Rubalcaba se abraza a Bárcenas

«No es creíble la teoría del tesorero infiel. La verdad de esta historia es como parece ser»

La Razón
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«No es creíble la teoría del tesorero infiel. La verdad de esta historia es como parece ser». Rubalcaba no buscó un discurso efectista, sino la disección de los hechos a la que acostumbra un fiscal para acusar.

Esther L. Palomera - Madrid

No buscó un discurso efectista, sino la disección de los hechos a la que acostumbra un fiscal para acusar. Desde que se conocieron los papeles de Bárcenas y, después, los sms entre el presidente del Gobierno y el ex tesorero del PP, el líder de la oposición había dado por buenas todas las denuncias y todas las informaciones y, claro, ayer no podía dejar el más mínimo resquicio a la duda. Y por eso, con una intervención claramente acusatoria y condenatoria, sólo hizo sitio para el discurso político en su turno de réplica. Se abrazó a los papeles del ex tesorero y de ahí sacó consecuencias; entre otras, que Rajoy es un problema para España y que debe dimitir. Nada que no hubiera dicho antes. ¿Y ahora qué? Pues la presión interna le obliga, como ayer reiteró, a mantener viva la moción de censura, pero es éste un instrumento que sabe que no podrá utilizar mientras el PSOE no decida quién será su próximo candidato. De momento, lo más que desvela es que no consentirá que el asunto Bárcenas se «metabolice», que es tanto como decir que de una u otra forma lo mantendrá vivo. Pero eso será el mañana, ayer acusó a Rajoy de «delitos contra la democracia que no prescriben» («amparar ilegalidades, beneficiarse de ellas, mentir, ningunear al Parlamento y estar sometido a hipotecas») y de tener con Bárcenas una relación entre socios «que le puede poner en apuros».

«¿Con qué autoridad viene a hablar de corrupción, a pedir a los españoles que no evadan impuestos o a pedir esfuerzos a los pensionistas?», se preguntó antes de pedir al jefe de Gobierno «un acto de generosidad para un país que no puede sufrir por tener al frente» a un presidente como él. Rubalcaba, que fue interrumpido varias veces por los aplausos de la bancada socialista, cree que la situación generada por la publicación de informaciones sobre una presunta contabilidad B en el PP, el cobro de sobresueldos y los mensajes de texto que intercambiaron Rajoy y Bárcenas hasta hace sólo unos meses «está teniendo consecuencias políticas muy graves» y ha degenerado en que «la sombra de Bárcenas es ya su propia sombra». Afeó a Rajoy que haya construido la teoría del «tesorero infiel» y defendió contra viento y marea que «la verdad de esta historia es la que parece ser». Y es que no le convencieron las explicaciones del presidente, por lo que le acusó de «jugar con la credibilidad de la Cámara» cuando existe una «crisis institucional» y una «desconfianza ciudadana en las instituciones como nunca ha habido antes». Ahí llegó su sentencia: «Usted no ha hecho sino agravar la crisis institucional. No se ha comportado como el presidente de un país en crisis, sino como el presidente de un partido que ha vivido y crecido aupado en un sistema de financiación ilegal durante más de 20 años. No le podemos creer. Se tiene que ir en un acto de generosidad con España». El resto, la disección y el relato de los acontecimientos judiciales y las informaciones periodísticas y un severo reproche a la defensa que hicieron los dirigentes del PP de su ex tesorero hasta enero, cuando se supo que tenía cuentas en Suiza. Entonces, cuando entró en prisión y confesó ser el autor material de la contabilidad B, «pasó a ser un delincuente». El ex tesorero «rompió un auténtico código de silencio de más de 20 años».