Un nuevo tiempo para la monarquía

Hace un año, con la abdicación de Juan Carlos I y la coronación de Felipe VI, el cambio generacional en la Corona, se convirtió en oportunidad para la renovación de la institución. Renovación acorde con el tiempo histórico que también a la monarquía española le toca vivir.

Una mirada a estos doce meses, sugiere que se están cumpliendo las expectativas suscitadas con el relevo en la Jefatura del Estado. El perfil público del Rey, también de la Reina, merece la aprobación mayoritaria de los ciudadanos, como se constata en los barómetros de opinión pública. Y de su agenda pública destaca la proximidad al ciudadano y el compromiso con su suerte, en momentos tan difíciles como los que estamos viviendo en nuestro país. Dos rasgos que, sin duda, refuerzan la legitimidad social de la institución.

Venimos de más de treinta años desde la recuperación de la democracia; también de un periodo de crecimiento y prosperidad como no había conocido la historia de España. Y la monarquía parlamentaria ha sabido ganarse un papel de actor protagonista en esta etapa en la que nos incorporamos como país a la modernidad política y económica. En los primeros años de nuestra transición, apostando de manera crucial por la democracia; después, contribuyendo a la estabilidad política y social e impulsando, desde la jefatura del Estado, la apertura y proyección internacional del país. Un balance de lealtad y dedicación que forma parte indisociable de la historia del siglo XX español.

No obstante, las múltiples crisis que han golpeado con fuerza en la realidad de nuestro país, también errores reconocidos por la propia monarquía en los últimos años, llevaron a la decisión de proceder a una renovación en la Jefatura del Estado. Y Felipe VI ha sabido responder con madurez a un primer año difícil en el que ha dibujado con nitidez los perfiles de la monarquía en este nuevo tiempo. Acierto en el ejercicio de sus funciones constitucionales y sintonía con las preocupaciones que embargan a la sociedad española. Nadie, ni siquiera quienes más alejados se encuentran de la institución monárquica, niegan esta inteligente gestión de su trabajo a lo largo del primer tramo de su reinado.

Nos queda por delante una intensa y profunda agenda de renovación de la vida pública española. Es conocido que la propuesta del Partido Socialista pasa por una reforma de nuestra Constitución que la haga, de nuevo, el punto de encuentro de la sociedad y las instituciones; una relegitimación de la aún joven democracia española que nos permita salir de la crisis política, social y territorial en las que vivimos instalados. No tengo la menor duda que esa reforma acabará por imponerse y de manera razonable formará parte de la agenda institucional de los reyes en los próximos años.

La monarquía ha dado ya un paso adelante para estar a la altura de las exigencias del momento presente y también de las que se pueden anticipar para el futuro. Es tiempo de que todas las instituciones de la democracia española afronten, con igual determinación, su propia renovación.