Política

Pujol también se aferra en la Audiencia a una herencia sin pruebas

El ex president y su mujer, que se negó a declarar, salieron del tribunal sin medidas cautelares tras no aportar documento alguno que acredite el supuesto legado

Jordi Pujol y su mujer, Marta Ferrusola, a su llegada a la Audiencia Nacional
Jordi Pujol y su mujer, Marta Ferrusola, a su llegada a la Audiencia Nacional

El ex president y su mujer, que se negó a declarar, salieron del tribunal sin medidas cautelares tras no aportar documento alguno que acredite el supuesto legado

No, no y no. El ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol insistió ayer durante tres horas y media en la Audiencia Nacional en que ni posee cuentas en el extranjero ni ha acompañado nunca a su mujer, Marta Ferrusola –que se negó a declarar–, a ninguna entidad bancaria en Andorra. Pero las negativas del cofundador de Convergència –que reiteró minuciosamente su declaración por los mismos hechos de enero del año pasado ante el Juzgado número 31 de Barcelona– no terminaron ahí. Pujol afirmó no tener nada que ver con los negocios de su primogénito, Jordi Pujol Ferrusola, «Junior», de los que aseguro mantenerse «al margen», y no aportó documento alguno –los fiscales Fernando Bermejo y Belén Suárez llegaron a pedirle el Impuesto de Sucesiones– para acreditar la veracidad de la herencia de su padre, Florenci. El ex president se aferró nuevamente en su declaración ante el juez José de la Mata a ese supuesto legado paterno como el origen de la fortuna familiar oculta durante 34 años en el extranjero.

Tras su comparecencia, la Fiscalía Anticorrupción no solicitó la imposición de ninguna medida cautelar al matrimonio y ambos, en consecuencia, salieron de la Audiencia sin restricciones. Hoy será el turno de su hijo mayor, también investigado por blanqueo, quien acudirá a declarar a petición propia en una comparecencia que se presagia bastante prolongada.

Pujol y su esposa –que declinaron recurrir al intérprete de catalán; «en español, en español», zanjó la cuestión ella antes de acogerse a su derecho a guardar silencio– acudieron al tribunal con la lección aprendida. Conscientes de la estela de prepotencia que dejó su paso por la comisión de investigación del Parlament (en la que el ex president llegó a abroncar a los parlamentarios), Pujol se mostró «muy educado, pródigo en sonrisas y haciendo gala de su deseo de colaborar con la Justicia», aseguraron fuentes jurídicas.

«Al dictado» de su hijo

El patriarca de los Pujol –investigado, como su mujer, por blanqueo– no se salió del guión y volvió a reiterar el origen lícito del patrimonio familiar en Andorra, que desvinculó de forma enérgica de su paquete accionarial en Banca Catalana. Se trataba, explicó, de un dinero (140 millones de pesetas) que legó su padre a Marta Ferrusola y a los hijos del matrimonio y que, gracias supuestamente a diversas inversiones afortunadas, terminó sumando 500 millones de pesetas. Su padre, contó al juez, quiso ponerlo a buen recaudo preocupado por la actividad política «clandestina» de su hijo, «para proteger así a mi familia si algún día me tenía que ir de España, para que tuviera dinero fuera». A él, explicó, el asunto nunca le gustó porque «no estaba de acuerdo», lo que le costó «alguna discusión» con su progenitor, a lo que se añadió después su temor por la repercusión que podría tener dada su condición de cargo público.

El ex president negó, como apuntó el juez De la Mata, que su familia actúe con una organización con un reparto de roles y dijo no saber nada del cobro de comisiones por parte de su hijo Jordi. Nunca quiso saber nada de las cuentas de la familia en Andorra, un asunto que, reconoció, siempre se llevó con «secretismo». Y sí en julio de 2014 decidió confesar públicamente la existencia de esa fortuna familiar en el extranjero lo hizo, recalcó, por una cuestión «ética», pero no asumió ninguna responsabilidad en la elección del gestor de esos fondos ni en la decisión de que finalmente se hiciera cargo de ellos su primogénito a principios de los años 90. Si no lo regularizó antes, dijo, fue porque una vez metido en política «no encontró el momento».

El ex president también se refirió a la cuenta que su primogénito abrió en 2010 en la Banca Reig de Andorra mediante un ingreso de 307 millones de pesetas (1,8 millones de euros) y que fue vaciada en octubre de 2010 retirando en efectivo de 1,1 millones de euros. Respecto al documento manuscrito en el que el ex cofundador de Convergència reconocía ser el titular de la misma, Pujol aseguró a De la Mata que lo escribió «al dictado» de su hijo Jordi «para hacerle un favor» y evitar que fuese a parar a manos de su ex esposa Mercé Gironés, tras los problemas matrimoniales entre ellos. «No es para estar orgulloso, sino todo lo contrario», dijo en relación a ese «engaño» según fuentes presentes en su declaración.

No consta legado hereditario

El juez De la Mata dejó claro, en el auto en el que le citaba a declarar, que «se desconoce el origen» de esos fondos y que «no consta que se justifique con los ingresos ordinarios que hubiere obtenido por razón del cargo público que ostentó durante 23 años», el tiempo que fue presidente de la Generalitat.

El magistrado ya dejó claro que la explicación ofrecida por Pujol sobre el origen de la fortuna familiar oculta «no se compadece con los datos ahora acreditados». Para De la Mata «no consta la realidad del legado hereditario», lo que le llevó a calificar de «mero relato» el comunicado del patriarca de los Pujol.

El juez de la Audiencia Nacional enumeraba en el auto en el que citaba a ambos como investigados los comportamientos que revelan, según él, «la existencia de un patrón de comportamiento reiterado durante años por los miembros de la familia», a la que llegaba a calificar de «organización». De la Mata se refería, entre otras pautas comunes, a la asignación de roles entre ellos (en la que a Jordi Pujol Jr, le correspondía el papel de «gestor y distribuidor de los recursos entre los hermanos y su madre») y al «particular sistema de rendición de cuentas» para controlar «esos repartos de fondos».