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“Mientras calentar la silla sirva para que crean que trabajas, habrá quien la caliente y eso alimenta una cultura de la mediocridad”

La empresaria cree que “si alguien se tiene que quedar tiempo de más es porque o está haciendo algo mal... ¡o quiere llegar tarde a casa!”

Imma Turbau Fuertes es creadora de TransilvaniaLab, consultora de marketing y branding a través de transformación digital e innovación. Y de Container Contenidos, de comunicación y gestión cultural. Tiene dos hijos de 8 y 6 años.

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Imma Turbau Fuertes es creadora de TransilvaniaLab, consultora de marketing y branding a través de transformación digital e innovación. Y de Container Contenidos, de comunicación y gestión cultural. Tiene dos hijos de 8 y 6 años.

-¿Cómo es su día a día laboral y como madre?

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-No tengo dos días iguales, por suerte o por desgracia. De hecho, los horarios de mis hijos son la única rutina que mantengo férreamente porque no sólo creo que es esencial para ellos y su desarrollo, sino porque ellos dan forma a mis días.

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Llevo a los niños a la parada de la ruta poco después de las ocho de la mañana, ahora ya batimos récords y en poco más de media hora se visten, desayunamos y preparamos todo para el cole... Eso sí, los 300 metros hasta la parada del bus los hacemos siempre a velocidad supersónica para no perderlo, ¡a veces pienso que en lugar de llevar a los niños a la ruta los estoy entrenando en plan Centro de Alto Rendimiento! Mis niños los 300 metros lisos los hacen en muy poco tiempo. A recoger a veces llego, y a veces no. Y muchos días me toca salir a algún evento de fin de tarde.

-¿Cómo se organiza en el día a día para trabajar? ¿Necesita ayuda?

-Sí, sin duda. Vivo en Madrid y soy de Gerona, lo que significa que mi familia está ahí, y aunque mi madre viene a casa muy a menudo, no podría organizarme sola, y menos con los horarios que tengo, que obligan a muchos actos de tarde/noche. Sin la persona contratada para cuidar de los niños y la casa yo no podría trabajar fuera, sería imposible.

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-¿Cree que las pymes o autónomas son las grandes perjudicadas en cuestiones impositivas?

-Creo que las empresas son una cosa y las personas otra, con diferentes regímenes impositivos. Ser autónomo en este país sale muy poco a cuenta, pero con un mercado laboral como el que tenemos, su número va a crecer mucho aún. Lo injusto es que no se tengan las mismas coberturas sociales, sanitarias o de desempleo que los trabajadores por cuenta ajena. Aunque crees empleo y riqueza, estás muy desprotegido, y si te sale mal, la responsabilidad es enorme y las ayudas inexistentes. Además, somos muchas las que para trabajar fuera empleamos a otras mujeres, a las que confiamos lo que más queremos, y eso no tiene ningún tipo de desgravación, y creo que debería. Tanto los sueldos como las horas extra que se pagan por canguros y similares. Si estuvieran reguladas y tuvieran algún tipo de ayuda fiscal, creo que aflorarían muchas transacciones que ahora se hacen en B, y que por eso mismo son una irresponsabilidad. Tanto como contratar a alguien sin papeles. No puedo dejar de pensar que si ocurriera alguna desgracia, ni el trabajador ni los niños tendrían protección alguna.

-El hecho de ser madre, ¿le aporta mayor empuje que antes de serlo a la hora de trabajar?

-Sin duda, muchísimo más empuje, ganas... ¡y necesidad! Cuando no tienes hijos puedes ir por el mundo muy ligero de equipaje. Cuando entran hijos en la ecuación la cosa cambia radicalmente, te enraízan en todos los sentidos, las obligaciones son de verdad, probablemente las más serias que vas a tener, y de las que hay que hay que honrar sí o sí. Y ojo, no lo digo como queja. Para mí compensan con creces el esfuerzo material, el agotamiento y todo lo que conllevan.

-¿Cree que las mujeres que trabajan siguen teniendo doble carga con respecto a los hombres?

-Últimamente me ha interesado mucho el concepto de carga mental, es decir, que aunque las tareas de la casa se compartan, la “directora de orquesta” sigue siendo la mujer, que distribuye las obligaciones y marca las prioridades. Creo que en el caso de la mayoría es así, pero creo también que irá cambiando, de hecho lo estamos viendo cambiar delante de nuestros ojos. Yo no me puedo quejar, pero el tema de la doble carga no me interesa por mí, me interesa por las que nos siguen, por todas las mujeres. Si otras, muchas, no hubieran luchado y se hubieran sacrificado en el pasado, sin conocernos, ni usted podría hacer esta entrevista ni yo responderla... ¡ni el tema de esta serie sería posible!

Foto: Luis Gaspar

-¿Se ha sentido alguna vez discriminada por ser mujer? ¿Y por ser madre?

-Más cuando era joven, pero también era mucho menos consciente de ello. Tuve una carrera en multinacional de 10 años que me permitió crecer, aprender mucho, trabajar expatriada y acceder a puestos de responsabilidad muy joven, y debo decir que fue gracias a jefes que nunca vieron en el hecho de que fuera mujer un impedimento para nada... aunque en más de un comité de dirección fui la única mujer, y por debajo de los 30 años. Sí tuve empleados mayores que yo que se ponían flamencos, pero bueno, lo pude manejar siempre, con mayor o menor severidad cuando no había otra opción. Y luego tuve la fortuna de estar en un puesto de alta dirección en una institución pública en la que éramos paritarios en el comité, y eso fue un placer enorme. Me gusta trabajar con mujeres, y con hombres también. Y hago un esfuerzo por tener buenos equipos mixtos, diversos y motivados.

-¿Cree que la maternidad está poco protegida en España?

-Lo está un poco más en la empresa grande, en las pymes veo mucho más recelo a las mujeres en edad de reproducirse, por la protección al despido y la reducción de jornada, que pueden ser un duro peaje para una empresa pequeña, pero la verdad, las madres son las personas más motivadas del planeta. Nadie quiere tanto no perder un trabajo, veo a muchas con jornadas más cortas que hacen lo mismo que las compañeras a jornada completa, son unas cracks organizándose y tienen que tener una gran voluntad para que sus dos tareas, tan demandantes, les compensen...

-¿Qué le gustaría que se modificase?

-Yo ofrecería la misma protección a los padres: blindaje de puesto y reducción de jornada. Si nos acostumbráramos a pensar que es un derecho de todos, no se discriminaría y sería normal. Además, la reducción de jornada es un bien para el conjunto de la sociedad: los niños que pasan tiempo con sus padres, que se sienten acompañados, que son educados conscientemente serán en su mayoría adultos mucho mejor equipados para la vida y para el trabajo, y eso revertirá como un bien en la sociedad.

-¿Qué opina de la “conciliación”?

-Que es esencial. No sólo la conciliación familiar, sino la conciliación de la vida personal y la laboral. No creo que haya que castigar a los que no tienen hijos con una vida laboral más demandante, porque ahí es cuando surgen los agravios, los complejos y las fobias. Una persona que no tiene tiempo para ser más que un trabajador o alguien agotado, ¿qué vida lleva? Además, lo vemos en nuestra consultora cuando nos asomamos al futuro, analizamos el mercado de trabajo, las habilidades necesarias y la automatización y robotización, entre otras tendencias que ya no podemos obviar: las jornadas laborales tendrán que ser más cortas para que no haya talento desperdiciado. Aunque a día de hoy, con el sueldo medio de este país, suene a imposible... ¡pero hay que trabajar por conseguirlo!

-¿Disfrutó de su baja por maternidad o no le quedó más remedio que seguir trabajando?

-La primera vez a medias, y me arrepiento muchísimo. Creía lo de que si no estabas la vida te iba a pasar encima como una apisonadora y laboralmente ibas a ser un zombie. La segunda por fortuna la disfruté y hasta la alargué un poco. Me parece corta. Si quieres incorporarte al mercado de trabajo a ese niño hay que dejarlo, con suerte, con tu madre, que ya ha cuidado a los suyos, gracias, y por mucho que quiera a sus nietos, lo más seguro es que el cuero tampoco le dé para tanto. Y si no, guardería o cuidadora. Me parece un horror, y es un estrés tremendo para las madres y los bebés. En la guardería los primeros años enferman muy a menudo, ¿qué haces? ¿Pides permiso un día de cada tres al año para cuidar? No sé, la verdad, cómo nos seguimos reproduciendo.

-¿Se siente culpable por no pasar más tiempo con sus hijos?

-No. Les veo lo que puedo, y los veo felices. Cuando no estamos juntos están con personas de total confianza, a las que respeto y quiero y con las que tienen lazos de afecto. Son cariñosos, independientes y resilientes, y hago por que lo sean. Intento dar autoestima y cariño sin medida mientras les animo a que poco a poco, según puedan, no dependan sólo de mí para motivarse. Que la vida luego es dura, y no quiero que les pille por sorpresa, que se crean con derecho a nada y no estén preparados para afrontarla de modo consecuente.

-¿Cree que en muchas cosas nos han “mentido” a la hora de hablarnos de la liberalización de la mujer que compagina casa, maternidad y un trabajo?

-¡Es que eso no es liberación de la mujer! La liberación de la mujer, o emancipación, es la lucha por la igualdad de derechos sociales, laborales, políticos, legales, personales... Pero lo terrible es que a medida que se han ido conquistando, muchas veces, sólo ha sido un proceso de suma, y no de elección. Porque esa es una asignatura pendiente de la sociedad con las mujeres, a mi entender: facilitar las decisiones y, como sociedad, apoyarlas. Y para eso, si una decide quedarse en casa a cuidar hijos, debería tener apoyo no sólo social como económico, y si decide salir a ganarse el pan todo el día fuera, lo mismo, apoyo y ayuda para el bien de madre e hijo. Y sociedad en conjunto, insisto.

Comprar el pack completo sólo puede llevar a la insatisfacción en todos los ámbitos, ya que es imposible llegar bien a todos, el de superwoman es un papel que no me creo y sólo sirve para generar frustración y dolor. Y las perjudicadas no somos sólo nosotras, también los niños. Y la sociedad, de nuevo.

-¿Le gustaría que en España disfrutásemos de otros horarios más tipo nórdicos?

-Tipo nórdicos no creo, porque el mismo clima lo complica, pero sí racionalizar las horas de comer, que no tienen que ser dos o tres como en el comercio tradicional, y menos en oficina si no comes con clientes, y las jornadas deberían ser mucho más cortas. Mientras calentar la silla sirva para que crean que trabajas, habrá quien la caliente. Eso alimenta una cultura de la mediocridad. En TransilvaniaLab, si alguien se tiene que quedar tiempo de más, nos preocupamos: o le ayudamos porque no medimos bien su carga de trabajo, o algo está haciendo mal... ¡o quiere llegar tarde a casa! Pero la oficina se cierra para todos, y salvo excepciones muy muy contadas, no lo permitimos. Nos distraemos poco durante la jornada para volver a nuestras vidas cuanto antes.

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