María Teresa Campos angustiada por el coronavirus

“Sé que por mi edad estoy en el grupo de riesgo y me traumatiza. Por eso no me miro al espejo. La situación no puede ser más deprimente”, dice la presentadora

La periodista María Teresa Campos
La periodista María Teresa Campos

Ya vivimos angustiados, entristecidos y añorando el contacto personal... Y eso que solo estamos empezando. ¡Lo que nos queda! Para algunos nos resulta imprescindible el más que manoseo. Ayer me lo decía suspirando una amiga íntima, nada menos que Ana Parrilla, conocedora de buenas apariencias por ser gran experta en maquillajes y tratamientos cosméticos. “Me costará mucho adaptarme y mantener distancias porque soy muy besucona. Muy de tocar y besuquear”, decía resistiéndose y con un incontenible suspiro nostálgico. Es lo que se impone, lo obligado, lo preciso ante circunstancias tan asustadoras.

No nos reconocemos. Pero no perdamos la esperanzas, como tampoco lo hace María Teresa Campos, que ahora, en plena crisis, cambia de residencia: en vez de los más de 30 kilómetros que durante años la separaban del centro, se instala en las afueras urbanas cerca de su hija Terelu, donde no dejará de asistirla y protegerla ese más que chófer, en realidad, un amigo leal, fiel e incondicional desde hace años. Es Gustavo, el cálido y siempre entrañable Gusi para los amigos.

María Teresa Campos junto a sus hijas en uno de los programas emitidos desde su casa. Foto: Gtres
María Teresa Campos junto a sus hijas en uno de los programas emitidos desde su casa. Foto: Gtres

A Teresa le angustia la falta de relación, ella, tan abierta e inmediata siempre."Somos unos afortunados los que todavía mantenemos la salud. A Terelu le aterroriza que me pase algo, aunque incluso dentro de casa mantenemos la distancia de seguridad de dos metros. Mejor así, y nadie entra ni sale de la casa, ni me tiño ni me corto el pelo. Sé que por mi edad estoy en el grupo de riesgo y me traumatiza. Por eso no me miro al espejo. La situación no puede ser más deprimente. Tomamos precauciones porque no hay que fiarse. Al principio me fui con Carmen y luego me instalé con Terelu. Echo mucho de menos las partidas de cartas de los domingos por la tarde con mi pandilla de amigas, ay. Pero lo recuperaremos. Esto no durará siempre" Añado que con su filosofía y estoicismo galaicos mi madre siempre aseguraba que “no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista”.

Como cada hijo de vecino, intentará distanciarse pero, sigue siendo muy cariñosa, no deja de aliviarnos. Reconoce que deberá hacer un esfuerzo para no resultar tan próxima y entrañable en el futuro. Una prueba más que difícil de superar y que no sé si todos aprobaremos. Paciencia y a resistir, no nos queda más remedio de momento.