Un batasuno dirigirá el área de Paz y Convivencia del Gobierno vasco

Jonan Fernández fue concejal de la formación ilegalizada entre 1987 y 1991

Iñigo Urkullu (izda.), durante la rueda de prensa en la que anunció el nombramiento de Jonan Fernández (dcha.)
Iñigo Urkullu (izda.), durante la rueda de prensa en la que anunció el nombramiento de Jonan Fernández (dcha.)

El lendakari, Iñigo Urkullu, dejó ayer claro que busca un final negociado de ETA al poner al frente de la Secretaría de Paz y Convivencia –área que hasta ahora no existía como tal– a Jonan Fernández.

El lendakari, Iñigo Urkullu, dejó ayer claro que busca un final negociado de ETA al poner al frente de la Secretaría de Paz y Convivencia –área que hasta ahora no existía como tal– a Jonan Fernández, un adalid del diálogo con la banda terrorista, que fue concejal de HB. El jefe del Ejecutivo vasco metió a «todas las víctimas» en el mismo saco, eximiendo así a ETA de ser el único responsable de una actividad terrorista que ha dejado atrás centenares de muertos. Una particular forma, sin duda, de llevar a cabo la «revisión crítica del pasado» que defiende Urkullu.

Hay que apuntar que esta nueva estructura creada por el Gobierno vasco aglutinará la política de Memoria, Víctimas y promoción de Derechos Humanos y dependerá del lendakari. Junto a él estarán el citado Jonan Fernández, Mónica Hernando –miembro de Unesco Etxea–, como directora de Derechos Humanos, y Txema Urkijo, como coordinador y asesor de «todas las víctimas». Entre sus objetivos se encuentra el de poner en marcha un Instituto de la Memoria y de Derechos Humanos, lo que alejará a las víctimas de todo protagonismo.

La indignación de las víctimas y su rechazo por esta nueva ofensa fue unánime. «Ya podían haber creado esta área hace cincuenta años para decirle a ETA que no matara», replicaba Ángeles Pedraza, presidenta de la AVT, que recordaba cómo hace menos de una semana el Ejecutivo vasco designaba al abogado de etarras, Iñaki Goioaga como senador. Unas ofensas ante las que «nadie levanta la voz», matizaba Pedraza en clara alusión a los políticos.

«Es otra provocación y no será la última», apuntaba resignado Carlos Ruiz, exiliado del País Vasco por las amenazas de la banda. «Es una nueva estrategia para dar oxígeno al discurso de ETA», añadía. Y no es el único que piensa así. Desde Covite tienen claro que Urkullu busca «asentar los cimientos de una visión parcial e inmoral de lo ocurrido en el País Vasco en los últimos 30 años».