus votantes están de momento satisfechos por el trabajo realizado. Ahora bien, si el PSOE se aproxima mucho a Podemos tendrán que tomar una decisión, y ahí es donde se la juegan. Rivera sabe que en el futuro su hueco está en el espacio del PP, porque sería absurdo competir en el lío de la izquierda.

Por último, el líder del PSOE ha conseguido marcar el ritmo a su partido. Está en el aire si, finalmente, celebrarán su congreso en mayo, pero ha ganado algo de espacio para el caso de que hubiera unas nuevas elecciones. Después de obtener el peor resultado electoral del PSOE, Sánchez ha aprovechado las pocas bazas que tenía, aunque, curiosamente, todavía no haya sido capaz de rentabilizarlo en las encuestas.

La presión del PSOE andaluz continúa teniéndola detrás. Dicen en la organización regional que empiezan «a estar cansados de tener que explicar lo mismo cada cuatro días» porque «la posición de Susana Díaz, que es la del Comité Federal, no ha variado desde la reunión del 28 de diciembre: no vamos a pactar con quien cuestione la unidad de España y la igualdad entre los españoles de cualquier procedencia». Pedro Sánchez «por supuesto» tiene autonomía «para intentar conformar una mayoría que le permita gobernar» a través de «reuniones con todas las fuerzas», incluidos Pablo Iglesias y el abiertamente secesionista president Puigdemont. «Pero los diputados socialistas andaluces no van a permitir que se trocee la soberanía nacional», apostilla una fuente del partido.

Lo cierto es que el PSOE-A, desde donde se impulsó con sincero interés el acuerdo entre Pedro Sánchez y Ciudadanos, trabaja tras la investidura fallida de su secretario general con la repetición de elecciones como única hipótesis porque no confían en que la confluencia catalana de Podemos ni los dos grupos independentistas de la Cámara abandonen su exigencia de autodeterminación para propiciar una mayoría antes de la fecha límite del 2 de mayo. «Mucho menos ahora que han ganado los halcones» en la guerra intestina de la formación bolivariana, que ha entronizado a los anticapitalistas de Pablo Echenique y Teresa Rodríguez, «dos de los que más odian a los socialistas».

Sin embargo, Susana Díaz sí ha aplazado su pregonado asalto a la silla de Ferraz; y éste es el principal rédito que le ha reportado a Pedro Sánchez la pantomima de la investidura. El 8 de mayo las bases socialistas están llamadas a primarias, aunque aún no se sabe si serán consultadas para elegir al secretario general en el congreso federal del 22 o para designar candidato para las elecciones de junio. En ninguna de las dos carreras concurrirá una presidenta andaluza que tiene clarísimo que, como ha pasado durante toda su trayectoria hacia la cima, llegará al cargo por aclamación o no llegará. En el PSOE-A, que sigue siendo un férreo monolito alrededor de Díaz pese a la quincena de gloria arañada por Pedro Sánchez en la primera mitad de marzo, se «es consciente de que el secretario general ha hecho una apuesta a todo o nada que puede significar el desmoronamiento del partido, que ya ha excavado mucho su suelo electoral». Y aunque «nunca un batacazo es una buena noticia», ven como «posible, pero no deseable» un escenario en el que Susana deba acudir en verano al rescate, si bien sin abandonar la Presidencia de la Junta. «El compromiso con Andalucía es irrompible».