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Los conflictos en pareja (y cómo convivir con ellos)

No pierda el tiempo en luchar contra su pareja, únase a ella.

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Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

30 de agosto de 2018. 06:20h

Comentada
Marta de la Torre. Psicóloga.  Madrid. 5/9/2018

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En el momento de escribir estas líneas (agosto de 2018), muchas parejas estarán haciendo balance de cómo han estado con sus parejas durante las vacaciones. Mientras unas habrán disfrutado del tiempo juntos, para otras puede haber sido un continuo de discusiones. Y es que es en verano, junto con las Navidades, cuando se comparte más tiempo en pareja y hay más probabilidades de tener un conflicto.

No hay relación en la que no aparezcan discrepancias. Es algo inevitable y hasta cierto punto normal, teniendo en cuenta las numerosas responsabilidades de una pareja: organizar los horarios y la vida doméstica, cuadrar los intereses y gustos de cada uno, gestionar la economía familiar, relacionarse con las amistades y la propia familia, conjugar las creencias sobre la educación de los hijos (si se tienen), las diferentes necesidades sexuales....

Es más, las exigencias sobre la convivencia son mayores que hace unos años, ya que los cambios sociales marcan que las parejas sean cada vez más equitativas y ambos colaboren en todas las tareas. Esto implica ingeniárselas para que, con menos tiempo, la pareja lleve a cabo frecuentes ajustes y acuerdos para cumplir con una convivencia satisfactoria. Cómo se gestione este diálogo y los sentimientos asociados, repercutirán sin duda en el éxito o fracaso de la relación.

Cómo surge el conflicto

Las diferencias en cómo se comporta cada uno, con frecuencia, terminan siendo una fuente de conflicto. Las preferencias de cada uno en cuanto a la distancia (lo que se considera necesario para uno, para el otro es agobiante), organización (algunos llevan una vida muy ordenada mientras que otros son más espontáneos) o control (se busca que el otro haga algo, al mismo tiempo que se opina sobre su manejo), es algo natural. Incluso, muchas veces, las parejas lo ven como algo atractivo al inicio de la relación. Sin embargo, suele suceder que tras algún evento negativo que afecta a la relación (algún gesto inadecuado, celos, infidelidad...), las diferencias se utilizan como armas arrojadizas. Puede que alguno de los dos miembros inicie una competencia emocional.

Uno de los factores más destructivos para la pareja es la utilización de chantajes, críticas dañinas, coacciones, amenazas, ataques y culpabilizaciones. En el fondo, todas revelan un intento de querer cambiar el comportamiento del otro o querer que el otro acceda a algo, por lo medios no adecuados. Si no se consigue el cambio, es cuando se extreman los ataques, generales e indiscriminados (“eres un egoísta”, “estás loca”...), y se culpabiliza al otro de los problemas comunes. Observen que al colocar el problema en la forma de ser de “él” o “ella”, es imposible tratar el problema como algo resoluble, modificable, donde se puedan acercar perspectivas y negociar una alternativa.

Además, es frecuente que si estos comportamientos no cambian, tiendan a agravarse. Muchas parejas ante un conflicto ejercen una presión inmensa en el otro hasta que ceden y consiguen lo que quieren, pero esta estrategia no funciona a largo plazo. Sabemos, hablando en términos de análisis de conducta, que uno se acaba habituando antes o después a esa presión, o que en ausencia de la pareja se seguirá haciendo. Estos patrones de interacción, no solo provocan un agobio muy alto, sino que aumenta la resistencia a solucionar el conflicto. La pareja acaba teniendo menos ganas de estar junta y tenderán a alejarse, física y emocionalmente. Por lo tanto, el problema no está en las divergencias, sino en las respuestas disfuncionales que se desarrollan después.

Cómo mejorar el entendimiento en los conflictos de pareja: las claves de la unión

Es responsabilidad de la pareja dar la importancia y el cuidado que merece a la comunicación y la búsqueda de acuerdo. Los beneficios de intentarlo son múltiples, ya que estar en pareja es una fuente muy importante (que no la única) de apoyo, compañía, intimidad y placer. De hecho, es conocido que las parejas estables gozan de mayores niveles de felicidad y bienestar personal, mejor salud física y mental (Argyle, 1987; Kposowa, 2000; Myers & Diener, 1995; Simó, Hernandez & Muñoz, Soler, en prensa). Pero también es fundamental para el bienestar personal y de pareja, la cercanía e intimidad y confianza, respeto y tolerancia (Myers y Diener, 1995; Vidal y Rivera, 2008).

Los conflictos en pareja (y cómo convivir con ellos)

Para potenciar el entendimiento y la búsqueda de acuerdos, recomiendo las siguientes actuaciones:

-Reflexionar y replantearse cómo se van a afrontar las responsabilidades y las diferencias en pareja. Convivir en los tiempos de hoy, no es una cuestión de fe ni de confianza, requiere un esfuerzo personal y tener el propósito firme de intentar entenderse. Si cada uno trata de imponer su criterio porque entiende que hay una competencia, sin hablar claro, negociar, ni plantear cambios, pueden que no se logre obtener lo que se desea con una pareja.

-Identificar previamente cuál es el problema que se quiere tratar y qué pedimos al otro. Se ha de ser lo más específico posible al pedir un cambio o ayuda en algo. Por ejemplo, en lugar de pedir a alguien que sea “más atento” (muy general) se puede formular “que cuando cenemos no estés mirando el móvil”).

-Buscar un contexto adecuado si se prevé un tema conflictivo. Si se ha discutido mucho en alguna zona de casa, por ejemplo, puede ser más fácil tratar los temas en un espacio neutro donde no se haya discutido.

-Dejarse un tiempo suficiente para hablar con calma. Si se tratan los asuntos importantes con prisa, es probable que no se llegue a un acuerdo eficaz.

-Tratar uno a uno los temas emocionalmente difíciles. Esto ayuda a que no se saquen otros temas pasados o sensibles que distraen del objetivo de la conversación y pueden generar otro conflicto.

-Permitir y ser capaces de expresar las dudas, quejas e inquietudes, sin que vaya seguido de un juicio o solución inmediata por la otra parte. Estas situaciones a veces se perciben como una amenaza, pero sentirse escuchado y apoyado es muy importante en pareja. Empatizar y ponerse en el lugar del otro, sin necesidad de simpatizar o estar de acuerdo, va a ayudar a conocer cómo se siente el otro ante las dificultades y ayuda a fortalecer la relación. Ahora bien, se debe respetar si hay algo que no se quiera compartir y no conviene excederse en una comunicación vacía.

-Aprender a mantener la tranquilidad y ayudar al otro también a tranquilizarse durante el curso de la conversación. Un estado de ira o nerviosismo hace que se pierda la objetividad de los asuntos, dificultando una comunicación calmada. Aprender a respirar, relajarse o darse autoinstrucciones de tranquilizacion ayudan a retomar una conversación productiva.

-Favorecer la aceptación en pareja de las diferencias. La aceptación en un sentido psicológico, no es resignarse, sino comprender los motivos de ese comportamiento que irrita atendiendo a su historia previa. En el caso de una pareja que desea acabar con el comportamiento controlador de uno de ellos, conviene entender que se está más cerca de cambiarlo si ambos comprenden lo que ha llevado a ello (por ejemplo, que haya sufrido una infidelidad pasada, inseguridad...) y lo que ocasiona en la pareja (una enorme molestia, falta de libertad de la otra parte...).

-Unirse a tu pareja para afrontar el problema. Adoptar una unión frente al problema y plantearlo como algo fuera de “el” o “ella”, impulsa la búsqueda de soluciones. Algunos temas, los planteo en terapia de pareja como si fuesen un problema laboral, la carga emocional se reduce y la dinámica cambia: en su lugar, se aportan ideas, que se aprovechan para tratarlos como éxitos de la pareja.

-Poner en práctica las habilidades de comunicación y asertividad, que ayuden a recibir y clarificar criticas o hacer peticiones. Las quejas, en mi opinión, esconden una necesidad. Por eso, es muy recomendable plantearlas expresando la importancia que tiene desde la perspectiva propia (“me veo sola”, “me duele que...”). A partir de ahí, se pueden sugerir cambios (específicos) que gustaría recibir del otro y destacar las consecuencias positivas para los dos, si se consiguen. Será más eficaz hacerlo de forma directa, sin evasivas ni esperando que el otro las adivine.

-Reír y disfrutar de experiencias agradables para los dos, genera un clima positivo tras los momentos delicados. El uso del humor y el intercambio de actividades placenteras juntos, se ha demostrado que previene y alivia el impacto de los conflictos, ya que aumenta el estado anímico de la pareja.

En definitiva, no hay duda que la convivencia y las diferentes situaciones por las que transcurre la vida en pareja, ponen a prueba las relaciones. Es necesario dejar claro que no es suficiente confiar en que saldrá bien o en que simplemente el “amor” lo resolverá, sino que las relaciones de hoy requieren un esfuerzo consciente e importante de diálogo, negociación y transmisión de los deseos de los dos. Ir hacia delante y no obviar los temas que surjan, va a permitir avanzar como pareja unidos, aunque no siempre sea un camino de rosas.

Marta de la Torre es psicóloga en El grupo Doctor Oliveros

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