Viudas «coraje» con 600 euros

El hijo de un guardia civil relata cómo su madre, Josefa Bisbal, tuvo que sacarles adelante cuando falleció su padre con una modesta pensión. «Lo que soy se lo debo a ella»

Francisco, con la imagen de su madre, Josefa Bisbal –ya fallecida– viuda de un guardia civil
Francisco, con la imagen de su madre, Josefa Bisbal –ya fallecida– viuda de un guardia civil

El hijo de un guardia civil relata cómo su madre, Josefa Bisbal, tuvo que sacarles adelante cuando falleció su padre con una modesta pensión. «Lo que soy se lo debo a ella».

Francisco Albert estudió en el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, donde estudian los hijos y huérfanos de la Guardia Civil y a los que se les apoda cariñosamente como «polillas». Recuerda cómo su madre, Josefa Bisbal, tuvo que sacarles adelante a él y a su hermana con 600 euros de pensión de viudedad que le quedó tras el fallecimiento de su padre guardia civil. «Lo hizo con mucho esfuerzo y sacrificio y algunos ahorros que tenía mi padre». «Fueron momentos muy difíciles, mi madre lo vivió con suma preocupación, no trabajaba y tuvimos que apretarnos el cinturón, requería suprimir muchas cosas y mirar el precio de todo, como cualquier familia normal que se encuentra en una situación así», destaca. Reconoce que «todo lo que soy se lo debo a ella, a su esfuerzo, su valentía, su fortaleza, a su espíritu noble». Ayer, Francisco Albert se emocionaba recordándola mientras rebuscaba entre los archivos su fotografía.

Ramón Albert, su padre, tras más de dos décadas de servicio en la Guardia Civil, primero en Seguridad Ciudadana, luego en Fiscal, y finalmente como guarnicionero del Cuerpo, falleció a los 58 años y Josefa, su madre, se quedó con una pensión de viudedad reducida tras más de dos décadas de su marido al servicio del Instituto Armado. Los Albert proceden de una familia vinculada al escudo de Armas desde tiempos ancestrales, siendo uno de sus más destacados militares el que llegó a ser General Albert, muerto en combate en Filipinas tras el ataque del Puente Zapote 17 de febrero de 1879, donde este último pereció en acto de servicio por negarse a abandonar la antigua colonia española, recuerda Francisco.

Teniendo en cuenta el sueldo base, la pensión de viudedad de la mujer de un guardia se queda en un 50% menos de lo que cobraba su marido en activo o como retirado. Es decir, la viuda de guardia civil del escalafón de cabos y guardias, con un sueldo base de unos 1.500 euros, se quedaría con una pensión de viudedad de unos 700 euros. Sin embargo, la viuda de un Mosso d’Esquadra, al tener estos un salario mayor, percibiría de 1.300 a 1.500 euros. Además, a esta problemática hay que añadir que cada ascenso, especialidad y reorganización de un guardia civil lleva cambio de destino con lo que eso conlleva para la familia, y la realidad es que muchas de las mujeres tienen más dificultad para encontrar un empleo con respecto al que tenían en su lugar de origen.

«Los propios compañeros fueron los que más me ayudaron y el servicio de acción social» de la Guardia Civil, subraya Francisco. «Cuando se muere un guardia, su viuda pasa a un segundo plano, no queda ya tan unida al Cuerpo», subraya. Y es que desde la Asociación Militar de Guardias Civiles se insiste en que quieren mantener esos valores que antes sí existían de protección y amparo a las familias.

Hace años la Guardia Civil no contaba ni siquiera con seguridad social para la asistencia sanitaria como tal hasta que llegó la democracia y fue ya con Adolfo Suaréz de presidente del Gobierno cuando «por causalidad» se enteró de ello. Y es que otra de las problemáticas a la que se enfrentan las viudas de la Guardia Civil es que, al igual que los retirados, siguen pagando el 30% de los medicamentos como cuando sus maridos estaban en activo mientras que en la Seguridad Social no ocurre, destacan.

La madre de Francisco, Josefa, falleció dos años después de que su hijo fuese nombrado guardia civil profesional tras su salida de la academia de Guardias Jóvenes de Valdemoro. «Quise continuar con la tradición familiar. Tanto mi hermana como yo nos hemos criado en un cuartel. No conozco otra vida que la cuartelera». «Mi madre me dijo que sirviera con la misma lealtad y honradez que hizo mi padre», recuerda.

La última promesa que Francisco le hizo a su madre fue terminar los estudios de Grado de Medicina donde actualmente cursa tercero. Y es que Francisco, además de guardia civil también estudió Periodismo «con mucha constancia» gracias a la universidad CEU-Cardenal Herrera que le sufragó íntegramente la carrera tras el fallecimiento de su padre. «Comencé a estudiar periodismo porque siempre me había gustado el oficio de informar. Tras ganar el premio periodístico de radio de la Guardia Civil en 1997, el entonces director general del Cuerpo, Santiago López Valdivielso, convenció a mi padre para que me sufragase la carrera que entonces costaba un millón de pesetas anuales –no existía pública en Valencia–, pero falleció cuando estaba en tercero de carrera». Después ingresaría como guardia civil, y tras ello decidió estudiar también Enfermería tal vez buscando la manera de luchar contra la enfermedad que le quitó a sus padres.

Josefa falleció en 2011de un cáncer. Su amor al Cuerpo hizo que los compañeros de su hijo y de su marido la portaran a hombros por una comitiva uniformada de guardias civiles, militares y miembros del Cuerpo Nacional de Policía y fue despedida con el himno de la Guardia Civil. «Todo ello en reconocimiento y honor a una viuda y madre de guardia civil» a quienes los compañeros de su fallecido esposo y sobre todo de su hijo Francisco, quisieron darle un gran adiós, casi como un funeral de Estado.