España

Rafa Zouhier: «Salgo de la injusta condena con la conciencia superlimpia»

Madrid- Rafa Zouhier, condenado a diez años de cárcel por haber puesto en contacto al ex minero José Emilio Suárez Trashorras con la célula islamista que cometió el atentado del 11-M, es un hombre de superlativos. En el juicio se definió como «superinocente». Ahora, a punto de salir de prisión –lo hará el próximo sábado tras cumplir íntegramente su condena–, ha escrito una carta de su puño y letra en el centro penitenciario de Puerto I, en el Puerto de Santa María (Cádiz), en la que afirma que saldrá de la cárcel con la conciencia «superlimpia».

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En la misiva –remitido a su abogado, Antonio Alberca, y que fecha el 11 de marzo de 2014–, Zouhier asegura que «después de diez duros años entre ataques de unos y otros», sus primeras palabras «son de respeto hacia todas las víctimas, sobre todo a aquellas que quieren conocer la verdad». El preso –condenado por colaboración con organización terrorista y tráfico de explosivos– añade que se encuentra «sin ilusión alguna por recuperar mi libertad», pues confiaba «en recuperar antes mi inocencia», sobre todo en los dos últimos años.

Tras calificar su condena como «injusta», insiste en que no ha hecho «daño a nadie», y menos, subraya, «a un pueblo que me ha tratado bien». «Nunca fui vuestro enemigo», escribe.

«Os avisé»

«Mi único crimen ha sido alertar una y otra vez», dice. «Os avisé de la misma mina», añade, «de los mismos explosivos, de la misma cantidad (150 kg.) y os entregué una muestra de los mismos explosivos que mataron el 11-M». Durante el juicio, Zouhier insistió una y otra vez en que, en su condición de confidente de la Unidad Central Operativa (UCO), avisó a la Guardia Civil en febrero de 2003, un año antes de los atentados, de que Suárez Trashorras traficaba con explosivos y que estaba dispuesto a vender al mejor postor 150 kilogramos. Entonces también contó que, a instancias de los agentes, viajó a Asturias para conseguir una muestra de los explosivos, que el ex minero le entregó. «Estoy seguro de que ha sido muy difícil tener toda esa información y no evitar la mayor masacre de la historia», una «negligencia» que, se queja, «cambió mi vida».

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«Los mismos que me calificaban como A-1 (de máxima credibilidad) me quieren recibir ahora a las puertas de la prisión disfrazados de víctimas para pedirme explicaciones. ¿A mí?». Y es que sobre Zouhier pende un expediente de expulsión por el que probablemente sea entregado a Marruecos nada más salir de prisión el próximo domingo, aunque su abogado está dispuesto a recurrir esa decisión ante un juzgado de guardia para intentar paralizarla. «Pronto seré expulsado sin ser siquiera escuchado», se resigna.

«No me importa seguir siendo el saco de boxeo que os han puesto delante para que descarguéis vuestra ira», asegura. «Sé que es difícil creer a un moro», añade, pero «me voy con un hilo de esperanza en que algún día se sepa la verdadera verdad».

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Zouhier asistió en Madrid a una de las reuniones entre Jamal Ahmidan «El Chino», uno de los suicidas de Leganés, y Trashorras para cerrar la venta de los explosivos a cambio de hachís. Pero de esa reunión no informó a la UCO porque, dijo en el juicio, porque «allí no se habló de explosivos», sino de una deuda de drogas pendiente. Tampoco avisó a la Guardia Civil del detonador que le entregó la «trama asturiana» en 2003 y que luego le estalló en su casa mientras lo manipulaba.

«Me despido retando a quien sea y donde sea para demostrar que mi actuación y mi intención era evitar esa venta de explosivos», concluye su carta Zouhier.