Política

Ciudad Real

Los vecinos temen que una desgracia similar pueda volver a pasar

La Razón
La RazónLa Razón

Los vecinos de la localidad valenciana de Alcàsser tenían la esperanza de que al final no sucediera, de que el juez se lo pensara mejor, recapacitara, aplicara la ley de una forma distinta y finalmente no liberara a Miguel Ricart. Pero no. La anulación de la doctrina Parot es igual para todos, el asesino, torturador y violador de las tres adolescentes –Miriam, Toñi y Desirée– ya está en la calle. Salió ayer de la prisión de Herrera de la Mancha, en Ciudad Real, cogió un taxi que le estaba esperando y tras subirse a un tren desapareció. Cuál será su destino, se desconoce. Pero a los vecinos de Alcàsser ahora sólo les queda una única esperanza: que no se le ocurra acercarse por allí. Miguel Ricart no es de Alcàsser, población en la que residían las tres jóvenes de 14 y 15 años, sino de un municipio muy cercano llamado Catarroja. No es probable que vuelva allí, puesto que apenas le queda familia, y la que está no tiene muchas ganas de reencontrarse con él. Cuenta con una hija que tenía sólo dos años cuando se produjo el crimen, y a la que había abandonado junto a su madre cuando tenía seis meses, es decir, que no lo conoce y no está precisamente esperándole. En cualquier caso el temor entre los vecinos es lógico. «Tenemos miedo de que vuelva a pasar», dice una vecina de este municipio.«Debería quedarse en la cárcel», asegura Teresa, la única vecina que ha permitido que apareciera su nombre, y que explica que el sentimiento es de impotencia. Ella, como todos los vecinos del pueblo, ha visto muy de cerca el sufrimiento que han pasado las familias de las adolescentes y cree que no hay derecho a que ahora tengan que vivir este trance. En general, la gente del pueblo no quiere hablar más del asunto. Han pasado más de 20 años y remover el pasado es hurgar en una herida que duele demasiado y que nunca llegó ni llegará a cicatrizar. Las familias de Miriam, Toñi y Desirée son muy conocidas en el pueblo. «Son gente trabajadora, como todos», cuenta un vecino, y el respeto hacia ellos y su dolor es máximo.